29 de abril: ¿Qué hay detrás del feliz día?

El 29 de abril se celebra en Argentina el “día del animal”. Las redes sociales se inundan de fotos de perrxs y gatxs, pero vale la pena reflexionar qué hay detrás de esta fecha y cómo nos vinculamos con lxs demás animales. ¿Por qué se festeja este día? ¿Hay realmente motivos para festejar?

Por Natalia Paesky

¿Por qué el 29 de abril?

El 29 de abril se celebra en Argentina el “Día del animal” en homenaje a Ignacio Albarracín, un abogado que luchó por los derechos de lxs animales y que falleció el 29 de abril de 1926.

Albarracín era apodado como “el loco” por llevar adelante acciones poco comunes en su época tales como ponerse frente a carruajes tirados por caballos u organizar campañas contra las corridas de toros, riñas de gallos y tiro a palomas, actividades que en el momento contaban con amplia aceptación social.

Albarracín impulsó, junto a Sarmiento, la Asociación Protectora de Animales y fue promotor de la Ley 2786 de Protección de Animales. 

En el resto del mundo la fecha elegida para celebrar el Día del animal es el 4 de octubre, en honor a San Francisco de Asís, el santo católico que fue declarado por el Papa Juan Pablo II, en 1980, como patrono de lxs animales y de lxs ecologistas.

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¿Qué hay detrás del 29 de abril?

Todos los 29 de abril las redes sociales se inundan de fotos de perrxs y gatxs (y algunas otras especies conocidas como “exóticas”). Es un día en el que también cobran fuerza campañas como “no compres, adoptá” y mensajes bienestaristas respecto a la importancia de que lxs animales vivan “libres de malos tratos y actos de crueldad”.

Lo cierto es que esta “celebración” está atravesada por el especismo,  que nos ha hecho asignarle a lxs demás animales ciertas jerarquías. De esta manera, ubicamos en un nivel superior (siempre debajo de la especie humana, claro) a perrxs y gatxs, tenemos una consideración menor por caballos o delfines y prácticamente nula por otras especies. Desde la lógica de la supremacía humana reducimos a lxs demás animales a meros objetos o productos de consumo a partir de los que buscamos satisfacer necesidades que no tenemos.

En este sentido, si bien perrxs y gatxs en nuestra cultura ocupan un lugar ¿privilegiado?, no están exentos de ser vistos como propiedades: muchas veces son compradxs, elegidxs por sus características físicas e incluidxs en nuestras vidas con un objetivo en particular (obtener a partir de ellxs un determinado status social, beneficios económicos, compañía, seguridad, etcétera). Es decir, seguimos buscando beneficiarnos a partir de nuestro vínculo con ellxs.

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¿Respetamos a todxs por igual?

La pregunta adecuada en realidad es: ¿respetamos a alguien? Sí, lxs demás animales son “alguien” más allá de que a través del lenguaje y otras estrategias lxs consideremos y nos refiramos a ellxs como “algo”. Pero, ¿somos capaces de vincularnos con las demás especies desde un lugar que no sea de superioridad y dominación? ¿Es posible hacer uso de alguien, sin su consentimiento, de manera ética y respetuosa? La respuesta es NO y la realidad es que tampoco necesitamos hacerlo.

En palabras de Alexandra Navarro, el especismo “da lugar a todas aquellas prácticas por medio de las cuales el ser humano puede utilizar o favorecer a determinados animales de acuerdo con lo que considere pertinente (compañía, entretenimiento, alimento, vestido, experimentación, muerte)”. Esto se ve reflejado en nuestro día a día y cambiar esta lógica injusta requiere mucho más que cuestionar nuestro consumo individual: la explotación de los cuerpos (humanos y no humanos) es la base del sistema capitalista.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), cada segundo mueren 2 mil animales, 345 millones al día, sin contar los peces que se cuentan por tonelada: 140 millones de toneladas de peces al año. 

Tenemos que elegir qué lugar ocupar frente al uso y explotación de lxs demás animales, no podemos seguir siendo apáticxs frente a la injusticia.

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