Desde el Cuarteto Berna hasta la actualidad del Festival Bum Bum, pasando por gobiernos democráticos y de facto; desde que el cuarteto era de «negros» hasta el mainstream arrodillado hacia el tunga tunga; desde lo más profundo de San Vicente hasta Canadá, España y Estados Unidos, no existe un ídolo más cordobés que la Mona.

11 de enero de 2026 y en Córdoba hay una fiesta del pueblo cuartetero porque Juan Carlos Jiménez Rufino cumple 75 años.
¡La suerte que tenemos de haber nacido cerquita de donde la Mona! Para conocer con el cuerpo lo que significa una carrera artística de 59 años y que va a seguir, latiendo siempre en nuestros corazones.
En este día, queremos hablar de Jiménez como Córdoba, porque es la persona que más retrata nuestra identidad, que más felicidad ha llevado al pueblo y que nos sigue haciendo bailar cada vez que lo vemos en un escenario, lo escuchamos en el auto o pasando por cualquier kiosco que tenga prendido un parlante.
Nuestro estilo cordobés
«Pero hay algo que jamás olvidaremos
Y hay un motivo para continuar luchando
Es este pueblo consecuente que ha apoyado
Nuestra carrera desde hace tantos años
Es evidente que hay un pueblo cuartetero
Que sigue fiel a su más puro sentimiento
Igual que un hincha a su cuadro preferido
O el ciudadano a su partido político.»
De Gracias al Pueblo Cuartetero.

Nuestra provincia siempre ha buscado ser distinta, generar su propia cultura e identidad, como cualquier pueblo del mundo. En nuestro caso, el cuarteto es una marca registrada de eso.
Desde los albores de la década del 40′ del siglo pasado, este ritmo cautivó a las masas populares y les dio motivos para matar las tristezas y penas, a puro baile y alegría.
Bailado por las clases bajas y trabajadores, creado por músicos que recordamos con Leonor Marzano marcando el contra punto del ritmo, el cuarteto es la música que hoy seguimos bailando y que siempre será nuestra.
Será porque en Córdoba siempre nos gusta distinguirnos de otros, y exaltar a los nuestros, es que tenemos el placer de tener a un ídolo tan gigante.
Un ídolo del que dicen que nunca pudo romper las barreras de nuestra provincia, y que se dedicó a hacer 4 bailes semanales en Córdoba durante años, pero que ya en el 88′ llenaba un Luna Park y tocaba en Cemento, haciendo que los rockeros pelilargos muevan las caderas.
El mismo que llevo el cuarteto a Estados Unidos (2002), Canadá (2002) y España (2014) entre otros países, contándoles que en Córdoba el que no baila es triste.
Será que Jiménez, con sus 75 años, las pasó a todas y convirtió, luego de muchos años, al cuarteto en un género que se escucha en todo el país: un logro que, pese a que él no sea el artista más escuchado, le pertenece porque sin Jiménez el cuarteto no sería lo que es.
Te recomendamos leer la columna de Matilde Bustos, sobre Jiménez: Con tu modo de amar
Te canta un cordobés
«Esta banda loca, que no tiene horarios
tiene gusto a vino, tiene olor a barrio
a fruto de la vieja, amores de pareja
es un bals que suena para una quincianera.
esto es el cuarteto y no se confundan
es un sentimiento, no es solo una murga
es parte de nuestro folklore nacional
es un pueblo alegre, con ganas de bailar».
De Colonia Barata.

Si le preguntamos a cualquier distraído por Córdoba, seguramente diga: ah si, «culiado, Fernet, la Mona».
No es casual esta asociación directa con un ídolo que sigue vigente. Pese a que otros artistas puede que sean más escuchados, es la Mona la que le canta a su pueblo, que siempre le rindió pleitesía.
Él es el que se viste extravagante con motivo de reunirse con su público, con un traje nuevo cada vez que hace un baile para el deleite de los que lo vamos a ver. Hipnótico y gigante, los colores y la brillantina le adornan la piel.
Jiménez es el que se tira los mejores pasos, cuando quiere que su público se levante, moviendo la melena inconfundible, que está tatuada en miles de murales a lo largo de toda Córdoba.
Porque Jiménez es el que canta sobre el sangrión, y nos grita que quiere cuartetizarnos. Es el que nombra nuestros lugares e inventó señas para nuestros barrios.
Es el que usa nuestras palabras para entender lo que es un baile, una ronda y el que te manda a la puta que los parió si no hacen palmas y agitan o si algún desubicado arma bardo.
Desde el lenguaje de sus canciones se pueden leer raíces, territorio y cultura propia, algo que parece perderse entre tanto cuarteto con dejos de reggaetón y aroma a conejo malo.
Ojo, no es una crítica, el cuarteto siempre ha mutado y se ha reconvertido. El mismo Jiménez fue el que decidió meterle más percusión y tamboras en la década del 80′ y del 90′ , buscando un sonido más afro o latino, de la mano de Bam Bam Miranda.
Es el que permitió que el cuarteto llegue a fusionarse con ritmos que parecían muy alejados. El de Raza Negra, disco conceptual que te lleva a África, o el famoso, Tecnomona. Ni hablar de los cruces y fusiones con el rock, con los rockeros y las guitarras eléctricas.

