Tras un mes de guerra en el que Irán enfrentó los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel, un alto al fuego entró en vigencia tras la presentación de una contrapropuesta iraní. Pero más allá del tablero geopolítico: ¿qué sociedad sostiene semejante resistencia? Dialogamos con Fernando Duclós (Periodistan), uno de los pocos periodistas argentinos que ha recorrido el país y documentado su vida cotidiana.

El 7 de abril de 2026 será recordado —o al menos debería serlo— como la jornada en que la determinación iraní puso en jaque la hegemonía estratégica de Estados Unidos e Israel.
El pasado lunes, Donald Trump había amenazado con golpear el corazón de la infraestructura persa, estableciendo un ultimátum que la televisión israelí acompañó con una cuenta regresiva que debió ser retirada entre sombras. A escasos minutos del vencimiento, el magnate anunció, en un giro drástico, la suspensión de los ataques.
Lo que el discurso oficial intentó maquillar como un éxito diplomático de Washington es, en esencia, la aceptación de las condiciones impuestas por Teherán, marcando una victoria estratégica para la nación persa.

Uno de los factores determinante de este desenlace probablemente fue la respuesta civil. Una demostración de unidad que regaló al mundo una postal histórica: decenas de miles de ciudadanos formaron escudos humanos rodeando puentes, plantas de energía y bases nucleares.
Esta imagen de un pueblo tomado de la mano en defensa de su propio suelo exhibe la idiosincrasia de una civilización que ofrece una lección de humildad a naciones que, en la escala del tiempo, apenas cuentan con unos minutos de existencia frente a los siglos de historia persa.
Teherán logró frenar la ofensiva e impuso su propuesta de diez puntos sobre la mesa de negociaciones.
El repliegue de Trump evidencia que la resistencia iraní supo leer el tablero global con mayor precisión que sus adversarios. Sin embargo, ninguna victoria es total, mucho menos cuando en el medio está Israel, actor extremista que constantemente tensa cualquier escenario de relativa paz.

Los diez puntos presentados de Irán:
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán emitió un comunicado oficial en el que aceptó la tregua de dos semanas, pero advirtió que no significa la finalización de la guerra.
En el comunicado agregó: «Irán ha logrado una gran victoria al forzar a Estados Unidos a aceptar los principios de nuestro plan de 10 puntos. Estados Unidos ha acordado en principio levantar todas las sanciones primarias y secundarias contra Irán, aceptar nuestro enriquecimiento nuclear y reconocer nuestro control continuo sobre el estrecho de Hormuz». Los diez puntos de la propuesta iraní, son:
- Garantía de que Irán no volverá a ser atacado
- Fin permanente de la guerra, no un alto al fuego temporal
- Cese de los ataques israelíes contra Hezbolá en Líbano
- Levantamiento de todas las sanciones internacionales
- Apertura del estrecho de Hormuz bajo condiciones iraníes
- Establecimiento de un protocolo de tránsito seguro
- Cobro de una tasa por cada buque que transite el estrecho
- Reconstrucción de infraestructuras dañadas
- Cese de todas las hostilidades regionales
- Reconocimiento del derecho de Irán al enriquecimiento nuclear.

Irán, una rica civilización milenaria
Más allá de sus fronteras actuales, Irán es el heredero directo de la civilización persa, una de las más antiguas del mundo con registro continuo.
El Imperio Aqueménida (550–330 a.C.), fundado por Ciro el Grande, se caracterizó por la unificación de pueblos dispares bajo un sistema administrativo innovador: el «Cilindro de Ciro», considerado por la UNESCO como el primer documento conocido de derechos humanos. Allí se proclamaba la libertad religiosa y la abolición de la esclavitud.

Para el deliberado desconocimiento occidental, la Antigua Persia tiende puentes con el presente. Por ejemplo, la literatura persa, con poetas como Hafez (siglo XIV) y Rumi (siglo XIII), sigue siendo leída y recitada en los hogares iraníes como parte de la educación cotidiana.
La arquitectura de ciudades como Isfahán o Shiraz son testimonio de una sofisticación urbana que pocas civilizaciones pueden igualar. Este sustrato cultural ha dotado al pueblo iraní de una continuidad histórica que pocos Estados-nación del mundo pueden reclamar. Algo que parece incomodar a sus enemigos.

Hoy, Irán es un país de aproximadamente 88 millones de habitantes (Banco Mundial, estimación 2024). Su composición étnica es diversa: persas (61%), azeríes (16%), kurdos (10%), luros (6%), árabes (2%), baluchis (2%) y turcomanos (1%).
Esta fragmentación interna, lejos de ser un dato menor, explica parte de las tensiones políticas y también de la resiliencia. ¿El gobierno teocrático ha sabido construir una identidad nacional por encima de las diferencias étnicas? Si bien quizás no tengamos la respuesta inmediata, todo indica que el patriotismo iraní existe y hay unidad pese a las diferencias.
La República Islámica nació en 1979, tras la revolución que derrocó al Sha Mohamed Reza Pahlavi. Este había sido reinstalado en 1953 mediante un golpe de Estado orquestado por la CIA y el MI6 británico contra el democráticamente electo Mohammad Mossadegh, quien había nacionalizado el petróleo iraní.

