La inesperada oportunidad argentina de potenciar el reclamo por Malvinas

A 39 años del inicio del fuego, la dinámica geopolítica de estos últimos años llevó a que la cuestión Malvinas tome un inesperado giro en las relaciones internacionales y en el reclamo histórico llevado adelante por Argentina.

La inesperada oportunidad argentina de potenciar el reclamo por Malvinas

Por Matías Mowzset

Sin quererlo, nuestro país se encontró con una oportunidad inmejorable para intensificar su reclamo por las islas aprovechando una coyuntura internacional que trastocó toda la situación de status quo vivida en las últimas décadas.

El 1 de enero se concretó la salida del Reino Unido de la Unión Europea efectivizando el famoso “Brexit” votado afirmativamente en el referéndum de 2016. Y si bien las negociaciones llevan más de 4 años, el proceso se encontraba retrasado por indefinición del marco de relaciones que iban a sostener entre el Reino Unido y el bloque continental a partir de la separación.

Aquí es donde entra la estrategia argentina que, silenciosamente, se anotó un importante logro de cara a un posicionamiento conveniente para rediscutir la soberanía de las islas. Durante la gira europea que hizo Alberto Fernández antes de la pandemia, le pidió a los mandatarios que visitó, que no incluyeran en los tratados de libre comercio y baja de aranceles que la Unión Europea iba a firmar con el Reino Unido, a los “territorios británicos de ultramar”.

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La Unión Europea, fogoneada por algunos de sus miembros más poderosos como Alemania, que sostiene una profunda rivalidad entre Ángela Merkel y el primer ministro Boris Johnson. Y España, que también reclama un territorio ocupado por el Reino Unido en condiciones similares a Malvinas como es el Gibraltar, cumplió con ese pedido y firmó el nuevo acuerdo con la potencia británica, excluyendo a sus territorios de ultramar, entre los cuales se encuentran las Islas Malvinas.

En los hechos, esto significaba que la Unión Europea ya no quedaba atada al reconocimiento tácito de las Islas Malvinas como parte del territorio británico, algo que hizo que a Argentina le costara conseguir aliados en su reclamo soberano.

La base de apoyo de la posición argentina se sostuvo, principalmente, en el gran logro de haber generado un respaldo consensuado de la región latinoamericana, con expresiones poderosas ante los organismos multilaterales. Sin embargo, la propia constitución legal de la Unión Europea hacía imposible que un país de miembro pueda apoyar ese reclamo sin violar principios y reconocimientos firmados institucionalmente.

Las señales dadas por algunos países tras el acuerdo fueron inequívocas en cuanto a mostrar una apertura que antes no había, a discutir sobre la soberanía en territorios colonizados, que antes se reconocían como parte indisoluble de las potencias en cuestión.

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El gesto más significativo lo dio Alemania el 22 de Enero, apenas tres semanas después de que entrara en vigencia el brexit, cuando debió aterrizar en las Islas Malvinas un avión de Lufthansa, perteneciente a la aerolínea rescatada por el gobierno de Merkel que ahora funciona bajo dirección estatal. Por este vuelo, en lugar de pedirle autorización al gobierno del Reino Unido, se le pidió esa autorización al gobierno argentino.

Ese acto, meramente protocolar, dio lugar a una situación de profunda preocupación para la administración de Boris Johnson ya que podría ser imitada por otros países europeos. El antecedente es importante y significa un guiño a la política de relaciones internacionales de Argentina, con el mensaje subliminal de la invitación a conversar la cuestión Malvinas con ese bloque regional, ahora, sin las ataduras institucionales de los acuerdos miltilaterales.

La importancia de la economía

Al quedar afuera del acuerdo, las Islas Malvinas no gozarán de los beneficios comerciales que les ofrecía la Unión Europea. Tendrán que pagar derechos aduaneros que llegan hasta el 18% por cada exportación que realicen a territorio europeo, principal destino comercial de su esencial actividad económica: la pesca.  

