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Los juegos de los pueblos originarios

En todas las culturas ancestrales existen juegos que, en esencia, son muy similares a muchos de los que seguimos practicando en la actualidad. Existe una gran variedad de juegos de los pueblos originarios, los cuales llevaban a cabo una importante función social. Históricamente, el juego ha tenido un papel mucho más amplio que el del […]

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En todas las culturas ancestrales existen juegos que, en esencia, son muy similares a muchos de los que seguimos practicando en la actualidad. Existe una gran variedad de juegos de los pueblos originarios, los cuales llevaban a cabo una importante función social.

Históricamente, el juego ha tenido un papel mucho más amplio que el del entretenimiento. Los juegos, sean de carácter más deportivo, de estrategia o de azar, establecen formas de relacionarse entre las comunidades, funcionan como una manera de socialización.

Algunos de los juegos de los pueblos originarios son similares a los que hoy en día se pueden disfrutar en el formato virtual de los casinos online con la última tecnología, mientras que otros han evolucionado en deportes populares que incluso cuentan con representación olímpica.

Uno de los juegos de la cultura mapuche más popular es el palín o chueca, que es muy parecido al actual hockey. El palín se juega con bastones y una bola; el objetivo es llevar la bola hasta la cancha contraria para anotar un punto. Cuando uno de los equipos anotaba cuatro puntos, se paraba el juego, puesto que se consideraba un número sagrado que representaba el equilibrio cósmico.

Este tipo de juegos, que ahora asociamos con el deporte, tenían un alto componente simbólico y ritual. Las canchas de palín, por ejemplo, debían estar orientadas este-oeste; los jugadores se adornaban con pinturas, birretes y borlas de lana (recordemos que la artesanía textil es otro de los símbolos del pueblo mapuche), y se realizaban bailes y cánticos antes de los partidos. El palín es toda una institución mapuche, de hecho, en 2004, se declaró deporte nacional en Chile, donde reside la mayor parte de esta comunidad y donde recientemente una mujer mapuche hizo historia al ser nombrada presidenta de la convención constituyente del país.

Los juegos de pelota son comunes no solo en los pueblos originarios que ocuparon y ocupan parte del territorio argentino, sino también de las civilizaciones mesoamericanas. En concreto la modalidad que practicaban los olmecas se señala como antecedente directo del fútbol.

Otros juegos de los pueblos originarios también tienen importantes semblanzas con deportes de la actualidad. Los mapuches jugaban al linao, muy similar al rugby, cuya invención oficial se atribuye a William Webb Ellis, un estudiante del Rugby College a principios del siglo XVIII. También encontramos el pillmatún, una actividad tradicional que guarda muchas semejanzas con el dodgeball o balón prisionero.

Los guaicurúes, que ocupaban la zona del Gran Chaco, aprovechaban el maíz para elaborar pequeñas bolas con las que jugaban a volante -similar también al fútbol- y al mboto-mboto, un juego que consistía en golpear con la mano una pequeña bola -realizada con hojas de maíz y unas plumas- para intentar que no tocase el suelo.

Además de los juegos que implicaban una actividad física, en los pueblos originarios, igual que en muchas otras civilizaciones antiguas de todas partes del mundo, también cuentan con juegos basados en el azar y/o en la estrategia.

Los tehuelches de la Patagonia tienen un juego popular denominado allél-kuzen que, pese a que originariamente se jugaba con huesos de vaca, tiene una dinámica similar a la de los dados. Era común que en este juego se formasen equipos de hombres y mujeres, ellos contra ellas.

Otro juego tradicional es el juego de las habas, awar kuden, en el que se hacen apuestas, aunque habitualmente lo apostado eran prendas u objetos de poco valor.

Los mocovíes, que forman parte del conjunto de los guaicurúes y siguen habitando en zonas del Chaco, Santa Fé y Formosa, también un juego similar a los dados: el pintá. En este caso, los dados estaban hechos con guayaví, chañar o algarrobo blanco.

También jugaban al pokolé, en el que se enfrentaban dos personas. Cada uno tenía que adivinar en qué mano escondía su rival un trozo de carbón; si lo adivinaba, su oponente le tenía que dar uno de los cuatro palitos, denominados lalá, que guardaba entre los dedos de los pies. Ganaba quien se hacía con todos los palitos del rival.

Se daban también los juegos de tablero, en los que había que utilizar la estrategia. En Mesoamérica, fue muy popular entre varios de sus pueblos el juego del Patolli. Los mapuches de Chile tenían un juego de tablero similar al Adugo, de la tribu brasileña de los bororo, al que ellos llamaban Komikan. Estos eran juegos de caza, de los que existen muchas variantes; una de ellas, también de los pueblos mapuches, se conoce como “El perro y las leonas”.

Estos son apenas algunos de ejemplos de la gran variedad de juegos, deportes o entretenimientos que forman parte de la cultura de los pueblos originarios y que es importante preservar.

Cristian Dominguez

Redactor y co-productor de contenidos para el sitio web y las demás plataformas de El Resaltador.
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