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Irán resiste y responde a EE.UU. e Israel: ¿Qué está pasando?

Publicado por:Rodrigo Andrada Savoretti

Una de las más notables civilizaciones del mundo se encuentra resistiendo casi en soledad contra Israel y Estados Unidos, quienes hace décadas intentan borrarlo del mapa. ¿Qué sucede en Oriente Próximo?

Desde el 28 de febrero de 2026, EE. UU. e Israel han atacado nuevamente a Irán, dejando más de mil muertos, incluyendo 104 niñas de una primaria de Minab. Imaginen ustedes la «tragedia mundial» o las alertas por «terrorismo» que se hubiera generado si esas infancias fueran occidentales.

En el primer ataque, el líder supremo Alí Jamenei (equivale al Papa o en su defecto al líder de la Iglesia Católica Argentina) y gran parte de la dirigencia persa fueron martirizados. Al día de la fecha, la Guerra ya cumple más de diez días y no parece tener un final inmediato.

Contrario a las expectativas iniciales de Trump y Netanyahu —quienes vaticinaban la caída del gobierno o una crisis de subordinación similar a la de Venezuela—, la República Islámica respondió con ataques masivos, en una ofensiva que causó bajas estadounidenses, evidenció la fragilidad de las defensas de EE. UU. en los territorios de las monarquías petroleras y dejó al descubierto la dependencia de Washington hacia los intereses de Israel, y la de actores como el Reino Unido a sus aliados norteamericanos.

¿Qué busca el denominado «Eje Epstein»?

El ex líder supremo de Irán, Alí Jamenei. (EFE/Leader Office Handout).

¿Tercera Guerra Mundial?

Cada vez que estalla o se renueva un conflicto bélico en Oriente Próximo o Eurasia, los titulares del mundo se llenan de especulaciones sobre una «Tercera Guerra Mundial».

Pero quizás la definición más precisa sea otra, la que Francisco señaló años atrás: «Vivimos una guerra mundial en partes». Fragmentada, discontinua, pero persistente, añadiría luego el sociólogo Gabriel Merino, investigador del CONICET, quien prefiere hablar de «guerra mundial híbrida».

Una guerra que se libra en múltiples escenarios conectados entre sí, donde las potencias occidentales intentan sostener un dominio que -parecería- escapárseles de las manos.

Irán en este tablero no es un actor menor, pero no precisamente por sus supuestas armas nucleares. Las cuales sí tiene sus enemigos. «El problema no es si Irán acuerda o no acuerda con las potencias sobre su plan nuclear. Esa no es la discusión. En todo caso, se trata de entender lo que sucede en Medio Oriente y lo que está en juego en este tiempo», expresa Merino.

El objetivo de fondo es la expansión territorial y política de Israel, denominada por los propios sionistas como el Gran Israel. Según Merino, esto nace de una alianza entre el sionismo fundamentalista (liderado por Netanyahu) y los sectores «halcones» (neoconservadores) de Estados Unidos y el Reino Unido. Aquí la geografía, los recursos y las civilizaciones juegan su papel fundamental.

Irán es un verdadero problema para esta proyección de poder del sionismo anglosajón. Pero como bien dice el especialista Kevin Bryan, también lo pueden ser eventualmente Turquía y hasta Arabia Saudita, potencias emergentes con gran influencia en la región.

El último ¿imposible?

Cuando el geopolítico mexicano Alfredo Jalife recuerda que el país persa era el último de una lista de siete naciones señaladas por el Pentágono para ser «intervenidas y destruidas», no especula; se basa en una declaración del General Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN en Europa, quien reveló en 2007 que poco después del 11 de septiembre de 2001 un oficial del Estado Mayor le mostró un memorándum con los nombres: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. El derrotero de estas naciones víctimas del más despiadado imperialismo de la OTAN, es bien conocido por ustedes.

Hoy, después de dos décadas de guerras, desestabilizaciones y cambios de gobiernos a la fuerza, pareciera que ha llegado el turno de la milenaria civilización persa, hoy devenida en la República Islámica de Irán. Así lo dejan entrever las élites sionistas de EE.UU. e Israel, a quiénes desde Teherán le aseguran el lamento que tendrán que afrontar por entrar en guerra con ellos.

Hay que decirlo: la guerra actual es, sin duda, asimétrica. Dos potencias nucleares —Estados Unidos e Israel— contra una nación que, según todos los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU, no tiene armas de este tipo.

Pese a ello, Irán no claudica, resiste día a día una violencia neocolonial a la que también se suman otras potencias nucleares occidentales como el Reino Unido, quién presta sus bases y recursos para la logística yanqui en Oriente Próximo.

Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, le advirtiò a Trump “tener cuidado” para “no ser eliminado”.

La defensa iraní y el factor tiempo

Irán se preparó para este momento, o al menos así pareciera. En estos días ha propinado golpes estratégicos que el Pentágono difícilmente admite. En las primeras jornadas, lanzó más de mil misiles y drones contra bases estadounidenses en Omán, EAU, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita, Jordania, Kuwait y bases británicas en Chipre.

Esta respuesta desnudó las debilidades defensivas yanquis y sembró dudas sobre la «seguridad» que la OTAN supuestamente garantiza en las monarquías petroleras. Según la agencia Tasnim, el portaaviones Abraham Lincoln, orgullo de los estadounidenses, habría sido alcanzado; también la base naval de Bahréin (clave para la logística yanqui).

Sin las misma capacidad de defensa, Irán sufre golpes diarios de los que costará recuperarse. Sin embargo, la resiliencia iraní contrasta con la retórica de la coalición agresora.

Peter Hegseth, ex periodista de Fox News devenido en Secretario de Guerra, declaró que «la muerte asolará Irán», una frase cargada de imperialismo y antiislamismo que, lejos de amedrentar, reaviva la resistencia de un pueblo que soporta décadas de sanciones y agresiones, y hoy se encuentra diariamente movilizado a favor de su nación y en respaldo al gobierno, hoy encabezado por el ayatolá Mojtaba Jamenei, el hijo del mártir iraní, Alí Jamenei.

Sobre esta dinámica de guerra de agresión y respuesta constante, el analista Guillermo Caviazca sostiene que el tiempo es una variable fundamental que juega, paradójicamente, a favor de Irán.

Según su evaluación, el conflicto se encuentra en una carrera de resistencia donde la capacidad de la coalición agresora para mantener una intensidad operativa alta es limitada.

Caviazca plantea que, si la República Islámica logra sostener un ritmo estable de respuesta sin ser «puesta de rodillas» en las primeras semanas, el esfuerzo logístico y el consumo de municiones complejas por parte de Estados Unidos comenzarán a erosionar la viabilidad de la operación, obligando a Washington a buscar una salida que, bajo esas condiciones, se traduciría en un éxito parcial para Teherán.

En este sentido, el autor enfatiza que el desenlace político de la guerra es mucho más difícil de alcanzar que sus objetivos militares inmediatos. La prolongación del conflicto no solo pone a prueba la resiliencia física de las defensas iraníes —que han diseñado esquemas de mando con sucesiones triples para evitar el colapso ante el asesinato de sus líderes—, sino también la paciencia estratégica de los agresores frente a las repercusiones globales.

A medida que los días pasan, la presión internacional sobre los costos de la guerra irá reduciendo la ventana operativa de la coalición, convirtiendo la persistencia de Irán en su principal activo disuasorio, entiende el citado analista.

Foto de portada: Masivas movilizaciones a favor del gobierno iraní. Foto: Europa Press.

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