La Asamblea General de la ONU volvió a reclamar el fin del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, con 165 votos a favor y apenas 7 en contra. Por primera vez en décadas, Argentina se alineó con Estados Unidos y rechazó la resolución.

La Asamblea General de la ONU aprobó este jueves, con 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones, una resolución que reclama el fin del histórico bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde la década de 1960.
Argentina votó junto a Estados Unidos, marcando un giro drástico en su política exterior.
La administración de Javier Milei decidió acompañar la posición estadounidense y respaldó la continuidad de las sanciones contra La Habana. Desde hace más de tres décadas, la ONU vota mayoritariamente contra el embargo en una señal persistente y global de rechazo a esa política.
El cambio de postura no pasó desapercibido. En 2024, la entonces canciller Diana Mondino votó en línea con la tradición diplomática argentina y apoyó el fin del bloqueo, una decisión que se interpretó como uno de los factores que precipitaron su salida del gabinete.
Con este nuevo voto, el Gobierno consolida un alineamiento explícito con Estados Unidos y se aleja de la histórica política exterior argentina basada en la defensa del multilateralismo y el derecho internacional.
El bloqueo a Cuba: impacto y debates globales
El embargo impuesto por Estados Unidos contra Cuba, vigente desde 1962, constituye uno de los regímenes sancionatorios más prolongados del mundo.
Organismos como la ONU y diversas organizaciones de derechos humanos criticaron de manera sistemática esta medida, señalando que afecta gravemente la economía cubana y deteriora las condiciones de vida de su población, con especial impacto en el acceso a insumos médicos, alimentos y tecnología.
Para la mayoría de los países, se trata de una política anacrónica, heredera de la Guerra Fría y contraria al derecho internacional y al principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
La posición histórica de Argentina
Argentina mantuvo tradicionalmente una posición contraria al bloqueo, argumentando que la política de sanciones viola principios elementales de soberanía, autodeterminación y respeto al derecho internacional.
Desde la recuperación democrática en 1983, la diplomacia argentina sostuvo una postura constante a favor del levantamiento del embargo, inclusive en momentos de tensión o distancia política con La Habana.
El voto del Gobierno de Milei quiebra esa tradición y reconfigura el lugar de Argentina en el tablero internacional, alineándola plenamente con Estados Unidos en una disputa global donde la mayoría de los países optaron por condenar el bloqueo como un mecanismo inútil, coercitivo y contraproducente.
Más allá del plano diplomático, este cambio de posición plantea interrogantes sobre el futuro del rol argentino en escenarios multilaterales, su relación con los países de América Latina y su compromiso con principios que históricamente guiaron su política exterior.

