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Crece el malestar psicológico en Córdoba: la UNC advierte que la pobreza, la precarización laboral y la desigualdad impactan en la salud mental

Publicado por:Agustina Bortolon

Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba reveló que los niveles de malestar psicológico aumentaron de manera sostenida en las últimas tres décadas. La investigación identifica una fuerte relación entre salud mental, situación económica, empleo, educación y género, y señala a las mujeres pobres y desempleadas como el grupo más vulnerable.

La salud mental de las y los cordobeses muestra señales de deterioro. Un estudio epidemiológico realizado por un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) detectó un aumento sostenido del malestar psicológico en la ciudad y confirmó que las desigualdades económicas y sociales son factores determinantes para comprender el fenómeno.

La investigación, realizada sobre una muestra de 867 personas mayores de edad entrevistadas entre septiembre y octubre de 2025, registró un puntaje promedio de 23,6 puntos de malestar psicológico (MP). El dato representa un incremento respecto de mediciones anteriores realizadas en la década de 1990, cuando el promedio había sido de 19,3 puntos en 1993 y de 21,8 en 1998.

Los resultados muestran además que el 72,6% de la población se encuentra en un nivel medio de malestar psicológico, mientras que más del 15% presenta niveles altos o muy altos.

El estudio fue desarrollado por investigadores de las facultades de Ciencias Sociales y Psicología de la UNC, con financiamiento del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la casa de estudios.

Más allá de los diagnósticos

La investigación utilizó el Cuestionario Epidemiológico de Sintomatología Mental (CESIM), una herramienta validada a nivel nacional y adaptada a la realidad local. A diferencia de los instrumentos clínicos tradicionales, el trabajo no buscó diagnosticar trastornos mentales sino relevar cómo las personas perciben y experimentan su bienestar emocional en las condiciones concretas de su vida cotidiana.

“Nos interesaba el sentimiento de las personas, cómo se sienten frente a las condiciones de su vida cotidiana y cómo afrontan esas dificultades”, explicó la psicóloga e investigadora Jaschele Burijovich.

El cuestionario relevó aspectos vinculados con emociones, cansancio, nerviosismo, dificultades para dormir o concentrarse, además de variables socioeconómicas, educativas y laborales.

La economía como factor central

Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es la estrecha relación entre el malestar psicológico y la posición socioeconómica de las personas.

Los sectores de menores ingresos registraron un promedio de 27,6 puntos de malestar psicológico, mientras que en los sectores de mayores recursos el indicador descendió a 17,7 puntos. Los investigadores describen esta diferencia como un claro “gradiente social”: a medida que mejoran las condiciones económicas, disminuye el malestar.

El denominado “estrés económico” aparece como una variable decisiva. Las dificultades para llegar a fin de mes, la incertidumbre financiera y la insuficiencia de ingresos impactan directamente sobre los niveles de bienestar emocional.

El empleo precario pesa casi tanto como el desempleo

La investigación también encontró diferencias significativas según la situación laboral.

Las personas desocupadas registraron un promedio de 30 puntos de malestar psicológico. Sin embargo, quienes tienen empleos informales mostraron indicadores apenas inferiores, con una media de 28 puntos.

“ No alcanza con tener trabajo; importa qué tipo de trabajo”, señaló Burijovich.

En la misma línea, el estadístico Eduardo Bologna sostuvo que el empleo de mala calidad aparece asociado al malestar psicológico en niveles muy similares a los del desempleo.

Los resultados sugieren que la precarización laboral constituye un factor de riesgo para la salud mental tan relevante como la falta de empleo.

Educación y bienestar: una diferencia de más de veinte puntos

Otro de los indicadores que mostró una fuerte correlación con el bienestar psicológico fue el nivel educativo.

Las personas con estudios primarios incompletos alcanzaron un promedio de 36,6 puntos de malestar, el valor más elevado de toda la muestra. En el extremo opuesto, quienes poseen estudios de posgrado registraron apenas 15,6 puntos.

La diferencia supera los veinte puntos y refuerza la asociación entre oportunidades educativas, condiciones de vida y bienestar emocional.

“La universidad es un factor protector de la salud mental”, sostuvo Burijovich, aunque los investigadores aclaran que no se trata de una relación causal directa sino de un conjunto de condiciones sociales que suelen estar asociadas al acceso a estudios superiores.

Las mujeres, las más afectadas

El relevamiento también identificó diferencias significativas según género.

Las mujeres registraron un promedio de 25,5 puntos de malestar psicológico, mientras que los hombres alcanzaron 21,9.

Al analizar simultáneamente distintas variables, el grupo de investigación encontró que el sector más vulnerable está conformado por mujeres con bajos niveles educativos y situación de desempleo, incluso cuando cuentan con redes de apoyo social.

Para la psicóloga Solana Yoma, estos resultados deben interpretarse en el marco de las desigualdades estructurales de género y de la persistencia de fenómenos como la feminización de la pobreza y la mayor inserción de las mujeres en empleos precarios e informales.

Redes sociales y apoyo comunitario

El estudio también analizó el impacto de las redes sociales sobre el bienestar emocional.

Entre quienes manifestaron tener experiencias negativas en los entornos digitales, el 10% presentó niveles altos de malestar psicológico. En contraste, solo el 2,5% de quienes describieron experiencias positivas registraron esos niveles.

Otro factor relevante fue el apoyo social. Las personas que cuentan con vínculos afectivos, contención emocional y redes comunitarias muestran una mayor capacidad para afrontar situaciones de sufrimiento psicológico.

Los investigadores destacan este hallazgo porque el apoyo social aparece más distribuido entre distintos sectores de la población que otros recursos asociados al bienestar.

Una discusión sobre las políticas públicas

Los integrantes del equipo vinculan los resultados con el enfoque de derechos establecido por la Ley Nacional de Salud Mental y cuestionan las perspectivas que reducen el problema a una cuestión individual o exclusivamente médica.

Según sostienen, los datos evidencian la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas a la prevención, la promoción de la salud mental y el abordaje de las causas sociales que generan sufrimiento.

También advierten sobre la falta de financiamiento para la implementación plena de la ley y plantean la necesidad de ampliar los dispositivos territoriales de atención.

“Conviene invertir en servicios territoriales de prevención y promoción que lleguen a más personas”, sostuvo Yoma, quien remarcó la importancia de garantizar acompañamiento profesional antes de que las situaciones deriven en crisis más complejas.

Los investigadores concluyen que el malestar psicológico no puede entenderse únicamente desde la esfera individual. Los datos obtenidos en Córdoba muestran que las condiciones de vida, el acceso al trabajo, la educación, los ingresos y las desigualdades de género tienen un peso decisivo en la salud mental de la población.

Fuente: Redacción UNCiencia.


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