El trabajo en Argentina está marcado por la desigualdad de género: brecha salarial, techo de cristal y feminización de la pobreza son algunos de sus signos.

La Reforma Laboral se hizo ley y dejó fuera discusiones vitales respecto a la organización del trabajo: una de ellas es la desigualdad de género que se expresa en el ámbito laboral y económico en Argentina.
Nadie esperaba que La Libertad Avanza (LLA), partido que ideó la nueva normativa, incluyera esta discusión. Sus militantes, funcionarios y hasta el propio Presidente Javier Milei se dedicaron a señalar a los feminismos y diversidades como enemigos de su proyecto político, desprestigiando, desinformando, insultando y desfinanciando políticas que brindaban herramientas para igualar oportunidades y asistir a mujeres en situación de violencia.
Es por ello que no sorprende que la Reforma Laboral libertaria haga nula mención a esta deuda pendiente: las oportunidades laborales, la remuneración, los rubros de inserción y el trabajo de sostenimiento y reproducción de la vida están signadas por la desigualdad de género entre hombres y mujeres, más allá de que la legislación reconozca igualdad de derechos.
De cara a una nueva marcha por el 8M, ¿cuál es la situación de las mujeres trabajadoras?
Ayer domingo se conmemoró una vez más el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en honor a las luchas históricas de las mujeres por nuestros derechos laborales y sociales.
En Argentina esos derechos están reconocidos por la Constitución Nacional, la Ley de Contrato de Trabajo y convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Sin embargo, el desafío es que ese marco legal se practique realmente. Según datos del INDEC, las mujeres perciben en promedio un 29,1% menos por su trabajo que los varones, y el porcentaje es mayor en sectores informales.
La brecha salarial tiene que ver con factores estructurales de desigualdad: las mujeres hacen en promedio unas 6 horas de trabajo doméstico (además de su carga horaria laboral por fuera del hogar), mientras que los varones unas 2,8 horas; y la brecha salarial mencionada se mantiene a pesar de que hay un 31% de mujeres con títulos superiores versus un 19% de hombres y mayor cantidad de mujeres en sectores clave como salud y educación.
En relación a lo anterior, la Reforma Laboral no reconoce otro aspecto elemental de la expresión de la desigualdad de género en el mundo laboral: las licencias por maternidad y paternidad, y las dificultades concretas que afrontan las trabajadoras que maternan: la sobrecarga física y mental y la baja remuneración a menudo impactan en trayectorias laborales y carreras profesionales truncas o estancadas.
¿Qué aspectos de la Reforma no solo no alivian sino que empeoran la desigualdad?
El banco de horas permite extender jornadas hasta 12 horas diarias, y que las horas por fuera de las habituales no se paguen extra: se suman a un banco que acumula tiempo libre posterior. Todo el esquema es a acordar con el empleador, pero estas negociaciones nunca son en términos de igualdad cuando a menudo el rechazo pone en juego el puesto de trabajo.
La mayoría de las mujeres trabajan dentro y fuera del hogar, encargándose desproporcionadamente del trabajo doméstico. En este sentido, cabe preguntarse qué sucede con la ampliación de jornadas y el grado de extenuación e imprevisibilidad que añaden a la organización de la vida cotidiana.
Según datos del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), cerca de 1,8 millones de mujeres de entre 25 y 59 años están fuera del mercado laboral porque no logran compatibilizar empleo y responsabilidades de cuidado. ¿Qué les propone a ellas la Reforma Laboral?
El trabajo doméstico es condición esencial del sostenimiento de la vida y de la economía: es de hecho lo que permite que exista el trabajo por fuera del hogar. Su falta de reconocimiento y remuneración se traduce en que ese costo sea absorbido por, fundamentalmente, las mujeres que lo realizan en silencio. Ni por el Estado, ni por las empresas.
La abogada litigante Constanza Mariasch resume en el medio Hoy Día la forma en que la desigualdad de género se retroalimenta: “Las mujeres cargan de manera desproporcionada con las tareas de cuidado. Eso genera interrupciones en sus carreras, menos oportunidades de capacitación y crecimiento y, como consecuencia, menor acceso a cargos jerárquicos y mayor precarización”.
En relación a lo anterior, la Reforma Laboral desconoce la desigualdad de género en las licencias por paternidad, que absurdamente se sostienen desde hace décadas en solo 2 días. Este tiempo parte de la idea de que el cuidado de un bebé sigue siendo responsabilidad exclusiva de las madres.
Además de introducir regresiones en derechos adquiridos para los trabajadores en general, la Reforma afecta diferencialmente a las mujeres trabajadores; concebida sin perspectiva de género alguna, perpetúa y profundiza las estructuras de sobreexplotación por demás arcaicas que es urgente replantear.

