Según el INDEC, la canasta básica total aumentó 4,1% en diciembre y acumuló una suba del 27,7% en 2025. La canasta alimentaria también escaló 4,1% y cerró el año con un alza del 31,2%. Una familia tipo necesitó $1.308.713 para no caer en la pobreza.

El cierre de 2025 llegó con una nueva alerta sobre el costo de vida. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la canasta básica total (CBT) -indicador clave para medir la pobreza- registró en diciembre un aumento del 4,1%, por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que fue del 2,7%. Con este dato, la CBT acumuló en todo el año una suba del 27,7%.
De manera paralela, la canasta básica alimentaria (CBA), que determina el límite de la indigencia, también creció 4,1% en el último mes y cerró 2025 con un incremento total del 31,2%, reflejando una mayor presión sobre los hogares más vulnerables.
Cuánto costó no ser pobre ni indigente en diciembre
De acuerdo con el organismo, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.308.713 en diciembre para no caer en la pobreza. Para no ser indigente, el ingreso mensual requerido fue de $589.510.
En términos individuales, la CBA quedó en $190.780 por persona, mientras que la CBT se ubicó en $423.532.
Los valores muestran un avance significativo frente a noviembre, cuando se necesitaron $1.257.329 para no ser pobre y $566.364 para no caer en la indigencia, evidenciando una aceleración en el último tramo del año.
Aumentos por encima de la inflación
La suba de ambas canastas volvió a colocarse por encima de la inflación de diciembre (2,7%), impulsada en gran parte por el rubro alimentos y bebidas, con especial incidencia de la carne y sus derivados.
Otros sectores también traccionaron el incremento:
- Transporte (+4%)
- Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (+3,4%)
- Comunicación (+3,3%)
Estos factores impactaron de manera directa en la medición de la CBA y la CBT, elevando el umbral mínimo para cubrir necesidades básicas.
El balance anual
Si bien el costo de ambas canastas quedó en línea con la inflación general de 2025 -que cerró en 31,5%, el nivel más bajo de los últimos ocho años– la aceleración de diciembre generó un mayor deterioro en los ingresos reales de los hogares.
El año terminó, así, con una tensión persistente entre la estabilidad macroeconómica buscada por el Gobierno y el efecto concreto que los aumentos en alimentos y servicios esenciales tienen sobre la vida cotidiana de millones de familias.
