La misión despegó el 1° de abril con cuatro astronautas a bordo de la nave Orión. En su recorrido, ya superó el récord de distancia desde la Tierra y avanza en una serie de pruebas clave para el regreso humano al entorno lunar.

La exploración espacial tripulada dio un nuevo paso con Artemis II, la primera misión con astronautas de la NASA desde la era del programa Apolo. El lanzamiento, realizado el 1° de abril de 2026 mediante el cohete SLS, puso en órbita a la nave Orión con una tripulación compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen.
En las primeras horas del vuelo, los equipos en Houston y los astronautas ejecutaron una maniobra de corrección de trayectoria para ajustar el rumbo hacia la Luna. Según informó la agencia espacial, la operación se inició a las 23:03 (hora del este de Estados Unidos, 00:03 en Argentina) y se extendió durante 17,5 segundos. Luego, la tripulación descansó.
Ya en tránsito, los cuatro integrantes llevaron adelante un conjunto integral de pruebas destinadas a verificar el funcionamiento de los sistemas y las condiciones de habitabilidad. Entre las tareas, se incluyeron la colocación y presurización de los trajes, la detección de posibles fugas, simulaciones de acceso a los asientos y evaluaciones de movilidad, así como la capacidad de alimentarse e hidratarse en condiciones de vuelo.
Estos trajes cumplen un rol fundamental: protegen a los astronautas durante las fases más exigentes de la misión, garantizan soporte vital ante eventuales fallas de presión en la cabina y están diseñados para situaciones de supervivencia tras el amerizaje.
El avance hacia la órbita lunar continuó sin inconvenientes. A las 00:41 del lunes, la nave ingresó en la esfera de influencia de la Luna, momento en el que la gravedad del satélite comenzó a dominar su trayectoria.
Un hito histórico
Durante el sobrevuelo, la misión sumó un logro histórico. La tripulación superó la mayor distancia alcanzada por seres humanos desde la Tierra, un récord que permanecía desde 1970 con la misión Apolo 13. Además, se llevaron adelante configuraciones técnicas de la cabina y observaciones del entorno lunar.
El cronograma incluyó momentos críticos, como la pérdida temporal de comunicaciones durante el paso por la cara oculta de la Luna -una interrupción prevista de unos 40 minutos- y el punto de máximo acercamiento, cuando la nave se situó a 6.530 kilómetros de la superficie lunar.
En paralelo, Orión alcanzó también su mayor distancia respecto a la Tierra, con más de 252.000 millas recorridas, consolidando el carácter histórico de la misión.
El regreso de las comunicaciones coincidió con el llamado “amanecer terrestre”, cuando el planeta volvió a hacerse visible desde la nave al emerger detrás de la Luna. Más tarde, la tripulación fue testigo de un eclipse solar, en el que el Sol quedó oculto por el satélite natural desde su perspectiva.
Con Artemis II, la NASA no solo retoma los vuelos tripulados de larga distancia, sino que sienta las bases para futuras misiones que buscarán llevar nuevamente humanos a la superficie lunar en los próximos años.
