Las trabajadoras del Polo cuestionaron la decisión de las autoridades de renovar el vínculo laboral de quienes finalizan próximamente sus residencias bajo la modalidad de monotributo, sin diálogo y precarizando empleadas cuyas obligaciones exceden a dicha categoría.

Las trabajadoras del Polo Integral de la Mujer rechazaron la decisión de las autoridades de continuar en condiciones de precarización, luego de que se diera a conocer que aquellas personas prontas a finalizar su residencia continuarían el vínculo laboral como monotributistas.
Desde hace más de tres meses que las trabajadoras del Polo junto con el Colegio de Psicólogos, el Colegio de Profesionales en Trabajo Social y ATE Córdoba solicitan que se abra una mesa de diálogo para discutir su continuidad laboral y condiciones de trabajo. Hasta el momento no obtuvieron respuesta alguna.
La última novedad es que, a pocos días de que se vencieran los contratos de residencias de muchas trabajadoras, fueron notificadas individualmente de una decisión tomada sin consulta: continúan en sus puestos pero bajo la modalidad de monotributo, un hecho que calificaron de «retroceso» en sus derechos laborales.
En el documento difundido, las empleadas del Polo de la Mujer afirman que durante años los equipos de trabajo se sostuvieron como monotributistas, lo que implica una contratación precaria e inestable con un marco de protección muy por debajo del empleo en blanco en relación de dependencia.
El texto continúa remarcando que las tareas desempeñadas son permanentes, cumplen horarios, la asistencia al puesto de trabajo es obligatoria y las responsabilidades a cargo de las trabajadoras son continuas. Las expectativas sobre las trabajadoras son, en la práctica, idénticas a las de un empleo en relación de dependencia, pero la contratación continúa siendo bajo la figura de monotributo, un régimen pensado para prestaciones independientes.
En el caso del Polo, la situación laboral descrita podría calificar como una relación de dependencia encubierta: obligar a las trabajadoras a inscribirse como monotributistas sería un fraude laboral de los empleadores para evadir el pago de cargas sociales. Como agravante, la decisión de continuar explotando bajo contrataciones precarias a las trabajadoras del Polo fue anunciada verticalmente, sin ningún tipo de discusión o diálogo previo con quienes sostienen diariamente un espacio de contención clave en casos de violencia de género en Córdoba.
Salud laboral y riesgos psicosociales
Otro punto de conflicto es la imposición de jornadas de 40 horas semanales. En este sentido, las trabajadoras remarcan que asistir de modo integral y cotidiano situaciones de violencia de género tiene riesgos sanitarios psicosociales.
La sobrecarga laboral unida a un marco de explotación con nulos beneficios y un trabajo que por sus propias características expone a las personas a situaciones de alto estrés redunda en un cuadro de desgaste físico, emocional y mental para las trabajadoras.
A su vez remarcan que el impacto no recae solamente en ellas, sino que condiciona la calidad de la atención que pueden brindar a víctimas de violencia de género.
Por estas razones, las trabajadoras del Polo de la Mujer se declararon en estado de alerta y reiteraron el pedido de una mesa de trabajo para debatir las condiciones laborales y poner fin a las modalidades precarias de contratación.

