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La memoria le gana la eterna disputa al cementerio del olvido

Publicado por:Agustina Bortolon

El 22 de agosto de 1972 la Armada fusiló a dieciséis presos políticos. Más de medio siglo después, la Masacre de Trelew continúa interpelando a la democracia argentina.

En la madrugada del 22 de agosto de 1972, 16 presos políticos fueron fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar, en Trelew, provincia de Chubut. Solo tres sobrevivieron.

El hecho, conocido como la Masacre de Trelew, se convirtió en uno de los episodios más brutales y paradigmáticos de la represión estatal previa a la última dictadura cívico-militar en Argentina.

Contexto histórico

En 1972, en medio de la dictadura militar iniciada en 1966, la Argentina vivía un período de agitada movilización popular. Luego del Cordobazo en 1969, nuestro país atravesaba un creciente auge de organizaciones revolucionarias.

Los 25 presos políticos que esquematizaron la fuga del 15 de agosto de 1972 estaban alojados en el Penal de Rawson (Chubut), porque el gobierno militar los consideraba de «alta peligrosidad». Al trasladarlos a la Patagonia, buscaban aislarlos de sus organizaciones y de las movilizaciones sociales.

En aquel entonces, dicho penal era una cárcel de máxima seguridad. Allí estaban detenidos dirigentes y militantes de diferentes organizaciones revolucionarias. Entre ellos, Mario Roberto Santucho (ERP) y otros cuadros políticos como Domingo Menna y Enrique Gorriarán Merlo.

También Fernando Vaca Narvaja de Montoneros, y Marcos Osatinsky y Roberto Quieto, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Al tratarse de cuadros estratégicos, la dictadura decidió trasladarlos a Rawson para cortar la comunicación con sus respectivas organizaciones y así cercenar la organización del movimiento revolucionario.

La prisión funcionaba como un dispositivo de «neutralización política», pero, al mismo tiempo, concentró a buena parte de la conducción militante del país. Esto incentivó la coordinación de una fuga masiva y transformó a estos militantes en símbolos colectivos de la resistencia contra el régimen.

La fuga

En este marco, 25 militantes de distintas organizaciones planearon la fuga del penal. El 15 de agosto de 1972, seis lograron escapar exitosamente en un avión secuestrado rumbo a Chile: Mario Roberto Santucho (ERP), Domingo Menna, Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), Roberto Quieto, Marcos Osatinsky y Enrique Gorriarán Merlo.

El resto de los fugados no pudo abordar el avión, y, tras negociar con un juez federal y abogados, aceptaron rendirse bajo la promesa de garantías de seguridad. Pero no fueron llevados a Rawson, sino a la base aeronaval de Trelew, dependiente de la Armada.

El fusilamiento

Una semana más tarde, en la madrugada del 22 de agosto, marinos al mando del capitán Luis Emilio Sosa, junto con los oficiales Emilio Del Real, Carlos Marandino y Roberto Bravo, sacaron a los detenidos de sus celdas y los ametrallaron en un pasillo.

Los fusilados fueron: Alejandro Ulla (PRT-ERP), Alfredo Kohan (FAR), Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP), Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP), Carlos Astudillo (FAR), Clarisa Lea Place (PRT-ERP), Eduardo Capello (PRT-ERP), Humberto Suárez (PRT-ERP), Humberto Toschi (PRT-ERP), José Ricardo Mena (PRT-ERP), María Angélica Sabelli (FAR), Mariano Pujadas (Montoneros), Mario Emilio Delfino (PRT-ERP), Miguel Ángel Polti (PRT-ERP), Rubén Pedro Bonnet (PRT-ERP) y Susana Lesgart (Montoneros).

La Armada difundió la versión de que los prisioneros intentaron escapar. Sin embargo, los testimonios de los sobrevivientes María Antonia Berger, Alberto M. Camps y René Haidar, publicados en La Patria Fusilada, desmintieron esa narrativa.

Los tres militantes fueron secuestrados nuevamente durante la dictadura de 1976. Berger fue asesinada y su cuerpo se exhibió como trofeo en la ESMA, para ser desaparecido posteriormente. Haidar desaparecido y Camps fue baleado en el interior de su vivienda por las Fuerzas de Seguridad.

La Masacre de Trelew marcó un punto de no retorno en la historia argentina: un crimen de Estado planificado que expuso hasta dónde estaba dispuesto a llegar el poder militar para sofocar toda disidencia política.

Recién en 2012 los responsables de los fusilamientos fueron condenados a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, considerando la masacre como un delito de lesa humanidad.

A más de cinco décadas de los hechos, Trelew se transformó en un símbolo de resistencia y en un llamado permanente a defender la memoria, la verdad y la justicia.

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