En julio, pero de 1806 y 1807, nuestros ancestros enfrentaban y vencían dos invasiones británicas. De aquel conflicto surgiría el germen de una nación embrionaria, una identidad común y una enemistad que trascendería los siglos. Para interpretar aquellas gestas y unir puentes con el presente, conversamos con Juan Rattenbach, un especialista en la causa Malvinas.

El pasado 25 de junio y 3 de julio, se cumplieron los aniversarios de la primera y segunda invasión inglesa. Fechas olvidadas -en gran parte- por el Estado argentino, carentes de feriados nacionales o celebraciones/conmemoraciones oficiales.
Si bien estos momentos bisagras de la historia nacional son trabajados en las currículas escolares y cuentan con variada bibliografía, no tienen su correlato ni su efervescencia nacional, en la cultura general argentina, ni en la política nacional.
A 217 y 218 años de aquellas invasiones y victorias sin precedentes, nos preguntamos:
¿Podemos hablar de invasiones cognitivas británicas sobre la Argentina continental? ¿Qué es la soberanía cognitiva argentina?
Para responder estos interrogantes, entrevistamos a Juan Rattenbach, abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y magíster en Economía Aplicada por la Universidad Torcuato Di Tella. Es coordinador del Grupo de Trabajo de Malvinas, Antártida, Atlántico Sur y Cuenca del Plata de OCIPEx. Actualmente se desempeña como Secretario Ejecutivo del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

Soberanía cognitiva argentina ante ¿la vigente invasión británica?
Hoy, el Reino Unido invade un cuarto del territorio nacional argentino. Tiene ocupado el 25% del territorio del séptimo país más grande del mundo, y una de las pocas naciones bicontinentales y bicentenarias de todo el globo.
Juan Rattenbach sostiene que además de la invasión territorial vigente en las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur (junto a las 200 millas circundantes a éstas) existe un intento por colonizar la soberanía cognitiva argentina a través de la desmalvinización, política ejecutada -principalmente- por agencias, universidades, influencers, políticos, periodistas, etc, que responden a una estrategia del poder blando británico.
Por desmalvinización, nuestro entrevistado entiende al proceso político y cultural iniciado tras la guerra de 1982 y profundizado en los años 90, que buscó relegar y minimizar la Causa Malvinas en la agenda nacional argentina, desvinculando la cuestión de soberanía del conflicto bélico, desvalorizando la gesta de los veteranos y permeando una política exterior y educativa que tendió a la invisibilización del reclamo territorial.

Con respecto al poder blando del Reino Unido, Rattenbach explica que es una estrategia política británica que tiene un objetivo de dominación, pero sus métodos difieren radicalmente de la coerción, el poder duro; aunque estos poderes dialogan entre sí.
Juan expresa que los medios empleados, en este caso, buscan una interpelación a la subjetividad de las personas para que cumplan con determinadas acciones, siendo la educación y la cultura elementos que terminan por consolidar una cosmovisión que estructure una percepción del espacio (la geografía) y el tiempo (la historia) afín a los intereses foráneos.
«El Reino Unido busca invadir la soberanía cognitiva argentina. Y ante ello hay que interponer un poder argentino«, señala.
Ejemplos de poder blando británico abundan, pero a diferencia de la ahora ex embajadora del Reino Unido en Argentina, Kirsty Hayes -quien en un reciente video aseguró que la influencia británica en el país se ve por todos lados-, la mayoría de las y los argentinos tenemos dificultades para identificar sus operaciones y ramificaciones, en parte por la vigente desmalvinización en las distintas esferas de lo social, y en parte por la falta de ejercicio colectivo e individual de la soberanía cognitiva nacional.
Paréntesis: en este artículo, Rattenbach identifica y expone distintos actores claves que responden al poder blando británico en Argentina. En nuestro artículo, en cambio, expondremos solo algunos ejemplos generales.
Pero, ¿qué es entonces la tan mencionada soberanía cognitiva?
“La soberanía cognitiva es que nosotros podamos pensarnos a nosotros mismos desde nosotros mismos, y no que incorporemos como propias, variables de entendimiento y comprensión de la Argentina que vienen de afuera de nuestro país”, explica Juan.

Este tipo de soberanía se ha vuelto un pilar inescindible de la convivencia en el siglo XXI, estrechamente ligada a la omnipresencia de las redes sociales, advierte el abogado. Más allá de que la irrupción de las TIC´s supuso una cierta división entre lo virtual de lo material, la realidad indica que hoy, en pleno 2025, no existe tal dicotomía, sino más bien una misma realidad, señala.
“La pregunta es: ¿Cuánto hay de visión argentina y soberanista en los contenidos que se generan en internet, principalmente en YouTube, Instagram, en TikTok, y cuánto hay en realidad de producciones audiovisuales o de contenido generado desde el interés o la perspectiva colonial británica? Me parece que los argentinos estamos expuestos en el ciberespacio, en las redes sociales, a estas visiones que nos alejan de nuestro propósito de soberanía”, opina Rattenbach.

