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Colombia: “Abelardo representa una nueva clase alta colombiana”

Publicado por:Rodrigo Andrada Savoretti

Colombia tiene nuevo presidente: proisraelí; proestadounidense y pro conflicto armado. Conversamos con Alejandro Gómez Durand, periodista colombiano independiente para comprender el actual escenario político.

Abelardo de la Espriella

Chau Petro. Hola de la Espriella. De un exguerrillero a un paramilitar frustrado. De un autodenominado defensor de la paz a un aficionado por las armas. De un presidente que cortó las relaciones con Israel a uno que ya prometió mudar la embajada colombiana a Jerusalén.

La nueva o renovada derecha colombiana ganó ante una cosecha de votos récord de la izquierda. Una derrota que no es tan derrota y una victoria que sí es victoria. Un país dividido en dos.

Conversamos con Alejandro Gómez Durand (@gomezdugand), ex director de La Liga Contra el Silencio @liganosilencio (alianza de medios que combate la censura en Colombia).

Alejandro Gómez Durand.

El mapa electoral: ¿casi intacto?

Para comprender el trasfondo de estos comicios, el periodista independiente colombiano Alejandro Gómez Durand advierte que suele existir una tendencia en los medios a otorgarle rápidamente una sensación de ineditismo a cada elección: más aún cuando quién gana es un presunto outsider.

Sin embargo, el analista señala que, si bien esta campaña tiene sus particularidades, al mismo tiempo refleja asuntos que ya son una “tendencia clara y constante en la historia reciente de Colombia”.

Gómez Durand explica que los apoyos al proyecto de Iván Cepeda y a la candidatura de Abelardo de la Espriella se traspolaron casi exactamente con la forma en que se votó hace cuatro años entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, e incluso con el plebiscito por la paz de 2016.

Cepeda.

Desde su perspectiva, el mapa del país sigue fracturado regionalmente con una parte del centro -con Bogotá a la cabeza- de rango progresista; el resto de la zona central volcado a proyectos conservadores; y las periferias, golpeadas históricamente por el conflicto armado, convertidas en el nuevo fortín electoral de la izquierda.

Resulta interesante este último dato: los centros urbanos que menos padecen en primera persona los rigores de la guerra civil -los enfrentamientos entre Ejército, paramilitares, guerrillas y narcotráfico- tienden a respaldar las propuestas de mano dura que históricamente han capitalizado políticamente el conflicto, un fenómeno que ya se vio reflejado en el auge del uribismo.

La izquierda sigue viva, pero golpeada

En la segunda vuelta, el caudal de Cepeda superó el techo de 11,2 millones de votos con los que Petro se coronó en 2022 (1,5 millones de votos más), en una jornada que además rompió récords con el 63,60% de participación ciudadana.

La lectura binaria de ‘éxito o fracaso’ es mucho más compleja en esta elección. Fueron casi trece millones de colombianos los que votaron por la izquierda, algo sin precedentes (…) lo demuestra que en un país que nunca había tenido un gobierno progresista, este sector logró avanzar de manera acelerada hasta consolidar dicha base”, expresa Durand.

Tras conocerse los resultados del conteo de la segunda vuelta, Iván Cepeda ofreció un discurso en Bogotá con un tono de abierta confrontación hacia el proyecto de su rival:

“Nuestra vida ha sido una incesante lucha, la hemos hecho sin pausa y en las peores circunstancias (…) Con todo el entusiasmo, con toda la serenidad, con todo el poder político que representamos, con toda la experiencia que tenemos curtida en afrontar dificultades, esta noche les digo con toda la convicción: la lucha continúa”.

¿Una nueva derecha colombiana?

El núcleo programático de Abelardo de la Espriella se concentró en una agenda que combina la reducción del Estado con una política de seguridad punitivista por excelencia. Nada alejado de las narrativas de las derechas americanas y europeas.

Sus promesas van desde un recorte masivo del empleo público para eliminar hasta una cuarta parte del aparato estatal hasta la habilitación del fracking.

En el plano judicial y de orden público, planteó la eliminación de los Acuerdos de Paz mediante el cierre de la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), la construcción de 10 mega cárceles inspiradas en el modelo salvadoreño y una fuerte retórica de persecución penal que contempla la cárcel y la extradición para figuras clave de la oposición y el gobierno saliente. En otras palabras: cárcel o bala, ¿les suena?

“Abelardo de la Espriella representa un collage político perfecto de tres visiones regionales. De Javier Milei adopta el discurso libertario de reducción estatal. De Nayib Bukele toma la retórica de seguridad basada en intervenciones militares, mega cárceles y promesas efectistas a costa del debido proceso. Finalmente, incorpora el componente trumpista y bolsonarista mediante una figura de corte machista”, advierte.

Además, el candidato derechista también explotó la narrativa del outsider, totalmente ajeno al Estado. “Ocultando su larga trayectoria en el cabildeo y el lobby privado”, agrega el periodista.

Simpatizantes de Abelardo de la Espriella. Foto: VANEXA ROMERO – AFP.

Para Gómez Durand hay una diferencia entre la derecha tradicional y la que representa en su escencia Abelardo.

Sin apellido de familia típica de la oligarquía colombiana con grandes haciendas y de relación permanente con el Estado colombiano, de la Espriella se hizo lugar en la agenda pública en el último tiempo, no sin el fomento de las grandes empresas periodísticas y una fuerte impronta en redes, claro.

“Abelardo de la Espriella representa otra clase social. La que se ha hecho rápido y a pulso. Eso en Colombia, probablemente más que en otros países, tiene especificidades porque apela a algo muy histórico en nuestra realidad: las estéticas narco y el ‘viaje del héroe’, del individuo solitario que, con su esfuerzo, inteligencia y sabiendo jugar dentro de lo legal y de lo ilegal, pudo llegar a ser millonario”, advierte el trabajador de prensa.

En ese sentido, el periodista concluye que la figura del virtual mandatario electo se define por toda esa llamativa estética de yates y champaña que evoca, de manera casi automática, la atmósfera y el imaginario visual de un video de reguetón.

Así como la llegada de Petro significó para una amplia porción de la ciudadanía verse representada en el poder, existe otro sector real -una clase media profundamente aspiracional- que proyecta en De la Espriella valores materialistas arraigados en una imagen aspiracional “mayamicense”.

La condensación de este fenómeno se confirma con un dato sintomático de época. El escaso 6% que obtuvo Paloma Valencia, la candidata del uribismo. Su derrota sepultó la chance más directa de regreso al poder de la clase política y social que acaparó el poder durante siglos de historia colombiana.

Esto no quiere decir que esta nueva derecha (representada en esta nueva clase social caracterizada por nuestro entrevistado) no tenga puentes ni unidad de intereses. Pero sí diferencias que, si comparamos la realidad de Colombia y Argentina, pueden verse reflejadas en nuestro país entre Macri y Milei. Un análisis simplista diría que representan a las mismas esferas de poder y a un mismo electorado. Pero sabemos que no es tan lineal el asunto. En Colombia probablemente suceda algo similar.

Años complejos se vienen en la tierra colombiana. Para seguir analizando.

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