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A 20 años, si Cromañón hubiera sido otro día

Publicado por:El Resaltador

*Por Facundo Nívolo, sobreviviente de cromañon y periodista.

La noche del 30 de diciembre de 2004 tiene las caras de nuestros amigos y amigas. Caras de personas que se les parecían, caras diferentes entre sí y como las nuestras. Cientas y cientos desperdigados a la salida del boliche, del estacionamiento, en las entradas de los hospitales. Vimos gente viva y, que al cabo de unos minutos, dejó de estarlo. Se escurrió la vida en un respiro o entre nuestros brazos.

No hubo más adolescencia ni más beso de las buenas noches. Como el capítulo de los Simpsons en que Bart robó un jueguito del supermercado y entonces Marge decide no darle su beso ni cantarle una canción para dormir porque se da cuenta que su hijo ya no era el niño que fué. A nosotros nos pasó lo mismo. Solo que no robamos, sino que nos robaron. Nos robaron, de mínimo, un pedazo de la vida que debía ser hermoso y lo reemplazaron por una película de terror.

Fracasó el Gobierno de la Ciudad, que era kirchnerista, porque habilitó un lugar inhabitable y uno de los lugares con más aforo de la Ciudad al lado de una de las plazas mas importantes. Un error grosero ¿no? Fracasó el Gobierno nacional porque la Policía Federal recibió las coimas para no controlar nunca nada. Fracasó el sistema de salud, de emergencias. La gestión de riesgos no existía. Fracasó el gobierno macrista que asumió después y debía sanarnos, y a lo largo de estos años los suicidios de sobrevivientes se cuentan por decenas. Fracasó el Gobierno nacional que fue kirchnerista, macrista, frentetodista, y que ahora es de Milei y sino no estaría redactando esto.

La justicia sanciona a la velocidad de los noticieros cuando hay intereses en juego, de monopolios mediáticos, corporaciones alimenticias o para el vergonzoso ajedrez de la política donde juegan ellos solos. Pero resulta que para impartir la reparación de los juicios a las familias, pasan dos décadas y seguimos igual: en la nada. Para cajonear nuestra historia no hay división de poderes. Los ejecutivos de todos los colores, los legislativos y judiciales se dan la mano mientras algún pie empuja nuestra historia abajo de la alfombra.

Somos los nietos y las nietas de Plaza de Mayo no reconocidos. Le pifiamos. Caímos en Plaza Miserere, una especie de triángulo de las bermudas de los derechos humanos. A veces pienso qué hubiera pasado si la tragedia de aquella noche hubiera sido un 5 de octubre, probablemente mejor fecha para recordar porque la verdad que al borde de fin de año nadie tiene ganas de marchar. Ni te cuento los homenajes que se hacen a media mañana, te parte el rayo de sol ahí nomás en la placita. Pobre gente, la que lleva flores a los monumentos, algunos más estructurados, otros más improvisados, algún muralcito, un altar en casa, lo que venga. En la Matanza, en Munro, en Gerli, en Floresta o donde sea.

¿Qué hubiera pasado si en vez de Aníbal Ibarra, la masacre le hubiera caído a un Larreta? ¿Hubiéramos tenido un acto de reconocimiento en la Casa Rosada? ¿Hubiera venido el presidente a visitarme al hospital?¿o no, tampoco? Porque no “caímos en la lucha». Seguíamos el único norte que existía en ese momento, el rock que te decía las cosas en la cara. Para el entonces, para nuestra edad y nuestra tribu, era la forma de combatir al capital. Pero no, no cierra. No garpamos del todo.

Finalmente, somos como un apéndice lejano del 2001, del 26 de junio de 2002. Pobre Maximiliano Kosteki. La verdad es que si no lo mataban en el Puente Avellaneda, estoy seguro que hubiera venido a Cromañón a ver a Callejeros con nosotrxs. Seguro que si Darío hubiera estado, habría hecho lo mismo que hizo en la estación. Que es básicamente lo que hicieron cientos y cientas de chicas: Volver a entrar. Porque no se trataba ni nunca se trató, solamente de la propia vida. O sí, porque tal vez, la de los otros constituía y constituye la vida nuestra también.

Son infinitas las personas que volvieron y se dejaron para salvar a otrxs. En un instante de tiempo donde todo falló, y donde se falló para favorecer el lucro, la coima, aparecieron -como siempre- los más heridos. Las personas más tiroteadas, las drogadictas como nos dijeron los fachos, las malas madres como dijeron los medios, los «sin-futuro», porque así tratan algunas épocas a sus pibes.

Quizás si hubiera sido en otra fecha, quizá si hubiera sido bajo el signo de otro gobierno, quizás porqué, diría Sui Generis. Quizás hubiéramos merecido un acto, un homenaje, una ley de reparación más digna, que nos reconozcan, que terminen los juicios y nos pidan perdón.

La generación Cromañón: Hicimos lo que pudimos, hacemos lo que podemos con lo que hicieron de nosotros. Con infinitos errores, hay algo de lo que perseguimos que aún está guardado en las letras de las canciones y más aún, en los últimos suspiros de chicos y chicas que volvieron a entrar a la República de Cromañón para salvar una vida más y otra y otra. Hasta olvidarse de la suya y fundirse en la oscuridad.

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