Una iniciativa nacida en el Valle de Calamuchita busca revalorizar la algarroba como ingrediente para bebidas artesanales. “Sed de Algarroba” fue el único proyecto del país seleccionado por los fondos globales de la Negroni Week, impulsados por Slow Food Internacional. Detrás de la propuesta, una articulación entre Slow Food Calamuchita y el Foro de los Ríos que une sostenibilidad, innovación y orgullo local.

Desde el corazón del Valle de Calamuchita, un fruto del monte nativo vuelve a ser protagonista. “Sed de Algarroba” es el nombre del proyecto argentino reconocido por Slow Food Internacional dentro de los fondos globales de la Negroni Week, una iniciativa que financia experiencias gastronómicas sostenibles en todo el mundo.
El proyecto -que se lanzará oficialmente a fines de octubre- propone un concurso de bebidas artesanales elaboradas a base de algarroba, con el objetivo de fomentar la innovación productiva, el turismo responsable y la revalorización ambiental en los valles cordobeses.
La propuesta surge de la Comunidad Slow Food Calamuchita, integrada por familias cosecheras, productores, consumidores y activistas, en articulación con el Foro de los Ríos, una asociación civil que trabaja por el desarrollo sustentable y la calidad de vida en la región.
“Hace diez años que trabajo con la algarroba. Tengo un emprendimiento que se llama Secreto Campesino y hace dos formamos la comunidad Slow Food Calamuchita. Desde allí promovemos los alimentos del bosque nativo y una forma de producir que respete la tierra y a las personas”, contó Florencia Alloni, productora y una de las impulsoras del proyecto.
Alloni explicó que “Sed de Algarroba” fue el único proyecto argentino beneficiado por este fondo internacional, que se nutre de los aportes recaudados durante la Negroni Week, una campaña global impulsada por Campari y Slow Food.
“Nos presentamos junto al Foro de los Ríos, una organización que tiene un trabajo muy fuerte en lo ambiental -limpieza de lagos, acompañamiento a productores vitivinícolas, escuela de oficios- y fuimos seleccionados entre propuestas de todo el mundo. Es una alegría enorme”, destacó.
Un concurso con impacto territorial
La convocatoria estará dirigida a productores de bebidas fermentadas, destiladas o no alcohólicas de Calamuchita y otros valles cordobeses. Podrán participar emprendimientos habilitados que ya estén en funcionamiento, y el proceso incluirá capacitaciones, asesoramiento técnico y acompañamiento académico.
Participarán la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Villa María, el INTI, la Asociación de Hoteleros de Villa General Belgrano y otras instituciones vinculadas a la gastronomía y el turismo.
El concurso seleccionará tres bebidas ganadoras, una por cada categoría, que recibirán mil dólares para poner en marcha su línea de producción. Además, el INTI acompañará la etapa de formalización e inscripción de los productos para su ingreso al mercado.
“Queremos que este proceso no quede solo en una competencia, sino que impulse la creación de una cadena de valor en torno a la algarroba. Cada bebida desarrollada va a motorizar trabajo local, cosecha, producción y consumo consciente”, explicó Alloni.
El valor del algarrobo
Más allá de su potencial gastronómico, el proyecto busca reconectar con el monte nativo y sus especies. Alloni destacó el papel del algarrobo como árbol clave en la restauración ambiental y la soberanía alimentaria:
“El algarrobo enriquece, protege y estabiliza el ambiente. De nuestro bosque nativo queda menos del 3% y estamos atravesando una emergencia hídrica y de desertificación. Este árbol fija nitrógeno en el suelo, mejora su fertilidad, da sombra, regula la temperatura y resiste la sequía. Es un árbol que sostiene la vida: al suelo, a la fauna y a las personas.”
El fruto del algarrobo -una vaina dulce que se transforma en harina, café o arrope- ahora será la base de una nueva generación de bebidas locales. “Tiene fibra, antioxidantes, calcio, magnesio y proteínas de alta calidad. Además, contiene triptófano, un aminoácido esencial que ayuda a producir serotonina, la llamada hormona de la felicidad. Es alimento y salud al mismo tiempo”, explicó Florencia.
Tradición, territorio y futuro
“Sed de Algarroba” propone un camino que combina identidad y modernidad: recuperar el valor de un fruto ancestral y convertirlo en motor de innovación. Desde Calamuchita hacia el mundo, la iniciativa busca mostrar que la sostenibilidad también puede tener sabor local.
“Queremos que la gente vuelva a mirar los algarrobos, que los cuide, que los plante. Si cada persona sembrara dos árboles por año, podríamos empezar a revertir la pérdida de fertilidad del suelo y la crisis ambiental que enfrentamos”, concluyó Alloni.
Sobre las organizaciones
La Comunidad Slow Food Calamuchita promueve el consumo de alimentos del bosque nativo y está integrada por familias cosecheras, productores, consumidores y activistas.
El Foro de los Ríos, por su parte, trabaja por el desarrollo sustentable, el turismo rural y la producción inclusiva en las localidades del valle. Ambas organizaciones fueron seleccionadas entre proyectos de todo el mundo para ejecutar esta propuesta que une gastronomía, territorio y sostenibilidad.
