El gobierno de Javier Milei habilitó la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina, operadora de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. La medida, que incluye la venta del 44% del paquete accionario y la paralización de proyectos estratégicos como el CAREM y Atucha III, es leída en el sector como un retroceso histórico del plan nuclear argentino y un alineamiento con la agenda energética de Estados Unidos.

El gobierno de Javier Milei dio un paso clave en la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), la empresa estatal que opera las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, responsables de más del 7% de la electricidad que consume el país.
Mediante decreto, se habilitó la venta del 44% del paquete accionario y la transferencia de un 5% a los trabajadores, mientras que el Estado retendrá la mayoría. La decisión se justifica oficialmente como un movimiento para la “diversificación de riesgos”, pero en el sector nuclear se interpreta como un golpe al corazón de la política nuclear argentina.
“Privatizar NA-SA es innecesario. La empresa no da pérdidas y su patrimonio intangible es su gente”, advirtió José Luis Antúnez, expresidente de la compañía.
CAREM paralizado y la cuarta central en el limbo
La medida se inscribe en un escenario más amplio de retroceso nuclear:
- Paralización del CAREM, el reactor modular pequeño diseñado por la CNEA y único prototipo en construcción en América Latina.
- Abandono de Atucha III, la cuarta central nuclear que se iba a construir con financiamiento y tecnología de la empresa china CNNC.
- Alineamiento con la agenda nuclear de Estados Unidos, a través del programa FIRST, que promueve el desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR) bajo estándares de Washington.
Diego Hurtado, exsecretario de Planeamiento, sintetizó: “Lo que queda cuando se disipa el humo es la privatización parcial de NA-SA y la paralización del prototipo nacional”.
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En la misma línea, Adriana Serquis, expresidenta de la CNEA, respondió a las críticas del oficialismo sobre el CAREM: “Decir que era obsoleto o inviable es falso. Teníamos un avance de obra civil del 85%, un estudio de mercado con YPF y reconocimiento internacional”.
Riesgos geopolíticos y pérdida de soberanía
El giro del gobierno implica también romper acuerdos estratégicos con China. En 2022, Nucleoeléctrica había firmado con la CNNC un contrato para construir Atucha III con financiamiento asegurado. El convenio, prorrogado en 2023, quedó congelado con el cambio de gestión.
“Romper un contrato de este tipo es dinamitar la seguridad jurídica”, alertan en la industria, advirtiendo que este movimiento espanta a cualquier socio industrial de largo plazo.
A la vez, técnicos y exfuncionarios señalan que la incorporación de Argentina al programa estadounidense FIRST supone un alineamiento geopolítico que frustra el desarrollo autónomo del país en materia nuclear.
Minería de uranio y nuevos jugadores
El desmantelamiento nuclear se completa con la crisis en la planta de agua pesada de Neuquén y la reorientación de la minería de uranio hacia la exportación de materia prima, en lugar de integrarla al ciclo nuclear argentino.
Los interrogantes ahora se enfocan en los posibles compradores de NA-SA y en la relación con la explotación de uranio:
- Corporación América avanzó en un acuerdo con Blue Sky Uranium para adquirir hasta un 80% del depósito ubicado en Río Negro.
- Paralelamente, trascendió que el “cerebro” del plan nuclear libertario, Demian Reidel, mantiene conversaciones con el fondo financiero Ansari, de origen iraní, lo que abre una doble polémica: la participación de capitales iraníes en la explotación de uranio argentino y la creciente financiarización del sector nuclear.
Un ecosistema en retroceso
El plan nuclear argentino se sostenía en cuatro pilares: generación eléctrica, construcción de reactores, agua pesada y minería de uranio. Hoy, todos se encuentran debilitados:
- NA-SA se privatiza parcialmente.
- El CAREM está paralizado.
- La planta de agua pesada sigue sin reactivarse.
- La minería se orienta a exportar uranio sin valor agregado.
Federico Basualdo, exsubsecretario de Energía Eléctrica, fue contundente: “El país que supo exportar tecnología nuclear, y que llegó a fabricar satélites con base en esas capacidades, hoy aparece desarmando pieza por pieza su propio ecosistema”.

