Una joven cordobesa de 17 años perdió un ojo tras el disparo de un balín de gas pimienta por parte de un efectivo policial. El policía está identificado.

Una adolescente perdió un ojo en otro caso de violencia policial, tras el impacto de un balín de gas pimienta disparado por un efectivo de la Policía durante un operativo represivo en Barrio Zepa, al este de la ciudad de Córdoba.
El policía que efectuó el disparo contra la joven está identificado. La familia de la víctima reclama justicia y pide ser querellante en la causa que es investigada por el fiscal Andrés Godoy.
¿Cómo fue el episodio represivo?
El domingo 8 de junio, alrededor de las 17, una patrulla de la Policía de Córdoba llegó al barrio tras un reporte de que había personas lanzando piedras contra los colectivos. En esas circunstancias detuvieron a dos jóvenes. Según la Policía, en medio de la detención de uno de los jóvenes, su hermana terminó herida.
Los vecinos de Zepa afirman que la Policía efectuó disparos siempre a la cabeza, con lo que la pérdida del ojo de la adolescente damnificada habría sido consecuencia directa del abuso de la fuerza y no accidental.
Durante la represión, varios vecinos filmaron con sus celulares a los efectivos disparando con fusiles lanza balines de gas pimienta y con escopetas que arrojan cartuchos con perdigones anti tumulto.
En declaraciones al diario La Voz, la mamá de la joven adolescente indicó que a su hija le apuntaron a la cara y le dieron en un ojo: «Como si fuera poco, siguieron disparando como si nada. Siempre a la cabeza”.
“Los policías tiraron como si nada. Y se fueron. Yo les pedía que llamen a una ambulancia, pero nadie vino. Por suerte, un vecino nos ayudó y llevamos a mi hija al hospital”, agregó la mujer.
La adolescente víctima de este nuevo caso de violencia policial fue atendida en el Hospital Italiano pero no pudieron salvarle el ojo. Como resultado del operativo, una chica de 17 años ahora sufre una discapacidad visual permanente.
El abogado Carlos Nayi, que representa a la familia, en declaraciones a la prensa indicó que hubo “un ataque brutal y despiadado” contra la joven, que también es madre de una niña de tres años.
“Hay un protocolo que indica que de ninguna manera un arma no letal debe dirigirse en plano horizontal a la cabeza, a órganos vitales. Y eso es lo que ha ocurrido, a la luz de las primeras evidencias”, dijo el abogado.
La violencia policial desatada
En relación a lo anterior, el accionar de las fuerzas recuerda a lo sucedido con Pablo Grillo, el fotoreportero herido por la Gendarmería en la marcha de jubilados en CABA. A él también le dispararon a la cabeza, un cartucho de gas lacrimógeno.
Las fuerzas de seguridad saben las consecuencias de disparar este tipo de armas no letales a la cabeza: las mismas pueden ocasionar graves heridas o incluso la muerte. En el caso de Pablo Grillo, debió estar internado tres meses y continúa en rehabilitación por la fractura de cráneo que le ocasionó el cartucho, y en el caso de la adolescente de Barrio Zepa, la pérdida de su globo ocular, que la dejará afectada visualmente por el resto de su vida.
A estos casos se suma uno fatal y muy reciente en Ciudad Evita: el homicidio de Thiago, niño de 7 años, por parte de un policía federal que abrió fuego contra ladrones en la vía pública y disparó su arma once veces. Mató a uno de los ladrones, hirió a otros dos y una de esas balas impactó en la nuca del niño, que esperaba el colectivo junto a su papá. Luego de atravesar dos días con muerte cerebral, Thiago falleció en el hospital.
Respecto al caso de la adolescente de barrio Zepa, de momento la Justicia dispuso tomar los testimonios de la víctima, familiares, testigos y policías. Además, se recopilan filmaciones y distintas medidas de prueba.
