“La guerra fue un absurdo” y el arte como sanación

Entrevistamos a Pepe Angonoa, conocido dibujante, ilustrador y artista cordobés al que le tocó ir con 18 años a la guerra de Malvinas. Charlamos un poco sobre el manejo mediático que pudo ver del conflicto bélico, la etapa posterior a Malvinas, su carrera de artista y algunas anécdotas que hacen comprender que no existe lógica, ni razón en una guerra.

Algunas veces, uno como periodista tiene una idea en mente y busca alguien para entrevistar que cumpla sus expectativas. Para esta nota en particular, habíamos pensado mostrar lo que fue la guerra de Malvinas y la “cobertura” y el manejo de la información que hicieron los medios.

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Con este objetivo en mente, buscamos las tapas de algunos diarios de la guerra (que van a poder ver) y nos contactamos con José “Pepe” Angonoa, un ilustrador, dibujante y reconocido artista cordobés. Estudió en la Escuela de Artes Aplicadas Spilimbergo en 1988, y publicó piezas gráficas, en especial, historietas, en distintos medios (revista Hortensia, Eroticon, Humor Registrado, Sex Humor, Billiken, Caras y Caretas, y muchos más). Detalle no menor, también fue uno de los pibes que con 18 años fue a la guerra de Malvinas.

“Te cuento una cosa, a mi me incorporaron apenas se armó la guerra. Yo estaba e Comodoro Rivadavia y nos alistaron con casco, con chalecos con todo los elementos como para ir a la guerra, y oportunidad de ver tapas nunca hubo” fue la primera frase con que comenzó Pepe. Esta respuesta significó la obligación de buscar un nuevo horizonte en la entrevista, y por suerte, la gente que se dedica al arte siempre tiene algo para decir.

Las tapas que queríamos que viera eran las que están abajo, de varios medios masivos y tradicionales de Argentina que afirmaban que estábamos ganando. La población argentina era convencida por la información que daba la dictadura y replicaban los medios de que el conflicto se resolvía a pasos rápidos.

A los soldados argentinos, sus superiores les decían lo mismo: “A nosotros nos informaban de que íbamos ganando la guerra, salvo una vez. Vimos mal a un cabo que estaba llorando (mirá, que era muy difícil encontrar a un superior que mostrara emoción, que fuera dueño de emociones, siempre te maltrataban, te pegan, te retaban), porque el hermano estaba en otro lugar donde los habían atacado, los habían eliminado a casi todos. Y ahi el tipo se abrió, ante varios que estábamos, tuvo esa pequeña parte de humanidad, con los pocos que estábamos rodeándolo. Era una persona joven también, nosotros teníamos 18 y el tipo debe haber tenido 25. Y ahí nos dimos cuenta que la realidad que nos contaban no era tal” contó Pepe.

Los diarios, revistas y la televisión no llegaban a Malvinas, pero si la radio. Nos contó José que en un galpón donde se limpiaban los fusiles, había una radiecita que llegaba a sintonizar una frecuencia. Ahí escuchaban sobre los gurkas, unos mercenarios que contrataban los ingleses que estaban en camino a las Malvinas, y que enfrentaban a sus enemigos con técnicas sangrientas como cortarles la cabeza. Eso decía la radio, “nuestra propia prensa, nos daba una información temeraria para la población que tenía a sus hijos, sus sobrinos o conocidos en la guerra y para nosotros mismos, cuando tendrían que ser diferente. Eso me parece que estaba muy en contra” cerró Pepe.

“No había forma de ver una tapa de una revista, eso lo vi al regreso de Malvinas y muchos años después porque cuando llegué a mi casa también habían guardado las cosas que habían comprado de revistas, las escondieron, las dieron, teniendo miedo de que me afecte“. Es que claro, a cualquiera que pase por una experiencia así, seguramente le deja secuelas. José realizó múltiples terapias para sobrepasar su estadía en Malvinas. Psicólogos, psiquiatras, terapias holísticas, meditación, etc.

“Un tiempo me moví a Capilla del Monte, porque encontré allá terapeutas de todo tipo y todo me sirve, meditación, etc. Porque el daño que hizo la guerra en mi y en todas las personas que fueron ahí es grande, y algunos no se dan cuenta”.

Incluso tuvo que realizar una rehabilitación física durante un mes ya que volvió de las islas con congelamiento en las piernas, luego de estar prisionero ahí y en algunos barcos.

La guerra es un absurdo

“Pepe” Angonoa con su libro. Foto: Eduvim.

Esa frase se le escapó de la boca varias veces a Pepe Angonoa, pero hablando no sólo de la guerra de Malvinas, sino de todas las guerras. “La guerra es un absurdo”. En particular, la vivencia de José en Malvinas estuvo llena de anécdotas y situaciones que resultan hasta graciosas por lo bizarras (en palabras de él).

