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Matrimonio Igualitario en tiempos libertarios: «Yo soñé con otra sociedad para mi hijo, y no pienso renunciar a ese sueño»

Publicado por:Emilia Urouro

En la madrugada del 15 de julio de 2010, una noche de frío intenso, una multitud realizaba una vigilia alrededor del Congreso de la Nación para ser testigos de un hecho histórico: con 33 votos a favor y 27 en contra, el Senado aprobaba la Ley 26.618, conocida como Ley de Matrimonio Igualitario.

Argentina atraviesa un momento histórico complejo. Hay discursos que fomentan la exclusión de aquello que se sale de «la norma», mensajes conservadores que en un momento creímos haber superado.

Según el Observatorio de Crímenes de Odio, impulsado por la organización FALGBT+ y las Defensorías de Provincia de Buenos Aires y CABAen el año 2024 hubo 140 crímenes de odio, lo que significa un aumento respecto al 2023.

En este contexto, se conmemoran 15 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario. Esta normativa fue la culminación de un proceso que comenzó con el regreso de la democracia a través del cual, en forma paulatina, se incorporó el principio de igualdad y no discriminación en las relaciones familiares y personales.

Para avanzar en este derecho de igualdad, nuestro país fue pionero, no tan solo en Latinoamérica (primer Estado de la región en aprobar este derecho), sino en el mundo.

La iniciativa fue el motor para una seguidilla de otras políticas de igualdad, inclusión y construcción de ciudadanía como la Ley 26.743, de Identidad de Género, el Decreto 1006/2012, de Reconocimiento Igualitario y la Ley 26.862, de Fertilización Asistida.

Hablamos con Ángela Alessio, docente, política y activista LGTBQ, quien fue una figura clave en Córdoba para militar este derecho hace 15 años.

«El rol que me tocó fue de menor a mayor, junto a mi hermano Nicolás que en aquel momento era cura nos pusimos esta lucha al hombro. No podía ser ajena cuando no solo era parte del colectivo, sino que había sido una de las primeras que decidió tener un hijo por inseminación» relató la entrevistada.

Angela Alessio, docente, política y activista LGTBQ.

Ángela pasó por un proceso injusto a la hora de ser madre, puesto que no existían leyes ni derechos en ese sentido. Todo eso la motivó a ser parte de un hecho histórico que recuerda como si fuera hoy: «Viajamos con mi hermano y unas amigas a Buenos Aires, la presencia y la participación son claves en estas luchas».

Con la normativa, las parejas del colectivo LGTBQ que formalizan su vínculo cuentan con los mismos derechos que el resto de las uniones, accediendo a previsiones sociales, tomando decisiones de salud en forma conjunta, decidiendo sobre la guarda de sus cuerpos, contando con derechos de herencia, de adopción, e inscripción conjunta de las niñas y niños nacidos en el marco del matrimonio igualitario.

La violencia aumenta

Las organizaciones de la diversidad advierten sobre el aumento de agresiones hacia el colectivo, en parte por la eliminación de políticas públicas y la legitimación de discursos de odio por parte del Estado.

En esa línea, Alessio es contundente: «estamos viviendo una época nefasta». Considera que lo más grave y peligroso es el apoyo de una gran parte de la sociedad que repite «este discurso perverso y enerva el odio hacia grupos y colectivos minoritarios».

«Este Gobierno nos ve como enemigos o como elementos a eliminar y eso escala en algunas personas. En esta realidad, todos los derechos conquistados corren peligro, no solo el de matrimonio igualitario, sino todos, basta con escuchar el discurso del presidente y sus ministros. Nunca imagine semejante retroceso» reflexionó. 

Otra sociedad es posible

En un escenario que se aleja del ideal, surgen diferentes organizaciones o actividades para velar por los derechos de las diversidades, con un Estado ausente, las militancias responden.

«Lo peor es quedarse paralizado como colectivo, visibilizar como se pueda todo esto. Así como siento pavor de lo que veo, tengo siempre esperanzas en el corto plazo. La historia no es lineal, la vuelta se va dar y cuando eso suceda tendremos que aprender de los errores o de lo que se hizo mal. En esto, la política es un elemento clave», dijo Alessio.

Para la activista hay que volver a las bases, organizarse, reflexionar junto otros, otras y al interior también. Cuenta que su hijo tiene 19 años y es consciente de todo lo que pasa, por eso, sabe que es necesario volver a dialogar, pensar y actuar.

«La sociedad está compuesta por personas, bueno, hablar y hacerse escuchar al menos en pequeños ámbitos es fundamental. Yo soñé con otra sociedad para mi hijo, y no pienso renunciar a ese sueño, una vez lo conseguimos y volveremos a hacerlo realidad», concluyó Ángela.

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