El pasado miércoles comenzó el juicio por la verdad, en búsqueda de una reparación histórica. “A pesar de que no estén los asesinos, quiero que esto se conozca, que sean declarados crímenes de lesa humanidad”, declaró la hija de uno de los fusilados. La sentencia se dictará el viernes.

Hace 70 años Argentina vivía bajo la «Revolución Libertadora», nombre con el que se bautizó a la dictadura de Lonardi y Aramburu que derrocó al gobierno de Perón. Una de esas noches, más precisamente la del 9 de junio de 1956, la policía bonaerense detuvo a 12 personas reunidas en una casa en las afueras de Buenos Aires en José León Suárez, que se habían juntado a ver una pelea de boxeo.
La policía creía que entre ellos se encontraba el general Raúl Tanco, quien junto al general Juan José Valle intentó un golpe contra la dictadura de Aramburu. A pesar de no hallar a Tanco, la policía trasladó a los 12 hombres a un descampado y cinco de ellos fueron fusilados: Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion y Vicente Rodríguez. Los otros siete sobrevivieron para contarlo: Juan Carlos Livraga, Reinaldo Benavídez, Horacio Di Chiano, Miguel Ángel Giunta, Norberto Gavino, Rogelio Díaz y Julio Troxler.
De aquel horror nació el icónico libro de no ficción «Operación Masacre» del periodista Rodolfo Walsh, desaparecido por la dictadura cívico-militar en 1977.
Siete décadas más tarde comienza el juicio por la verdad, con la esperanza de que los hechos sean reconocidos como el crimen de lesa humanidad que fueron y que el reconocimiento signifique algo de reparación para las víctimas y familiares, en memoria de los asesinados.
Un fusilado que vive
Juan Carlos Livraga fue uno de los sobrevivientes de la masacre y es el único que sigue vivo en la actualidad. El disparo de la policía aquella noche le atravesó la mandíbula pero no consiguió matarlo. Exiliado, tiene 96 años y vive en Estados Unidos.
La grabación del testimonio de Livraga fue lo primero que se escuchó en el juicio por la verdad, definido por el abogado querellante Alberto Palacio como un «día histórico (…) un acto reparatorio fundamental».
El sobreviviente contó cómo esa noche la policía detuvo al grupo y lo trasladó, primero a una comisaría y luego a un descampado. Allí tuvieron lugar los fusilamientos clandestinos. Livraga se tiró al suelo, escuchó los disparos y a alguien que decía «Este respira, disparale». El balazo en la cara no lo mató, pero sí lo hizo desvanecerse. Horas más tarde despertó y fue al hospital, donde recibió atención médica pero terminó preso dos meses.
Eventualmente el gobierno de facto dictó ley marcial para abortar el golpe de Tanco y Valle, pero la Operación Masacre ocurrió poco antes, por lo que los fusilamientos se dieron de forma completamente ilegal, punto clave para la causa. En su momento Livraga llevó el caso a tribunales pero la Justicia militar de la época no le dio respuestas.
Medio año luego después de los hechos, Rodolfo Walsh y Enriqueta Muñiz comenzaron a investigar la matanza y se encontraron con los sobrevivientes pudiendo reconstruir el crimen y contarlo en un libro que pasó a la historia como la primera novela de no ficción periodística, inaugurando el género.
Quien lideró la ejecución del secuestro y la matanza fue el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, que en aquel entonces se desempeñaba como Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires. Murió impune en 2001.
«Mi juventud fusilada»: que se sepa la verdad
Alicia Rodríguez tiene 81 años. Es hija de Vicente Rodríguez, trabajador ferroviario fusilado aquella noche de junio. Alicia contó al medio El País el momento en que su madre supo que su esposo había sido asesinado: «Cuando se enteró, mi mamá se puso a llorar. Gritó, gritó y gritó. Ese momento feo lo tengo grabado para toda la vida. Mi niñez fusilada, mi juventud fusilada; espero que esto termine de una vez».
Para Rodríguez, poder dar su testimonio es sanador y motivo de orgullo, más allá de la larga espera. Otras hijas de víctimas también pudieron dar testimonio en el juicio: Delia Garibotti, hija de Francisco Garibotti, recordó el momento en el que vio a su padre muerto en el cajón, el disparo en su corazón. Berta Carranza, la hija de Nicolás Carranza, no recuerda a su padre porque lo mataron cuando ella tenía solo dos años. Pero sí recuerda las penurias y el dolor de su familia en los años subsiguientes, y ella, al igual que todos, pide que la verdad se conozca, que se haga justicia.
Juicio por la verdad y la memoria, contra la impunidad y el olvido
A 70 años de la Operación Masacre todos los responsables ya murieron. Es por ello que el objetivo de este juicio, a cargo de la jueza Alicia Vence del Juzgado Federal N° 2 de San Martín, no se trata de condenar a los perpetradores sino de reconstruir los crímenes cometidos y llamarlos por lo que fueron: crímenes de lesa humanidad, obteniendo reparación histórica para las familias y el único sobreviviente que aún vive, Juan Carlos Livraga.
“Existen hechos cuyo juzgamiento conserva relevancia jurídica e institucional, aun cuando ya no resulte posible una respuesta penal”, señaló la jueza Vence. “El examen judicial de determinados hechos es importante para la sociedad toda. Es así que nos convoca hoy el examen de hechos ocurridos entre la noche del 9 y la madrugada del 10 de junio de 1956”, subrayó. La sentencia se dictará este viernes, después de tres días de audiencias.
Los juicios por la verdad son procesos de reparación histórica que reconocen e inscriben oficialmente responsabilidades en crímenes atroces. El juicio por la Operación Masacre recobró fuerza tras el juicio en 2022 por la Masacre de Napalpí, ocurrida en 1924, en la que el Estado argentino asesinó alrededor de 500 personas qom y mocoví en la provincia del Chaco. Rosa Grilo, ultima sobreviviente, pudo testificar en ese proceso.