Por ejemplo, cuenta que la Argentina tenía un sistema de comunicaciones bélico, algo anticuado. “Una vez, un teniente nos sentó al frente de él a 30 tipos más o menos, media compañía y nos dijo que nos teníamos que comunicar de pozo en pozo, con latitas de tomate, de cervezas atadas con un piolín como se hacía cuando éramos chicos como juego. Hacíamos un teléfono, nos dieron un piolín, buscamos latas en un basural que está al lado del mar. Hicieron una prueba el teniente con un sargento. Imaginate, en el medio del campo se escucha todo. A los gritos, porque los milicos gritan, se gritaban uno a otro que estaban a 10 metros y se decían: Hola, ¿me escucha? Si, lo escucho, respondía el otro. Ahí nos hicieron ver que eso “funcionaba”, entonces nos pusimos los piolines e hicimos una especia de plan de telefonía entre pozo y pozo. Una locura, yo veía eso y decía ¿en manos de quién mierda estoy?, ya estaban las tropas inglesas, habían pasado aviones y, no se, si habíamos tenido un ataque”.

También contó una anécdota sobre la minuciosa investigación sobre el enemigo que se hacía en el Ejército Argentino. “una vez nos mostraron una foto de enemigos. Nos querían mostrar cómo eran los ingleses, los uniformes y todo lo demás. No era una foto, en realidad era un teletipo, como una fotocopia pero anterior a eso. Entonces, nos mostraron y cuando yo ví la foto esa, había un soldado de la segunda guerra mundial con el casco y el fusil. Realmente yo me daba cuenta que estábamos en manos de chicos que no saben nada. Estamos, como quien dice, a la vera de Dios, porque era increíble eso”.

Estas y otras tantas anécdotas son parte de “Cómo yo gané la guerra”, un libro que relata estas situaciones para tratar de explicar el absurdo de la guerra. La obra lleva las ilustraciones de Javier Soler, un amigo de Pepe que lo incitó a hacer el libro, una vez que escuchó varias anécdotas.

“Yo dibujaba sin ser profesional. Dibujaba de chico y veía que lo único que me gustaba era dibujar. Fue una circunstancia horrible tenerme que encontrar ahí (en Malvinas). Es más, nunca me sentí un soldado, fui muy rebelde me castigaron muchas veces por esa rebeldía“, dice pepe y sigue: “yo me sentí una víctima, me siento una víctima de eso que pasó”.

A la vuelta de la guerra, decidió hacer lugar a su pasión y comenzó a estudiar arte y a dibujar en varios medios. Y junto a Soler surgió la idea de hacer el libro, “pero no un libro que reflejara acciones bélicas, acciones de valentía, de arrojo. Sino mostrando que la guerra es un absurdo, que la conclusión de eso es como una fórmula matemática, la guerra es igual a absurdo”.

El título del libro es en homenaje a un corto que realizaó Richard Lester protagonizada por Michael Crawford, John Lennon y Roy Kinnear en el año 1967. How I won the war es el nombre de esta película que era una parodia en contra de la guerra de Vietnam, donde un teniente recibe órdenes de construir un campo de críquet en cercanías a las líneas enemigas.

“Buscamos que el libro tenga ese sentido la guerra es un absurdo, la paz es el camino, ese es el objetivo del libro. Es para que las nuevas generaciones vean lo que es la guerra. Las generaciones mías y las anteriores hemos visto cine y series de guerra de mentira, mal hechas. Todo mentira, donde la guerra es el heroísmo, y sabemos que no. Que la guerra es un negocio donde se muere gente y los soldados van a morir, se cagan en la gente, asi de simple” cierra Pepe.

¿A dónde vamos?

La guerra de Malvinas duró 10 semanas. No más. José estuvo allí casi todo el tiempo que duró y un poco más. El 8 de abril llegó a las islas, y en agosto recién ingresó a Argentina luego de estar prisionero. Abril, mayo, junio, julio, agosto. 5 meses. ¿Con qué preparación va un pibe a la guerra 5 meses?

Nosotros tuvimos un mes de entrenamiento militar fuerte. Entrenamiento nocturno, un mes y medio en el desierto, muy duro ahí en Comodoro Rivadavia, en vistas de un conflicto o de un conflicto interno”. Pepe cuenta que tiene una teoría sobre lo que pasó en Malvinas: “mi teoría es que fue un manotazo de ahogado de la dictadura queriendo perpetuarse, necesitaban un conflicto. A nosotros en el entrenamiento nos hablaban de una guerra con Chile, y después apareció esto de Malvinas”.

La teoría de José cobra sentido teniendo en cuenta que fue un conflicto repentino, de “corta” duración y en donde la dictadura a cargo de Galtieri encontraba resistencia en el pueblo. Por ejemplo, el 30 de marzo de 1982, el movimiento obrero argentino con la CGT a la cabeza organizó la mayor movilización realizada durante la última dictadura militar argentina. Cerca de 50.000 trabajadores, manifestaron en Plaza de mayo pidiendo “Paz, Pan y Trabajo”. La marcha se replicó en todo el país y los militares reprimieron al pueblo salvajemente.

A José, con sus 18 años, casi es obligado a estar allí presente, con fusil en mano, porque los militares no tenían decidido su rumbo. “Nos habían dicho que, en una de esas, íbamos en tren hasta Buenos Aires a reprimir. Porque ya sabían que iba a haber un levantamiento de la CGT. Fue el único paro que le hicieron a los milicos en el año 82”.

La falta de preparación de los “soldados”, de investigación de las consecuencias de un conflicto bélico, una dictadura asesina que no tenía ni un poco de empatía por su pueblo, la vulneración de los derechos humanos son algunas de las cosas que hicieron de la guerra de Malvinas un sin sentido. Por eso coincidimos con Pepe, de que la guerra es un absurdo, un acto falto de razón.

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