Encuestas recientes muestran un aumento del descontento social frente al gobierno de Javier Milei. Caída en la confianza, deterioro de salarios y empleo, y una percepción creciente de que la mejora económica no alcanza a la vida cotidiana.

Mientras el Gobierno nacional sostiene su discurso de orden macroeconómico, comienzan a acumularse señales que muestran una creciente desconexión entre los indicadores oficiales y la realidad cotidiana de amplios sectores de la sociedad.
El programa económico de la administración de Javier Milei, centrado en alcanzar el superávit fiscal, contener el dólar y reducir la inflación, exhibe resultados heterogéneos. Los datos positivos se concentran en sectores puntuales como el financiero, el energético, el minero y el agroexportador. Sin embargo, las actividades con mayor capacidad de generación de empleo -como la industria, la construcción y el comercio- continúan sin mostrar signos claros de recuperación.
Ese desbalance tiene consecuencias concretas. Durante el último año se perdieron alrededor de 200.000 puestos de trabajo registrados, al tiempo que los salarios del sector privado formal y las jubilaciones mínimas quedaron por detrás de la inflación, erosionando el poder adquisitivo. A esto se suma el crecimiento de formas de trabajo independiente sin protección social, en un mercado laboral cada vez más fragmentado.
Pese a este escenario, el Gobierno mantiene una postura invariable. Sostiene que el ajuste terminará “derramando” beneficios sobre el conjunto de la sociedad. No obstante, ese horizonte aparece cada vez más lejano para una parte significativa de la población.
Diversos analistas advierten que el principal interrogante ya no pasa por los indicadores técnicos, sino por la tolerancia social frente a este esquema. Incluso comienzan a emerger dudas en el plano financiero, donde la persistencia del riesgo país elevado y las dificultades para acceder a crédito externo se vinculan, en parte, con la incertidumbre política y las expectativas sobre la continuidad del proyecto oficialista.
En paralelo, los estudios de opinión empiezan a reflejar ese malestar. Según un relevamiento de la Universidad de San Andrés, los bajos salarios (37%) y la falta de empleo (36%) se consolidaron como los principales problemas del país, por encima de la corrupción (33%). La preocupación por la situación laboral también fue señalada en informes recientes de consultoras privadas.
Uno de los datos más sensibles es el cambio en las expectativas: el 46% de los argentinos cree que la situación del país empeorará en el próximo año, frente a apenas un 30% que mantiene una visión optimista. Esta caída en la esperanza resulta clave, ya que buena parte del respaldo inicial al Gobierno se sostenía en la expectativa de una mejora futura.
En ese marco, solo uno de cada tres encuestados se declara satisfecho con la marcha general del país, mientras que un 65% expresa insatisfacción. La imagen del Gobierno también se resiente. La aprobación se ubica en 39%, frente a una desaprobación del 59%, con un incremento de siete puntos respecto de la medición anterior.
Las políticas impulsadas por la Casa Rosada tampoco logran consenso pleno. Mientras que la baja de la edad de imputabilidad reúne un apoyo mayoritario (68%), la reforma laboral aparece como uno de los puntos más resistidos, con un 59% de rechazo.
En la misma línea, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella registró en marzo una caída del 3,5% respecto de febrero y del 4,9% en comparación con el mismo mes del año anterior. Se trata del tercer descenso consecutivo, lo que acumula una baja del 6,5% en lo que va de 2026 y lleva el promedio de la gestión a su nivel más bajo desde el inicio del mandato.
Los retrocesos más marcados se dieron en la evaluación general del Gobierno (-9,2%) y en la percepción sobre su preocupación por el interés general (-6%). Aunque el componente de “honestidad” se mantiene relativamente alto, también muestra un leve deterioro.
Otro dato relevante es la brecha por género. Mientras la confianza entre los hombres cae marginalmente (-0,8%), entre las mujeres el descenso es mucho más pronunciado (-8,5%). A su vez, las expectativas económicas muestran un deterioro significativo, con una caída del 15% en la confianza en una mejora futura.
En este contexto, el relato oficial de estabilidad macroeconómica comienza a tensionarse con una realidad social que no encuentra alivio. Cuánto tiempo puede sostenerse un programa que muestra logros en los números, pero dificultades crecientes en la vida cotidiana.
