Las épocas cambian y los avances tecnológicos van más rápido de lo que llegamos a elaborar. Se “liberó” el acceso a la inteligencia artificial, pero no se realizó ninguna preparación ni adecuación para recibirla. El miedo a que nos reemplace sólo parecía ligarse a lo laboral. Pero, ¿Qué sucede con lo afectivo?

Por Ayelén Perrotta, licenciada en Psicología
El futuro llegó hace rato
En una época me había enganchado con CatFish, un programa yankee que tiene muchos años en MTV y que se dedica a desenmascarar a personas que sostienen vínculos virtuales con otras personas, pero que engañan sobre su identidad, aspecto y demás datos relevantes de sus vidas.
Hay algo que no deja de llamarme la atención, cada vez que encuentro un nuevo capítulo del programa me quedo mirando, me resulta difícil entender cómo las personas en EEUU sostienen vínculos largos con alguien que no vieron nunca, con quien no hacen videollamadas, no se encuentran, no se abrazan, no se besan, no conocen el tacto de su piel, no conocen el tono de la voz, ni tampoco saben cómo se ríe, cómo gesticula cuando se enoja, si ese gesto es de mal humor o sueño… Digo de EEUU porque es el único país en el que el formato tuvo éxito, aunque se intentó en países de Latinoamérica.
Uno de los capítulos contaba la historia de una chica que había decidido tener una hija con otra chica con quien estaba de novia por chat. En el capítulo mostraban como ella estaba segura de que esa hija existía y que todo el proceso de gestación y embarazo había sucedido por que vio una ecografía que esa persona le envió, luego vio tres fotos de una bebe y pasaron años en los que ella se decía madre de un ser que no conocía, veía, hablaba ni tocaba. No es este un escrito sobre la maternidad, es más bien un ensayo sobre cómo creamos vínculos, con qué y en qué condiciones, bajo qué circunstancias, qué aceptamos, qué demandamos, qué sostenemos y qué dejamos pasar.
En realidad este es un escrito sobre chat gpt
Me pregunto qué diferencia existe entre esa historia, que sucedió hace aproximadamente diez años, y las cientos de historias que suceden hoy pero que del otro lado del chat, está la IA. Quizá hace falta aclarar que cuando hablo de relacionarnos, vincularnos, no solo hago referencia a lo que acontece con parejas, sino a las múltiples conexiones que formamos a lo largo de nuestros recorridos vitales.
Vuelvo a eso que me hace unir catfish con IA: vínculos que no requieren que haya otra persona ahí. Vínculos en donde con solo depositar lo propio, alcanza.
Esa relación de pareja y de maternidad que esa chica contaba, que al descubrir que todo era un engaño (la persona no era como en la única foto que había enviado, ni existía tal bebé y esa niña mostrada era una sobrina) todo había sido una mentira y la protagonista del capítulo sentía lastimados sus sentimientos, estaba enojada porque le hicieron creer que era madre, le parecía imperdonable. Reconocía haber desarrollado sentimientos profundos con alguien de quien solo tenía una foto y era su pareja estable de años.
Más allá de lo que nos haga pensar esta historia, mi curiosidad nada en la creencia de una persona que se vivenció madre y pareja por medio de un chat.
Hay algo que se asemeja a los vínculos de intimidad que se están creando con la IA. Ese vínculo de inmediatez y profundidad, en donde hay quienes despliegan aquello que no se animan a desplegar con otros: largas conversaciones personales y profundas con una inteligencia artificial que responde amablemente, complacientemente e incluso si les parece demasiado, pueden configurarla para que les trate un poco mal, sea displicente, siempre lista a modificar su tono de acuerdo a lo que se necesite, siempre disponible para responder, sin fin -o con el fin de la batería-, siempre ofreciendo una opción más, una repregunta un enganche para que se queden ahí.
Estar ahí, en ese no lugar, o lugar abstracto, que corre la mirada quizá de todo lo que materialmente si sucede a nuestro alrededor.
Qué extrañas vincularidades estas que existen, no por nuevas -lo que creo nuevo es casi siempre nuevo para mi- sino por la forma. Esta forma en la que pareciera ser que queremos solamente lidiar con nuestra singularidad, que nada nos afecte, que nada nos incomode, que nada nos impacte ni nos convoque a acomodar, reorganizar, revisar, repensar, rearmar.