Ese golpe es una herida abierta en la memoria colectiva del país. Desde 1979, Irán se rige por un sistema híbrido que combina un presidente electo popularmente con un «Líder Supremo«. Actualmente ese rol lo ocupa Mojtaba Jamenei, hijo de Alí Jamenei, quien se mantuvo en dicho cargo desde 1989, hasta ser asesinado por los israelíes y yanquis.
Contrario a ciertos relatos occidentales que presentan a Irán como una teocracia homogéneamente opresiva, las mujeres iraníes votan, son electas al parlamento y constituyen más del 60% de los estudiantes universitarios (UNESCO, 2023).
Las feminidades no corren la misma suerte en naciones vecinas, como por ejemplo en Arabia Saudita, aliado incondicional de Estados Unidos, quien recién concedió el derecho al voto femenino en 2015, y hasta 2018 las mujeres sauditas no pudieron conducir legalmente. Kuwait, otro aliado estratégico, otorgó el sufragio femenino en 2005. Irán lo tenía desde 1963, antes incluso de la revolución. Estos matices rara vez aparecen en los titulares occidentales.
En términos de recursos naturales, Irán posee las segundas reservas mundiales de gas natural (32 billones de metros cúbicos, según BP Statistical Review) y las cuartas de petróleo crudo (158 mil millones de barriles, según OPEC). También es rico en minerales como cobre, zinc y uranio.

La idiosincrasia iraní, ¿única en el mundo?
Fernando Duclos, conocido en redes como «Periodistan», es uno de los pocos periodistas argentinos que ha recorrido Irán en profundidad. Durante tres meses, vivió en Teherán, Isfahán y Shiraz, documentando la vida cotidiana lejos de los corresponsales de guerra. Hoy, con el conflicto en curso, sigue en contacto con amigos iraníes.
«Lo digo con muchísima angustia —señala Duclos—. Tengo mucha gente conocida. El otro día uno subió un video de una bomba explotando a nada de su casa. Es una persona que está muy lejos de bancar a los ayatolás, tenía un cuadro de el Sha en su casa. Pero me dice que todas las noches se van a dormir temiendo por sus vidas. Allí conozco a mucha gente, algunos a favor del gobierno, otros en contra. Pero nadie está a favor de que le bombardeen el país matando gente».

Cuando se le pregunta qué le sorprendió de Teherán en comparación con los prejuicios occidentales, Duclos responde:
«Me encontré con la gente más cálida del planeta. No lo digo yo, lo dicen todas las guías de viajes: ‘bienvenidos a la nación más hospitalaria del mundo’. La gente no paraba de ayudarme, desde indicarme una calle hasta darme caramelos mientras caminaba y decirme ‘welcome to Iran’. Estuve noventa días, debo haber pagado hospedaje cinco o seis veces, porque la gente se peleaba por invitarme a su casa».

Sobre la supuesta rigidez social, Duclos aporta un dato que contradice el imaginario occidental:
«Es una sociedad abierta. La más abierta de los países musulmanes, incluso más que Turquía. La gran mayoría de mujeres estudian en la universidad en Teherán. Es muy diferente a lo que se vive en Arabia Saudita o Emiratos Árabes, donde hay muchas menos libertades. Encontré una sociedad civil rebosante. Tiene lógica: son seis mil años de Persia, de refinamiento, de poesía. Estamos hablando de la cuna de Rumi, de Ciro el Grande, de Persépolis. Obvio que la sociedad civil es impresionantemente refinada».

Vivir bajo el asedio directo del sionismo internacional
Sobre el impacto del aislamiento económico al que es sometida hace décadas la nación persa, Duclos reconoce las dificultades: «Cuando yo fui, la gente se quejaba por el gobierno religioso, la economía o la ropa. Las cosas son más caras y el sistema bancario internacional no funciona bien. Pero eso pasa con cualquier país sancionado, como Cuba o Venezuela».
Respecto a la preparación de la población civil para la guerra, Duclos matiza: «Vivís en Irán. Es el corazón del planeta desde hace seis mil años. Tenés muchísimo petróleo, todas las rutas pasan por ahí. Con un gobierno enemigo declarado de Estados Unidos e Israel, al lado de Irak, de Siria, del Kurdistán, del Cáucaso. Te tocó nacer en un lugar muy complejo. No sé si la gente común está preparada. Pero desde lo gubernamental, evidentemente sí; sino no podría haber resistido ya casi un mes de bombardeos de dos potencias nucleares».
Finalmente, Duclos encuentra un punto de contacto inesperado entre argentinos e iraníes: «En ambas sociedades se valora muchísimo el contacto humano, la reunión, el estar juntos. Yo en Irán me sentí como en casa. Me pasó al menos veinte veces terminar en una casa de familia comiendo con veinte personas: el vecino, la mamá, el papá, los hijos, el tío, la sobrina, todos preguntándome cosas y sacándome a pasear. Irán tiene pasión por el encuentro y por el té. Recordá que no se toma alcohol legalmente, entonces la gente se junta, sale, se conecta. No es una sociedad individualista para nada. Ese es el punto de contacto: la pasión por el encuentro».