La pesca representa el 60% de los ingresos de las islas y casi el 100% se exporta a un solo lugar: Europa. El sólo hecho de aplicar un arancel sobre esas exportaciones ha generado en las islas una importante caída de la recaudación y, derivado de ello, un problema económico que el Reino Unido intenta ocultar.

Boris Johnson tiene sus complicaciones a la hora de salvaguardar la economía de las islas, ya que existe una visión cada vez más difundida en Inglaterra de pensar a los territorios de ultramar como un “lastre” que genera gastos innecesarios. Esta postura cobra fuerza en momentos de crisis económicas como la que el país está viviendo hoy a causa de la pandemia y, también, a causa del brexit.

A pesar de las diferencias ideológicas y programáticas que existen, Argentina logró un abroquelamiento del bloque sudamericano con respeto a los compromisos asumidos en la posición de defensa del reclamo soberano. Lo que imposibilita que las islas puedan buscar nuevos mercados en la región sin cumplir con la condición de rediscutir la soberanía territorial, como pide nuestro país.

¿Cómo ha hecho Boris Johnson para maniobrar esa encerrona?

Boris Johnson – Primer ministro del Reino Unido

Ha intentado reemplazar la falta de respuestas en materia económica por poderosas señales políticas: en Enero, envió una carta a los habitantes de las islas explicándoles lo sucedido en el acuerdo con el bloque europeo y asegurándoles que no los iba a abandonar.

En Marzo, ante el creciente descontento de los isleños, emitió una declaración amenazando a Argentina con defender militarmente las islas si nuestro país accionaba para recuperarlas.

No había existido ninguna provocación argentina por fuera de los habituales reclamos ante los organismos internacionales. Quizás la diferencia consiste en el asidero que esos reclamos tienen en el nuevo contexto internacional, con una Argentina que se abre al mundo y un Reino Unido que se cierra.

Con más “tribuneos” que acciones concretas, el premier británico intenta calmar las aguas de las múltiples grietas que el brexit le ha causado en su política económica y en su política exterior.

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Boris Johnson sabe que Malvinas sigue siendo el logro por el que es reconocida Margaret Thatcher y que es una política sobre la que no se puede retroceder sin pagar un alto costo político. En aquel 1982, el triunfo de la guerra le devolvió al Reino Unido la autoestima perdida durante esos últimos años desde el fracaso del Sinaí. Buena parte del mito “Thatcher” se construyó a partir de esa victoria y dejó una vara que, aún con las dudas que genera desde lo económico, da a las islas un significado simbólico muy importante.

No hace falta decir que ese significado es infinitamente más contundente en Argentina, en donde la silueta de las islas es bandera y está presente en actos políticos, canchas de fútbol y en toda expresión popular nacional de nuestro país.

Argentina depositó buena parte de la significación de argentinidad en esas islas y depositó sus dolores en el resultado de aquella guerra. La construcción de la épica nacional (o nacionalista) tiene a las Malvinas como eje discursivo central y al sueño de su recuperación soberana como una vía para la realización como país.

En un nuevo 2 de Abril, con las expresiones intensificadas de los líderes políticos argentinos recordando a los combatientes fallecidos y homenajeando a los veteranos sobrevivientes, el mensaje amplificado hacia el exterior empieza a presionar por la constitución de una nueva mesa de negociación bilateral, que es el objeto de todos los reclamos argentinos de los últimos años.

Más allá de las consignas y los “envalentonamientos”, los logros en materia de avanzar en el sueño de recuperar la soberanía de las Islas Malvinas llegarán si en forma paciente, inteligente y, sobre todo, estable a través de los años, Argentina mueve las fichas de ajedrez para profundizar las contradicciones y complicaciones del imperio inglés, desatadas en un momento singular y con perspectiva de persistir a lo largo del tiempo.

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