Consiguió la Presidencia en su tercer intento. Un ultra derechista que reivindica al dictador, pero con un estilo lejos del histrionismo de Milei o Bukele.

En su tercera postulación a la Presidencia, el ultraderechista José Antonio Kast finalmente consiguió derrotar en segunda vuelta a Jeannette Jara (que representaba la continuidad del proyecto de Gabriel Boric, presidente saliente) y volverse el primer mandatario de Chile.
Kast, fundador del Partido Republicano de Chile, ganó el balotaje por amplio margen: obtuvo el 58,2% de los votos contra el 41,8% de Jara, según resultados con más de 99% de las mesas escrutadas. Estas elecciones fueron marcadas por el regreso del voto obligatorio, lo que redundó en una participación histórica de sectores habitualmente ausentes en comicios pasados.
Javier Milei no tardó en celebrar a quien considera su nuevo aliado regional tuiteando el pasado domingo «Viva la libertad, carajo», incluso antes del anuncio del oficialismo chileno reconociendo la derrota.
Si bien Kast es un político de ultra derecha, llegando a decir «Si Pinochet estuviera vivo, yo creo que votaría por mí» en su primera candidatura en 2017, su estilo se relaciona mucho más a la política tradicional que a personajes como Milei, el salvadoreño Bukele o el estadounidense Donald Trump (aunque manteniendo guiños a sus pares: Kast también habla de hacer Chile grande otra vez).
El perfil de Kast: seguridad, mano dura y migración
Según el politólogo chileno Andrés Dockendorff en diálogo con PERFIL, José Antonio Kast es un político profesional: «Kast no se parece a Milei. No solo desde el punto de vista de la retórica o del estilo político, sino desde la trayectoria. Es un político mainstream, convencional».
Respecto a otros representantes de ultra derecha en el mundo, Kast es pura «casta». Hizo carrera política toda su vida, aunque construyendo una figura lo suficientemente moderada como para aprovechar el descontento chileno por el crimen organizado y el estancamiento económico en su favor.
El nuevo presidente chileno es un conservador religioso y pinochetista, que intentó tres veces ser primer mandatario del país hermano y hoy es la cara de una reacción conservadora institucional en lugar de rupturista.
Para el analista político, el voto no fue tanto en apoyo a su figura sino más bien en rechazo al oficialismo de Boric: «No es que haya una mayoría ideológicamente de derecha dura sino que se trata de una mayoría que vota contra el gobierno», señaló Dockendorff.
José Antonio Kast es abogado, exdiputado y líder del Partido Republicano (que cuenta con apoyo del Partido Social Cristiano). Es el menor de diez hermanos, hijo de inmigrantes alemanes instalados en Paine. Su padre fue teniente durante el régimen nazi. Su hermano mayor, Miguel Kast, fue director de Odeplan, ministro del Trabajo y Previsión Social y director del Banco Central durante la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte.
José Antonio mantuvo consistentemente una ideología de ultra derecha desde su juventud, votando la continuidad del gobierno de facto en el histórico Plebiscito y reivindicando el proyecto pinochetista especialmente en lo económico.
Estudió Derecho en la Universidad Católica y fue muy marcado por Jaime Guzmán, ideólogo de la Constitución de 1980, fundador del gremialismo y defensor de una corriente política que proponía valores católicos y una concepción normativa del orden social.
Durante su trayectoria política, el electo Presidente chileno se mantuvo firme en su apoyo a la dictadura y otros varios temas (se opuso al divorcio, a la pastilla del día después, al aborto en tres causales y al matrimonio igualitario), a contramano de otros políticos derechistas que buscaban modernizarse. Se posicionó fuertemente contra el estallido social del 2019 y en favor de los carabineros, confrontando con las protestas donde otros representantes apoyaban o se mantenían en silencio.
Esa intransigencia que lo mantuvo un tanto al margen durante años se convirtió en parte de su victoria: al virar hacia un enfoque más práctico canalizando el descontento popular en la seguridad y la economía, Kast ganó las elecciones en Chile con un fuerte posicionamiento de mano dura y contra la inmigración ilegal (especialmente la venezolana), en un momento de crímenes inéditos para el país limítrofe relacionados al sicariato y al narcotráfico.
«Quiero decirles a los inmigrantes irregulares que les quedan 111 días para dejar Chile voluntariamente. Sino los vamos a detener, retener y expulsar», declaró Kast, a pesar de sus propios orígenes migrantes con papeles falseados: su padre entró a Chile ocultando su participación en la Wehrmacht como teniente (el nuevo presidente chileno siempre lo justificó en nombre de la «obediencia debida»).
Para Dockendorff, «Kast es muy conservador, más que Piñera, sobre todo en lo valórico y en seguridad. Pero no veo que represente una amenaza a la democracia. Nunca ha dicho que va a saltarse las reglas, la Constitución o la democracia representativa. El presidente de su partido es un abogado constitucionalista. En esta elección decidió no jugar la carta conservadora y apostar al gobierno de emergencia. Además, no tener mayoría parlamentaria no lo afecta tanto porque su programa no incluye grandes reformas constitucionales».
«Los chilenos no lo votaron para dar una batalla cultural»
El analista político marca las diferencias entre el presidente chileno y el argentino. Para Dockendorff, Kast no debe repetir el error de Milei, de insistir demasiado con la «batalla cultural» contra el progresismo, olvidando que quienes lo apoyan lo hacen por rechazo al gobierno anterior y por preocupaciones económicas y de seguridad, no por cruzadas morales.
«Los chilenos no lo votaron para dar una ‘batalla cultural’ sino por la seguridad y economía (…) El riesgo es repetir el error de Milei: dedicar energía a la batalla cultural y perder apoyo. En cambio, Kast mira el caso Meloni: campaña dura, llegada al gobierno y moderación. Kast, además, tiene un temperamento muy distinto a Milei. No es agresivo. Puede tener alineamientos en algunas materias, pero es mucho más institucional».
Kast se enfoca mucho más en reestablecer cierto orden social interno («Vamos a restablecer el respeto a la ley», declaró en su victoria) mediante la gobernabilidad. «En Chile las reglas todavía funcionan, por eso Kast no necesita romperlas», concluyó el analista.

