Historias de acoso callejero: Capítulo Martina

Historias de acoso callejero: Capítulo Martina

El acoso callejero en Córdoba sigue siendo una constante, pero a la vez algo de lo que no se habla lo suficiente. En un ciclo de 5 historias (una por día) las propias víctimas nos darán su versión.

En un segundo encuentro con quienes viven el acoso callejero en carne propia, nos encontramos con Martina de 14 años. Ella recuerda que más de una vez le hay gritado o silbado mientras caminaba por la calle, pero no le parece algo tan grave.

A pesar de tomárselo con más calma, Martina admite que estas situaciones le han generado bronca, tristeza o enojo: “Por ahí tengo tanta bronca que la necesidad de contestarles aparece. Después me tranquilizo, y pienso de que es algo a lo que no hay que darle tanta vuelta”.

Martina sabe lo que sus amigas piensan al respecto: que es algo normalizado en nuestra sociedad, que debería cambiar y genera mucha bronca entre sus cercanos. Lo que la asusta es la opinión de algunos mayores, que le sugieren que lo tome como “un piropo”. Martina se rehúsa a tomarlo así, le parece horrible.

Al respecto, el Defensor del Pueblo encuestó a un grupo de varones, en donde se les preguntó si consideran al “piropo” una práctica natural. Sobre esto, el 60,9% de los encuestados consideran que “no es natural” de los hombres hacer comentarios de este tipo, mientras que un 37,4% considera que “sí lo es”.

Además, más del 50% de los varones encuestados consideran que la manera de vestir de las mujeres “influye” (26,9%) y “a veces influye” (31,3%), entre otras razones, para el acoso callejero.

Al igual que Macarena, Martina hace hincapié en la educación como motor de cambio para esta problemática. “Educación urgente en todos lados, tanto en las casas como el colegio. Todo el mundo lo toma como algo muy común que viene desde hace generaciones pero que puede cambiar con educación”, pide la entrevistada.

Por suerte, Martina nunca sintió que su vida corría peligro por culpa del acoso callejero. Pero sobre que camina pocas veces sola por la calle, sentirse acosada en cada oportunidad no es una opción.

Por Carmela Laucirica