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El Mundial de Fútbol y la construcción de identidad nacional

Publicado por:Anouk Rubini

En una entrevista a UNCiencia, el investigador y docente Franco Reyna analiza desde una perspectiva cultural los sentimientos e ideas que despierta el fútbol en nuestro país: pasión, nación, idolatría y pertenencia comunitaria, especialmente condensadas en cada edición del Mundial.

Franco Reyna es docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e investigador en el Instituto de Estudios Históricos (IEH) del CONICET, en donde se dedica al estudio del deporte desde la historia social y cultural.

Reyna conversó con Lucas Gianre en una entrevista para el medio UNCiencia, que difunde la ciencia producida localmente por investigadoras e investigadores de la UNC, respecto a los sentimientos e ideas que despierta el fútbol en Argentina y que cada cuatro años alcanzan su máxima intensidad en el Mundial.

«El Mundial de Fútbol es uno de los momentos en los que nos pensamos y actuamos más abiertamente como comunidad»

Reyna retoma el concepto de «comunidad imaginada» de Benedict Anderson para explicar la relación entre el fútbol, el evento del Mundial y la sociedad argentina.

«Compartimos una experiencia colectiva que nos permite pensarnos como comunidad nacional, porque de alguna manera hacemos esa asociación entre una selección de fútbol y un país. Eso claramente es una ficción que parte de una idea de «comunidad imaginada» que han planteado autores como Benedict Anderson. Esa categoría implica que no nos conocemos todos, no nos vamos a conocer, pero aún así nos sentimos representados como miembros de una misma colectividad. Y eso que se ha imaginado no significa que sea falso, sino que es una construcción simbólica y produce sentimientos reales de pertenencia«, explica el investigador.

Reyna procede explicando que el fútbol «encarna simbólicamente el país» aunque sean solo varones y jóvenes. Las victorias y derrotas de los partidos son vividas como si fueran de todos, de la nación entera.

El mundial como ritual

Según Franco Reyna, el mundial es un ritual que si bien construye consensos sociales amplios y suspensión momentánea de las diferencias, tiene efectos más pasajeros que otros rituales como la política o la religión.

«Hay una idea de algo así como simultaneidad emocional que no sé si
logra tanto en otros ámbitos o, al menos, de manera tan masiva. Obviamente
también existe toda una industria por detrás que la forma, la condiciona y que
es muy rentable«, apunta Reyna».

En el fútbol local se tejen identidades con vínculos territoriales concretos y comunidades con redes de sociabilidad directas, pero el sentido de identidad que se construye y actúa en los mundiales es mucho más amplio en tanto apela a un sentir nacional. En esa línea, el deporte permite construir imaginarios de país, de «comunidad imaginada» en los términos de Anderson. Según el investigador y docente, en Argentina estas operaciones de sentido en torno al fútbol comenzaron en las décadas de 1920 y 1930 y continúan hasta hoy.

Las olas migratorias de fines de siglo XIX, tanto internas como externas, requerían la elaboración de una identidad nacional integradora. Reyna retoma al autor Pablo Alabarces, que establece dos maneras en las que el Estado construyó y construye la identidad argentina: por un lado la escolarización con sus rituales, y por el otro la industria cultural.

Esta última se encargó de producir y difundir mediáticamente, desde el siglo pasado, narrativas en las que se asocia el fútbol a la nación. «Y en esa misma operación se asimilan ídolos deportivos a ídolos nacionales. Los héroes populares son más reales, están más al alcance», explica Franco Reyna.

Agrega también que la invención de la idea de un estilo propio de juego, diferente al de otras naciones como Inglaterra y que en nuestro caso adquiere las características de la picardía, la gambeta y el espíritu «criollo», fue parte clave del proceso: «Opera la construcción del “otro” como rival, como “enemigo” del cual hay que diferenciarse para construir lo propio«.

El investigador explica que ese enemigo también pueden ser los propios jugadores: mientras que en las victorias se exalta a los ídolos por su «potrero» y sacrificio por la camiseta, en las derrotas pueden aparecer valoraciones que caractericen a los jugadores como egoístas, individualistas o motivados por el dinero.

Los usos políticos del Mundial no tapan realidades urgentes

Si bien Reyna remarca que el mundo del fútbol es una industria global y por tanto tiene todo un aspecto mercantil, hay escenarios en los que esa lógica es más visible. Tal es el caso de este Mundial al cual Estados Unidos (uno de los 3 países anfitriones), país de poca tradición futbolística y meca del capitalismo, le imprime una lógica particularmente comercial.

«Pienso, por ejemplo, en la “pausa de hidratación”. Todos sabemos que más allá
del clima es una estrategia publicitaria muy común en deportes estadounidenses. No importa si los partidos se juegan de noche o en climas
más frescos: la pausa se va a hacer igual. Y los precios de las entradas son
carísimos, alejan al público habitual de este deporte. A eso se suma que
estamos hablando de Estados Unidos, un país que está en guerra con otros, que
avala genocidios, que reprime y persigue a inmigrantes propios», destaca Reyna.

El investigador cierra con una reflexión respecto a los usos políticos del Mundial. Si bien entiende que es un momento que muchos políticos aprovechan para tomar medidas impopulares mientras la población está «distraída» con el fútbol, Reyna cuestiona la real capacidad del Mundial para desviar el foco cuando los problemas sociales y económicos son tan evidentes y cotidianos.

«Probablemente, ahora se quiera avanzar en temas como privatizaciones, extranjerización de la tierra, la declaración jurada de Adorni, o la eliminación de las PASO. De todos modos, no tengo claro hasta dónde funciona eso, porque la gente tiene que seguir yendo a comprar comida en pleno mundial, comprar remedios, ropa, tiene que seguir usando el transporte, tiene que seguir pagando tarjetas, o el costo del colegio. Y ahí no hay show que tape la realidad. Las emociones que genera el mundial tienen un efecto pasajero que no inciden políticamente. Los problemas siguen estando latentes porque la realidad golpea cotidianamente, así que me parece que esa idea de que el mundial puede tapar, depende de quién la mire«, concluye.

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