A medio siglo del golpe cívico-militar que instauró la última dictadura en Argentina, los organismos de derechos humanos vuelven a poner en el centro la importancia de la memoria colectiva frente a un escenario marcado por recortes en políticas públicas y discursos que relativizan el terrorismo de Estado. En ese marco, Belén Altamiranda Taranto, referente de la filial Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo y nieta recuperada, reflexiona sobre el significado de este aniversario y los desafíos actuales para sostener las políticas de memoria, verdad y justicia.

De cara al próximo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recuerda el inicio de la dictadura tras el Golpe de Estado en Argentina de 1976, Altamiranda Taranto remarca que la memoria sigue siendo una tarea urgente y colectiva.
Memoria activa frente al negacionismo
Para la titular de Abuelas Córdoba, el aniversario número 50 del golpe tiene una fuerte carga simbólica y política. “Se cumplen 50 años del golpe cívico-militar, 50 años de la dictadura más cruel de nuestro país”, señala. Y advierte que el contexto actual, atravesado por discursos que niegan o justifican el terrorismo de Estado, refuerza la necesidad de sostener el trabajo de memoria.
En ese sentido, subraya que tanto desde la organización como desde su propia historia personal como nieta restituida —nacida en cautiverio y con sus padres desaparecidos— la respuesta sigue siendo la misma: insistir en la memoria. “Lo haremos siempre de una manera activa, colectiva y participativa”, afirma.
Altamiranda Taranto destaca que esa forma de lucha fue el legado de las Abuelas, quienes frente al silencio y el ocultamiento desplegaron estrategias para conocer la verdad sobre lo ocurrido con sus hijos y con los nietos nacidos durante el cautiverio. Recordar, sostiene, también implica recuperar las historias de vida de una generación que luchaba por ampliar derechos y construir una sociedad más justa.

“La memoria tiene una doble dimensión: actúa como reparación para las víctimas y sus familias, evitando el olvido que se traduce en impunidad, y al mismo tiempo funciona como garantía de no repetición”, explica.
Nuevos desafíos para la memoria colectiva
La dirigente reconoce que la construcción de memoria siempre enfrenta nuevos desafíos, y que en la actualidad algunos debates que parecían saldados vuelven a ponerse en discusión. Por eso, insiste en la importancia de seguir hablando de memoria y, particularmente en el caso de Abuelas, del derecho a la identidad y de la búsqueda de los nietos y nietas apropiados durante la dictadura.
Según señala, gran parte de la sociedad continúa acompañando esa lucha. “Se siente el amor, el acompañamiento y el reconocimiento. Abuelas y el pañuelo son símbolos de dignidad, lucha y compromiso en nuestro país y en el mundo”, afirma.

Sin embargo, advierte que uno de los principales retos es llegar a ciertos sectores de las nuevas generaciones que se ven atravesados por discursos de odio o negacionistas. “Tenemos que buscar nuevas estrategias para que nuestra lucha llegue a ellos”, plantea.
Al mismo tiempo, destaca el compromiso de muchos jóvenes que sí se interesan por conocer lo ocurrido durante la dictadura y participan activamente en la difusión de la memoria. “Se emocionan con las historias de cada Abuela y con cada restitución, ayudan, apoyan, se organizan y divulgan nuestra historia”, resalta.
El impacto de los recortes en políticas de memoria
Altamiranda Taranto también alerta sobre el impacto de las decisiones recientes del Gobierno nacional en las políticas vinculadas a derechos humanos. Según describe, en el último tiempo se registraron retrocesos que afectan distintas áreas clave.
Entre ellos menciona el retiro de capacidades estatales para impulsar los juicios por crímenes de lesa humanidad, el abandono de la querella estatal, la reducción de estructuras de apoyo y las dificultades para acceder a archivos con información sobre violaciones a los derechos humanos. A esto se suman el desfinanciamiento de los sitios de memoria, despidos, censura de actividades y estigmatización hacia los organismos.
La dirigente también señala que incluso figuras históricas del movimiento de derechos humanos, como Estela de Carlotto, han sido blanco de ataques y cuestionamientos públicos, en un contexto donde además se relativiza el número de desaparecidos o se banaliza la figura de terrorismo.
La búsqueda de los nietos continúa
El desfinanciamiento de las políticas públicas también impacta directamente en el trabajo cotidiano de Abuelas. Altamiranda Taranto advierte que la institución atraviesa una situación preocupante desde el cambio de gobierno.
A pesar de ello, la búsqueda continúa. “Son casi 300 personas, hoy adultas, que viven sin saber la verdad, con una identidad falsa y sin saber que su familia y un pueblo comprometido los está esperando”, señala.

La organización sostiene una estructura amplia que incluye equipos técnicos dedicados a tareas de difusión, educación, genética, acompañamiento psicológico y trabajo judicial. Además, recibe información sobre posibles hijos de desaparecidos y atiende a quienes dudan de su origen.
En ese marco, advierte que el debilitamiento de organismos clave puede afectar seriamente las investigaciones. Entre ellos menciona a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y al Banco Nacional de Datos Genéticos, cuya reducción presupuestaria podría limitar tanto la toma como la preservación de muestras genéticas necesarias para identificar a los nietos apropiados.
Consecuencias en Córdoba
En la provincia de Córdoba, la filial local de Abuelas también siente las consecuencias del contexto nacional. Sin embargo, Altamiranda Taranto destaca que el trabajo se sostiene gracias al apoyo del gobierno provincial y del municipio.
Ese acompañamiento permite mantener abierta la sede y continuar con tareas fundamentales como las charlas, capacitaciones, talleres y campañas de difusión que buscan acercar información a personas que puedan tener dudas sobre su identidad.
La memoria como construcción colectiva
Frente a la circulación de discursos negacionistas, la dirigente insiste en que el desafío no es únicamente generacional, sino social. Para enfrentar esos discursos, propone volver a fortalecer los lazos colectivos.
“Tenemos que volver a juntarnos, organizarnos, ser más solidarios y empáticos. La historia ha demostrado que la lucha colectiva es la que logra lo que nos proponemos”, sostiene.
La esperanza puesta en la identidad
A pesar de las dificultades, Altamiranda Taranto asegura que la esperanza sigue intacta. Esa convicción, explica, se sostiene en el compromiso de quienes integran la institución y en el legado de las Abuelas.

“La identidad es un derecho, al igual que el derecho de las familias a conocer la verdad sobre lo ocurrido”, afirma.
Las Abuelas —recuerda— no solo buscan a sus nietos, sino también a sus bisnietos. “Somos el resguardo de esta búsqueda, en calidad de víctimas de este delito y del compromiso asumido para que otros puedan vivir en libertad”, concluye.
Y agrega: “Ellas nos enseñaron a sembrar la igualdad entre los argentinos y lo seguiremos haciendo”.

