Durante los meses de confinamiento se redujo la contaminación del aire

Así lo señalaron investigadores de CONICET, quienes plantearon la recuperación económica post pandemia debe ser amigable con el ambiente.

Foto: FRANK MCKENNA-UNSPLASH

Durante los meses de confinamiento – en el marco de la emergencia sanitaria mundial-, en lo que respecta al hábitat aéreo, se redujo la fragmentación y la polución (química, lumínica y sonora) aérea. 

¿Qué es la fragmentación del aire? Es la creación de barreras artificiales permanentes (como edificios o parque eólicos) o temporales (por ejemplo, aviones o drones) que dividen funcionalmente el hábitat aéreo e impiden el movimiento de especies silvestres.

La investigación, publicada en la revista Trends in Ecology & Evolution reafirma -a partir de la revisión de trabajos académicos e informes recientes- que la “antropausa” (la drástica reducción de la actividad humana provocada por la pandemia de COVID-19) generó estos efectos positivos sobre el hábitat aéreo en un corto plazo.

Los científicos, además, advierten que si para conseguir una recuperación económica rápida se aplican medidas de crecimiento similares a las previas a la pandemia, estas consecuencias benéficas pueden ser borradas a la brevedad.

Como alternativa a ese posible futuro, el articulo postula que las agendas económicas y ambientales posteriores al COVID-19 deben ir de la mano, por lo tanto, deben considerarse los cambios observados durante la antropausa.

“La pandemia nos dio la posibilidad de poder aprovechar el experimento de ver qué pasa con el impacto humano en el ambiente si frenamos todos, si no producimos todo lo que estamos acostumbrados a producir, si nos movemos menos en auto, si se reduce el número de vuelos”, dijo Sergio Lambertucci, investigador del CONICET y uno de los autores del trabajo.

Y agregó: “Es imposible pedirle al mundo que se detenga porque queremos ver qué pasa cuando eso ocurre, pero el confinamiento a causa de la COVID-19 nos dio la posibilidad de estudiarlo”

El trabajo evaluó lo que ocurrió en un breve período de tiempo, unas diez semanas, en las que casi todo el mundo entró en confinamiento. En proceso, encontraron distintas evidencias que muestran cómo esta pausa tuvo un impacto positivo sobre la especies aéreas (que se vieron mucho menos afectadas, por ejemplo, por colisiones con aviones), y en reducciones de los niveles de contaminación química, lumínica y sonora de ese hábitat.

Dos escenarios hipotéticos alternativos de cara al futuro próximo, relacionados con tres impulsores del impacto humano en el hábitat aéreo, la polución (química, lumínica y sonora), la fragmentación del aire y el cambio climático:

  • Uno que implica un regreso a la vieja normalidad (businees as usual).
  • Un segundo en el que la reconstrucción post COVID-19 vaya de la mano con contemplar el cuidado del ambiente (build back better).

“Mientras en el primer caso se retornaría a una senda de daño hacía el espacio aéreo y a las especies que viven y en él, en el otro habría medidas que permitirían aminorar el impacto antrópico sobre la vida silvestre, sin obstaculizar por ello la necesaria recuperación post-pandemia”, explican desde Noticias Conicet.

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