Entre agresiones y amenazas de muerte, Madrid va a las urnas

Tras la crisis política que derivó en la disolución del gobierno autonómico, la capital de España tendrá nuevas elecciones este martes en medio de una campaña polarizada y cargada de violencia.

Créditos: RTVE.

Por Matías Mowszet

Al tener un sistema parlamentario de gobierno, la Comunidad de Madrid debe elegir a su presidente por vía legislativa, con la cámara que resulte de los resultados de las elecciones a diputados.   

Si ningún partido llegara a la mitad más uno de los diputados por cuenta propia, deberá conseguir esa mayoría con alianzas. Esto es algo que, dada la dispersión electoral que existe en España y la caída del bipartidismo tradicional, sucede casi siempre.  

Así es como, en 2019, asumió una coalición de derecha encabezada por Isabel Ayuso, del Partido Popular, pero en alianza con los centroderechistas moderados de Ciudadanos y los ultraderechistas fascistas de Vox.

Esta combinación de pensamientos en el espectro de gobierno tuvo los lógicos y esperados roces internos, siempre zanjados por una Ayuso que demostró más simpatía por la rama ultra de Vox que por la mesura centrista de Ciudadanos.

Estas tensiones derivaron en una ruptura en Marzo de este año y, ante la inminencia de la pérdida de la mayoría parlamentaria, que en este tipo de sistemas puede significar la pérdida del puesto, Ayuso decidió disolver el parlamento y convocar a nuevas elecciones, fijando fecha para el 4 de Mayo.

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¿Qué busca Ayuso?

El objetivo de la actual presidenta de la Comunidad de Madrid es sacarse de encima el lastre que le significa el condicionamiento centrista de Ciudadanos, a quienes ya le declaró la guerra, y poder reforzar su carácter derechista (y ultra) en una alianza exclusiva con Vox.

Con esto, Ayuso también intenta dar un “salto de fe” que la posicione bien para disputar el liderazgo nacional del Partido Popular, que hoy detenta Pablo Casado. La tesis que sostiene ella junto a su entorno es que la única manera de frenar la huida de votos hacia la opción más radicalizada, que hoy representa Vox, es la de tomar ese lugar frente a la sociedad.

Es por eso que el lema de campaña de Isabel Ayuso para esta elección es “libertad o comunismo”, una declaración de principios fuerte que usa el señalamiento al adversario como principal narrativa política, pero ¿cuál es el adversario?

Una oposición disgregada

En frente a ella tiene un abanico de partidos que van desde la centroderecha a la izquierda más intransigente. Por empezar, el partido más fuerte de los que pretende disputarle el gobierno es el Partido Socialista Obrero Español, el PSOE que gobierna a nivel nacional, con la presidencia de Pedro Sánchez. En la órbita madrileña, el PSOE presenta, como siempre, a Ángel Gabilondo.

El recientemente vicepresidente de España, Pablo Iglesias, decidió renunciar a ese cargo para “bajar al barro madrileño” y presentarse como candidato en esta elección encabezando la ista de su partido, Podemos. Para ello, le ofreció la unidad a su ex compañero, Iñigo Errejón, líder de la formación de Más Madrid con quien sostiene una feroz enemistad que eclipsa las muchas coincidencias ideológicas. Errejón rechazó la invitación y ratificó la candidatura de su partido en soledad, que llevará a Mónica García encabezando la lista.

Por último, también se encuentra el partido Ciudadanos, el ex socio de Ayuso y de la coalición derechista, que ahora no apoyaría esa alianza y estaría más dispuesto a sentarse a charlar con los socialistas. El desafío de Ciudadanos es superar el piso del 5% para poder ingresar a la cámara. La mayoría de las encuestas pronostican que no lo lograrán.

El eje ultraderechista, con un programa abiertamente fascista, tiene dos mujeres en la cima de la boleta: Isabel Ayuso por el Partido Popular y Rocío Monasterio por el lado de Vox. Según los sondeos, entre estos dos partidos lograrían la mayoría necesaria para formar gobierno propio.

Campaña violenta

Aunque se encuentra relegado en las encuestas y se pronostica un resultado muy pobre para él, la aparición de una figura nacional fuerte como Pablo Iglesias le puso un especial condimento a una campaña a la que no le faltaba picante.     

El enfrentamiento verbal entre ambas facciones tuvo una muy importante escalada y pasó a la recepción de amenazas de muerte. Al líder de Podemos le enviaron un sobre que contenía cuatro balas y una carta anticipándole que lo habían “sentenciado a la pena capital”.

Foto publicada en las redes de Pablo Iglesias

También recibió amenazas de ese tipo el ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, dirigente del Partido Socialista que se compenetró en la campaña madrileña.

Tanto el Partido Popular como Vox se negaron a repudiar las amenazas recibidas por Iglesias y Zapatero. De hecho, en el debate de candidatos, Rocío Monasterio (de Vox) justificó estas amenazas, lo que hizo que Pablo Iglesias se levante de su silla y abandone el estudio de televisión acusando al canal de no tomar ningún tipo de acción ante las palabras de una dirigente que estaba, literalmente, incitando a la violencia.

Días después de eso, las amenazas cambiarían de dirección. Los Mossos d’Esquadra de Barcelona interceptaron un sobre dirigido a Isabel Ayuso con dos balas. En este caso, Pablo Iglesias repudió el acto y se solidarizó con la presidenta de la Comunidad de Madrid.

En este contexto de polarización y violencia, en el que intentó sin éxito mediar el partido Ciudadanos, es que se darán las nuevas elecciones de este martes. Los resultados deben ser leídos, no desde los porcentajes de votos obtenidos porque eso no tiene incidencia real, sino en términos de bancas obtenidas por cada partido y viendo cuanto suman entre las dos posibles coaliciones, la coalición de derecha (PP + Vox) y la coalición de centroizquierda (PSOE + Podemos + Más Madrid). Si alguna de estas dos coaliciones suman 69 bancas (son 136 en total), habrá ganado y formará gobierno. Si ninguna de las dos llega, el poder será de Ciudadanos, que hoy parece más predispuesto a apoyar a los centroizquierdistas.

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