Los argentinos que luchan por sus derechos laborales en el exterior

Bien lejos de los titulares de los diarios argentinos que militan “el exterior” como paraíso de la realización individual, los trabajadores de una empresa de delivery en Copenhague, Dinamarca, se organizaron colectivamente para protestar por sus condiciones de trabajo. Y entre los protagonistas de esa movilización, hay varios migrantes argentinos.

Foto: gentileza de Jonathan Schanz.

Por Facundo Iglesia

Copenhague, Dinamarca, 26 de febrero. El gris de la plaza de Kongens Nytorv se corta con banderas rojas y un puñado de personas vestidas de celeste. “¿Qué queremos?”, pregunta en inglés uno de ellos, alto, rubio, megáfono en mano. “¡No más recortes!”, responde la multitud, acompañada por el ruido de una solitaria cacerola. Son los trabajadores de Wolt, una empresa de delivery, que protestan por un cambio en el modelo de negocios de la compañía que, entre otras cosas, eliminó unilateralmente el bono que los repartidores percibían por hacer entregas los fines de semana.

Entre los acentos de los gritos de los trabajadores (la mayoría migrantes), sobresale uno en particular: el argentino. “Más que nada los que organizábamos la huelga éramos argentinos”, confía a El Resaltador Jonathan Schanz (34), que en 2018 empezó a pedalear para Wolt. “Decíamos en chiste que íbamos a agarrar a los que siguieran trabajando y a tirarlos de la bici, a no dejarlos a entrar al restaurant y esas cosas…”, recuerda, entre risas. “Obviamente era joda, no lo íbamos a hacer”.

Schanz estuvo encargado durante siete años de la contabilidad en la casa central de un banco en la ciudad de Buenos Aires. Pero se cansó y viajó a Dinamarca con una Working Holiday. Dos años después, aún en las calles de Copenhague, reparte comida en el scooter que se compró después de completar muchísimos kilómetros en bicicleta. Pero cuando Wolt decidió recortar el monto que reciben los repartidores, amenazando sus ingresos y los de sus compañeros, decidió colaborar en la organización de una protesta que sufrió ataques no tan sutiles de la prensa y de la empresa.

Foto: gentileza de Jonathan Schanz.

– ¿Cómo se trabaja en Wolt y cuáles fueron los cambios que motivaron la protesta?
– Todas las semanas, la empresa libera shifts, o sea turnos de trabajo, que se van rapidísimo y que tenés que ser muy rápido para agarrar. Si vos tenés estos shifts, ellos te garantizan que te van a pagar 120 coronas la hora (N.d.R: unos 19 dólares o 1700 pesos a cambio oficial, que en Dinamarca te compran un corte de pelo para hombre muy barato o un buen combo en una conocida hamburguesería) o, si es más, el valor de los deliveries que hagas. Antes ellos pagaban mínimo 45 coronas por delivery y ahora lo redujeron a 35. Además, sacaron una promoción que al cliente le cobran 19 coronas los deliveries de menos de 500 metros. Lo que dicen ellos es que, al bajar lo que le cobran al cliente, van a haber más entregas y más trabajo.

– ¿Y funciona?
– En una charla dijeron que el 30% de los trabajadores iba a ser afectado. Y para mí, el 30% de los trabajadores es un montón de gente. No es poco: es bastante. Además, dicen que en las comparaciones entre el nuevo y el viejo modelo de pago, se ganaba en promedio como un 4,4% más. O sea, nada. Y estás perjudicando al 30% restante.

– ¿Hicieron algún otro cambio?
– Sí: los fines de semana además del pago, estaba el bonus. Vos recibías cada 10 deliveries, a partir de los 20, cierta cantidad de dinero hasta 1200 coronas. Ahora, lo quitaron y pusieron otro bono que, de las 17 a las 20 horas, pagan 15 coronas más cada delivery… Entonces, ahí, haciendo los cálculos, ahora es imposible llegar a esas 1200 coronas que uno podía hacer el fin de semana. Que vuelva el bono de fin de semana es nuestro principal reclamo.

Los trabajadores de Wolt no están contratados por la empresa sino que son freelance, de forma similar a como sucede con compañías de delivery parecidas en otras partes del mundo. Sin embargo, no hay consenso entre los repartidores sobre si esto debe cambiar: para Schanz, estar contratados le quitaría “libertades”. Sin embargo, afirma que la empresa debería pagar un seguro contra accidentes: “Algunos tuvieron accidentes y se quedan sin trabajar por semanas”. Las calles cubiertas de hielo de los inviernos daneses, para los que reparten en bicicleta, acrecientan ese peligro.


-¿Cuál es más o menos el perfil que ves de los trabajadores de Wolt?
– Migrantes, hay bastantes. Muchísimos. Pero ahora, este último tiempito, empezó a haber muchos daneses jóvenes, más que nada por el tema de la pandemia, porque están las cosas cerradas y porque no hay mucho trabajo. Eso no se veía antes.

-Contame cómo organizaron la huelga y la concentración.

-Entre nosotros… por grupos de Whatsapp y de Facebook. Hace un año y medio creamos un grupo que es de los trabajadores, digamos, porque está el grupo de Wolt oficial, pero está medio capado, porque uno no puede decir ciertas cosas. Con el tema de esta reducción había muchos que escribían y no aparecía el comentario. También nos ayudó con panfletos, carteles y la obtención de los permisos un sindicato, el 3F, aunque no estemos adheridos.

Días antes de la concentración, desde las redes sociales de Wolt comenzaron a disparar acusaciones contra los manifestantes: tacharon a la protesta, antes de que sucediera, de ser “pequeña” y “política” y de estar “basada en malentendidos”. Además, aseguraron que varios de los futuros manifestantes no sería trabajadores de Wolt y que esto los hacía sentir “inseguros de cómo podía evolucionar la protesta”. La idea era disuadir a los trabajadores de participar. “Podemos asegurarles que la protesta será pacífica”, respondió uno de los trabajadores en el grupo de Facebook. “Estamos un poco intrigados sobre qué los llevó a pensar que los no-repartidores que pasarán su tarde del viernes luchando junto a nosotros para mejorar las condiciones de los repartidores represente una amenaza para esos mismos trabajadores”. Y terminó: “Nada que temer, Wolt”.

-¿Cuando trabajabas en Argentina, tenías participación sindical?
-Pertenecíamos al sindicato bancario y sí, participé en alguna que otra marcha cuando se pedían aumentos salariales, con La Bancaria. Pero más allá de eso, no. Mucho no me gusta el tema de los sindicatos, la política y esas cosas… Pero bueno, ahora estamos luchando por nuestros derechos.
-¿Y por qué creés que tantos argentinos participaron y organizaron esta protesta?

-Porque somos una gran cantidad de argentinos trabajando para Wolt. Y nos apoyamos entre nosotros. Es como la gente acá es un poco fría. En cambio nosotros, cuando nos vemos en la calle, nos saludamos y ahí te das cuenta quién es latino y quién no porque muchos ni te saludan, y se trata simplemente una levantada de mano o de cabeza, o un guiño de ojo. O, por ahí, nosotros charlamos en un restaurant… Cosa que entre daneses, la verdad que no ocurre. Es como que están cada uno en la suya, no miran a nadie, no te saludan. Quizá, nosotros somos más unidos y pensamos muy parecido porque estamos en la misma.

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