Las invasiones hoy en día no se limitan a la coerción militar extranjera. Si consideramos que también existe este un tipo de invasión desde una perspectiva cognitivo-subjetiva, entonces es crucial reconocer que somos susceptibles a la vulneración de nuestras soberanías tanto cognitivas como territoriales de forma constante. Esta realidad, lejos de convertirnos en víctimas, debería inspirarnos un deseo de liberación, tal como les pasó a nuestros ancestros hace dos siglos atrás.
¿Será que la invasión cognitiva británica sobre los argentinos contribuye, en parte, a mantener la invasión territorial en nuestros dominios del Atlántico Sur?
De ahí la relevancia de practicar la soberanía cognitiva. Si lo logramos, evitaremos respaldar o ser cómplices de relatos historiográficos pro-británicos, así como de manifestar indiferencia hacia la causa Malvinas.
También ésta nos impedirá, de forma inadvertida, propagar argumentos o noticias manipuladas por la inteligencia británica, difundidas por medios de comunicación dominantes o incluso por el propio presidente argentino, como ocurrió cuando esté reconoció el principio de autodeterminación de los denominados kelpers.
Juan aconseja: «No solo es importante tener criterio a la hora de ver qué contenidos consumimos vinculados con la cuestión de Malvinas, sino dejar de ser menos consumidores de contenido ajeno y que cada uno, humildemente desde nuestros lugares en las redes sociales, seamos productores de contenido sobre Malvinas. Dar esa pelea de forma descentralizada y cada usuario de forma individualizada, y por qué no también de forma colectiva, por nuestra soberanía en el Atlántico Sur«.

Te puede interesar: Entre el reclamo histórico y la entrega actual: la soberanía argentina en crisis
Para muestra, basta un botón
A continuación, un ejemplo de lo hablado hasta aquí. La imagen que sigue corresponde a una publicación en instagram, realizada el 25 de mayo, Día de la Revolución de Mayo, por el autodenominado movimiento Extinción o Rebelión, donde algunos argentinos y argentinas -la mayoría de ellos con buena voluntad e intención- activan su militancia política y social.

Ante una festividad federal, de las pocas que hoy pueden llegar a unir a las y los argentinos, este movimiento, fundado en el Reino Unido, intenta opacar el sentir nacional identitario y buscar hacer creer que celebrar un día patrio está mal o es cuestionable.
No solo que omite que la patria de la que habla fue liberada en parte por los pueblos originarios en las filas del ejército sanmartiniano sino que le falta el respeto hasta al propio San Martín, de ascendencia por parte materna de origen guaraní o a libertadoras como Juana Azurduy. ¿O quiénes fundaron la patria son acaso todos ladrones de tierras? ¿Acaso no visibilizar la ardua labor de los pueblos originarios en la labor de la independencia de Argentina que está narrativa tiende a victimizar o visibilizar desde una perspectiva sesgada, no es otra forma de opacar a estos mismos pueblos que se dice defender?
Por si fuera poco, a ese mapa de fondo donde se omite a las Islas Malvinas y a la Antártida Argentina, le sigue este otro:

¿Es casualidad que compartan un mapa que por lo general comparten los ingleses en redes sociales a la hora de graficar nuestro proceso independentista y la soberanía argentina en nuestra propia tierra? ¿No es cuanto menos cuestionable que cientos o miles de argentinos compartan el mismo mapa o el mismo recurso historiográfico que los que nos colonizan el 25% del territorio nacional?

Rattenbach se pregunta ante estos casos: «¿Vamos a pensar Malvinas desde el interés nacional y desde una mirada argentina, o vamos a tomar como propias interpretaciones que en realidad son ajenas a Malvinas y que justamente están coordinadas y producidas desde los intereses coloniales en nuestras islas?».
Luego de la declaración de la Independencia, todo el territorio del por entonces Virreinato pasó –derecho ius posidetis mediante– a ser de la nación argentina, algo que los ingleses no reconocieron hasta entrado el siglo XX.
Este es uno de los tantos ejemplos de cómo hasta en el propio campo popular imperan lógicas cuyo origen están a más de 10.000 kilómetros de Argentina.
La causa Malvinas a nivel continental, hoy
Argentina actualmente no ejerce soberanía efectiva en el Atlántico Sur, y su reclamo histórico por la recuperación de las Islas se presenta como un desafío significativo, especialmente bajo una administración que es percibida como abiertamente pro británica. Pese a lo que se considera una nula política exterior nacional en clave soberana sobre estos territorios, otras naciones extranjeras han tomado acciones que el propio gobierno argentino no ha realizado.
Hace dos semanas, el Comité Especial de Descolonización de la ONU reafirmó por cuadragésima segunda vez que el principio de autodeterminación -el principal argumento británico- no es aplicable al caso de las Islas Malvinas. Esta decisión, tomada por consenso, subraya que la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido debe resolverse a través de negociaciones bilaterales, tal como lo establecen varias resoluciones de la Asamblea General del organismo. La resolución fue presentada por Chile y contó con el copatrocinio de naciones con las que la actual gestión argentina ha tenido conflictos diplomáticos, como Bolivia, Cuba y Venezuela.
Juan Rattenbach, quien recientemente dio una presentación sobre Malvinas en el Parlasur, expresa su opinión sobre los peligros que implica la política exterior de Javier Milei:
“Hoy podemos decir que el alineamiento acrítico con el Atlántico Norte no tuvo todavía impacto negativo en el apoyo global a nuestra causa. Por suerte, los países del Sur Global (África, Asia, Medio Oriente) mantuvieron su tradicional respaldo a la Argentina en la cuestión de soberanía en las Islas Malvinas. Es decir, se mantuvo todo igual, por ahora”.
A su vez, días atrás, la Organización de los Estados Americanos (OEA) reiteró su apoyo unánime a la posición de Argentina respecto a la soberanía de las Islas Malvinas. Esta es la decimoctava vez que la organización hemisférica se pronuncia de esta manera, resaltando la importancia de resolver el conflicto a través del diálogo y el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas. La declaración enfatiza que la cuestión Malvinas es un tema de interés regional y hemisférico, y no solo bilateral como suele argumentar el R.U.
Para Rattenbach esto último es clave: “No vamos a recuperar Malvinas peleándonos con Brasil o con Chile, no hay forma. Entonces, me parece que también es importante dejar bien en claro que sin una estrategia continental, no hay forma de acercarnos a nuestro anhelo de recuperación de soberanía”.