Qué extrañas estas vincularidades que no circulan, que demandan que del otro lado haya una aceptación y ya, que nada vuelva, más que un resultado.
Hay en estas vincularidades una invitación a algo, algo a lo que estamos respondiendo demasiado bien, demasiado rápido, y no nos parece extraño.
No es azaroso el ejemplo del programa yankee que nombré al inicio, pareciera ser una propuesta de una forma de entender las sociedades que invita a dos cosas: aislamiento y foco en el resultado. Como si no fuera tan importante formar una relación como tener una relación. Y hay una diferencia entre formar y tener; en la formación hay participación activa de las partes, hay trabajo y dedicación para esa forma que se co-crea; en el tener hay pasividad, quietud y resultado, es un punto de llegada que no crea nada más que lo que ya se tiene.
Humanidad divino tesoro
¿Qué matriz de pensamiento existe detrás de quienes proponen que nos relacionemos desde la posesión? ¿Qué perspectiva de mundo, de conexión y de entramado tienen, quienes ofrecen como experiencia de vida las relaciones que suceden únicamente por chat? ¿Cómo se relaciona la acumulación con las respuestas inacabables de una inteligencia artificial? ¿Hasta dónde las relaciones son relaciones si no existe la alteridad, la figura, la forma y la afectación de otros/as?
Una de las principales características de ser humanos tiene que ver con que somos seres sociales. Otra es que también somos seres experienciales, seres que nos entramamos y nos afectamos con aquello que experimentamos. Seres sintientes.
Desde que nacemos nuestra piel comienza a crear ese puente de comunicación entre el adentro y el afuera y nos permite aprender a registrar, a sensar, a percibir, a sentir. La piel es uno de los órganos, el más grande, que nos ayuda a reconocer aquello que acontece entre seres. Eso que es difícil de explicar con palabras porque pertenece al registro del mundo corporal.
Pareciera que los mandatos de época nos están llamando a desoír y desprendernos de esta gran capacidad de afectación que nos pertenece por naturaleza. El mandato llama a que los/as otros/as no nos incomoden y si nos incomodan hay que quitarlos/as del medio. El mandato pide que solo sean atendidas nuestras búsquedas, nuestras necesidades. Cuando no lo logramos, sobreviene en muchos casos la lectura de que enfrentarnos a lo distinto, a lo complejo, a lo no igual, es peligroso.
Tarea Fina
Está siendo hora de problematizar profundamente eso que leemos como peligroso. Esa lectura de un peligro que muchas veces aparece allí donde sólo hay otro, otra, siendo diferente, siendo un desafío de vincularidad, siendo un misterio y muchas veces una incomodidad.
Las preguntas exigen cuestionar nuestros consumos digitales y aquello que nos dicen que llegó para facilitar la vida. ¿Qué tipo de vida es la que se facilita cuando no hay procesamiento de información y las tareas se resuelven sin involucramiento en ellas? Se torna urgente cuestionar el lugar a donde vamos a solicitar apoyo y contención emocional, los modos que exigimos a la hora de ser contenidos/as ¿Con qué experiencia emocional conecto cuando las respuestas de la IA no cuestionan mis perspectivas ni ponen en jaque mis contradicciones naturalmente humanas? ¿Cómo impacta esta experiencia, en la vivencia de tensión, dificultad y diferencia con una persona que me afecta con su humanidad?
Ya va siendo hora que debatamos y encontremos un lugar para la inteligencia artificial. Que la acomodemos en nuestra trama de vida, no que acomodemos nuestra trama de vida a ella. Quizá así, también estaremos trabajando para encontrar la forma en que el otro, la otra, pueda seguir siendo otro, diferente a mi, no siempre accesible, no siempre inmediato ni siempre amable.
*Y si, yo también he mandado mis textos para que me los revise chat gpt antes de darlos por terminados. Este texto respetando su espíritu cerrará sin ese visto bueno de la entidad a la que decidí no acomodarme mucho más. Así que acá va, con total experiencia de ser únicamente humana.”