La diferencia está, en que Jiménez, siempre nos va a contar una historia nuestra o, al menos, cercana y que hable nuestro idioma. La de un muchacho de barrio que se encaravana, la de los que tienen sangre cuartetera, la de una historia fatal, la del Bon Que Bon, y tantas otras que huelen como la peperina, saben como un alfajorcito serrano y se escuchan como la Cañada cuando cae lluvia. Cuando canta Jiménez, se escucha a Córdoba.
Una leyenda en pie
«Habré de volver? nos volveremos a ver?
el día que muera mi universo absoluto volverá a nacer,
seré la unión de los polos opuestos,
seré rebelión y me llamarán cuarteto por supuesto,
no importa donde esté, este negro cuartetero será siempre lo que fue,
a fuerza de voluntad, fuerza de buey…»
De No te preocupes.

Muchas bandas se vuelven a unir, artistas retoman el escenario y Córdoba siempre es elegido como lugar predilecto para esos festines. Recordemos lo que fue la fiesta de más de 3 horas que hizo el Pity hace menos de un mes.
Es que la vida de músicos parece ser así: un día caminás durante años con una banda y luego deciden separar caminos que luego, más tarde o más temprano, se vuelven a juntar.
Ahora bien, ¿te imaginás que durante 59 años puedas escuchar y ver arriba de un escenario al artista que toca tu corazón y te hace bailar y disfrutar?
Jiménez es una leyenda en pie y que cumple con todas esas condiciones, pero para eso, las pasó a todas. Vivió las épocas de los inicios, donde el cuarteto pertenecía a una sola clase social: la clase baja y trabajadora, llena de inmigrantes que bailaban un ritmo que sonaba a tarantela, pero en donde las caderas, eran las que mandaban.
Más tarde le tocó la dictadura, que también pasó y sufrió. Porque a la salida del baile, los milicos hacían operativos, y en más de una ocasión, la Mona salió airoso por poquito.
También pasó la época donde el cuarteto, y específicamente el suyo, era condenado porque se armaba lío en los bailes, dónde era de «negros». Donde el cuarteto estaba manchado por violencia y los diarios disfrutaban de pegarle al artista que iba a cantar en lugar de pedir responsabilidad a la audiencia o las autoridades.
Después vino el boom de llegar a Buenos Aires, entre los 90´ y los 2000´ masificando el género, y haciendo que la tierra sea fértil para que nuevos artistas crezcan, y conformen todo lo que es el cuarteto.
Por último, vino la pandemia, los problemas de salud, pero nada de eso importó para que aún hoy, tengamos a Juan Carlos Jiménez Rufino, con sus 75 años arriba de un escenario.
Con la suerte que hoy, las familias vuelvan a ir a verlo, en mega escenarios, con gente que viene desde lejos a verlo solo a él. El cuarteto ahora es un fenómeno que no conoce clases sociales, y es escuchado por toda la Argentina.
La Mona tiene un festival donde invita a artistas de distintas índoles y le convida su público, un ratito. Sí, los tiempos cambiaron, la periodicidad de las fechas también, pero nuestro ídolo sigue siendo el mismo.
Esa trayectoria también marca lo que es Jiménez. Un ídolo, nuestro ídolo, el mandamás, que con sus 59 años de carrera, ayer dio una fiesta para más de 15.000 personas. Jiménez, una vez más, hizo y va a seguir haciendo que nuestro estilo cordobés, siga intacto. ¡Feliz cumpleaños, monita!

