Según un informe realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, entre 2010 y 2025 la tasa de desocupación se mantuvo baja en términos históricos pero ganaron protagonismo las formas precarias de empleo, se amplió la brecha de ingresos y retrocedieron las negociaciones colectivas.

La tasa de desocupación en Argentina aún se mantiene relativamente baja en relación a otros momentos del país, a pesar del industricidio: en el primer trimestre de 2026 fue del 7,8%. Pero si se quiere entender el panorama laboral nacional no alcanza con mirar cómo sube o baja la cantidad de personas empleadas, sino lo que sucede con quienes teniendo empleo, viven cada vez peor.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) se hizo esta pregunta y realizó un estudio para analizar la evolución de la estructura del empleo en Argentina en el período entre 2010 a 2025.
El informe muestra cómo, en tan solo 15 años, la estructura del mundo laboral en nuestro país viró hacia trayectorias cada vez más precarizadas.
«Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo»
El estudio titulado «Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la Argentina (2010-2025)» toma los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). A cargo de las y los investigadores Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, el informe asevera: «La continua activación de fuerza de trabajo no se tradujo en incrementos de la desocupación porque tomó forma en un proceso de absorción laboral regresiva, con alzas simultaneas de la participación, el empleo, el sector microinformal y la precariedad«.
Según Ramiro Robles en declaraciones al medio Perfil, el período temporal elegido tiene que ver con el momento de desaceleración del «gran ciclo ascendente que tuvo Argentina a principios del siglo XXI, en paralelo al resto de América Latina», explicó.
En ese período la estructura laboral sufrió transformaciones profundas en poco tiempo. «Hay cuestiones estructurales que ya estaban vigentes antes, como el sector de microempresa y el autoempleo, pero principalmente lo que encontramos es que, en un período que inicia con mayor intensidad con la crisis de 2018 y se consolida con la salida de la pandemia, hay un proceso que involucra simultáneamente crecimiento ininterrumpido del autoempleo, condiciones más precarias y crecientes riesgos de pérdida de ingresos para la población ocupada«, afirma Robles.
La precariedad aumentó incluso dentro del empleo formal privado
Entre 2010 y 2025, el sector formal privado cayó de 36,6% a 35% del empleo total, y el sector público bajó de 17% a 16,7%. A la par, el sector laboral «microinformal» que comprende a changas, autoempleo no registrado (como el de conductores de Uber y repartidores de Rappi o Pedidos Ya) y asalariados sin aportes subieron: del 46,4% a 48,3% del empleo total. El no asalariado informal fue el sector que más creció, pasando del 28,2% al 31,7%.
La precariedad laboral aumentó más allá de la informalidad. Dentro del sector formal privado, las condiciones de precariedad laboral pasaron de 25,9% a 29,1%. Además, 4,5% de trabajadores asalariados formales están por fuera de Convenios Colectivos de Trabajo (CCT), impactando en la fuerza de las negociaciones colectivas.
Creció la brecha de ingresos y hay más obstáculos de acceso al empleo formal
El informe visibiliza cómo en quince años aumentó la brecha de ingresos en Argentina. Según su modelo estadístico, un trabajador del sector privado formal tiene 18 veces más chances de ubicarse en el estrato de ingresos más alto que en el más bajo. Para un trabajador informal precario, las chances son del 0,12, casi sin posibilidad de movilidad social ascendente.
A su vez, comparando los años 2011-2013 con 2023-2025, entre las y los desocupados aumentó la cantidad de personas que consiguieron trabajo mediante el autoempleo microinformal y disminuyeron las chances de acceder a un empleo asalariado formal o público. Aumentó también la proporción de trabajadores que, viniendo de un empleo formal, terminaron desempeñando actividades informales y cuentapropistas.
«Eso sugiere más obstáculos para acceder a empleos productivos y más protagonismo de las estrategias de empleo autogenerado«, señala el informe, que define el proceso como una «reorientación regresiva de las trayectorias» laborales. La movilidad ocupacional no permitió el ascenso social sino que funcionó más bien como bastión de trabajadoras y trabajadores para sostener la continuidad laboral aunque sea en peores términos.
Se retrajo la negociación colectiva, las condiciones productivas son adversas y se generó poco empleo de calidad
El investigador y economista Ramiro Robles señaló tres grandes causas que explican el deterioro del mundo laboral sufrido en los últimos quince años. Primero, «hay un proceso de retirada paulatina de la negociación colectiva, del rol que tienen las negociaciones sindicales y paritarias en el mundo del trabajo». En ese sentido, si bien el sindicalismo continúa siendo representativo de una porción de trabajadores, este segmento está en retracción.
En segundo lugar, a nivel macroeconómico aumentó el estancamiento y la adversidad de las condiciones productivas, «que tienen que ver con una macro muy inestable y frágil en términos externos, y con una creciente falta de margen de maniobra fiscal por parte del Estado«, afirmó Robles.
Por último, el autor acucia una tercera razón más de tipo estructural, vinculada a la heterogeneidad del sistema económico-productivo nacional: «Argentina tiene una dificultad para reconciliar a sus sectores productivos más dinámicos —los que están más cerca de la frontera tecnológica mundial, el modelo agroindustrial y ahora también las exportaciones extractivas de hidrocarburos y minería— con la generación de puestos de trabajo y el arrastre de aquellos sectores más intensivos en trabajo, pero rezagados tecnológicamente«, explicó.
Estas tres razones conducen a un panorama como el actual que, lejos de las cifras de desempleo de la crisis del 2001, aún así está muy lejos de ser deseable. Trabajo hay, pero cada vez en peores condiciones, con menos derechos laborales, menos ingresos y mayor imprevisibilidad.
Respecto a la reforma laboral que impulsó el Gobierno Nacional, Robles explicó a Perfil que no alcanza con darle marco institucional a la flexibilidad laboral de hecho para reiniciar el crecimiento económico, reactivar el empleo y los salarios: «Ninguna reforma laboral por sí sola genera eso: existen también otras cuestiones productivas detrás de las decisiones de inversión de las empresas, que tienen que ver con el consumo y con las expectativas de crecimiento».
En conclusión, el informe de la UCA resume de este modo el escenario laboral desde 2010 hasta la actualidad: «la pauta de movilidad se ha vuelto más regresiva, con mayor protagonismo del sector microinformal de refugio, de la precarización y los bajos ingresos».

