Una sátira que pretende universalidad, pero que termina atrapada en la arrogancia porteña, clasismos, misóginas y en clichés que poco dicen de los 46 millones que somos.

Por Ana Gorlero
16 relatos que describen al “argentino de bien”, así defino a “Homo Argentum”, la nueva película dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, y protagonizada por Guillermo Francella, que, más allá de la risa, está generando controversias en ámbitos culturales y políticos desde su estreno.
Desde el 14 de agosto, cuando la película convocó 73.886 espectadores, “Homo Argentum” se convirtió en uno de los lanzamientos más exitosos del cine nacional, con más del 50 % del público total en su haber en esos primeros días . El fenómeno de taquilla es claro, pero el debate cultural está en otra dirección.
En casi dos horas, Francella encarnó todos y cada uno de los estereotipos argentinos. Una película filmada por el enemigo. 16 viñetas que simulan el formato del Cine Italiano como dijo él mismo, para hablar de una superioridad moral sobre clásicos tópicos de nuestro país: pobreza, seguridad, Ezeiza como única salida, religión y cadenas nacionales que no dicen nada.
Tal vez no me gusto por la crueldad con la que representa una parte de lo que somos. O capaz porque me dio escalofríos ver como una sala de completos desconocidos se reían de escenas que deberían darnos vergüenza y mucho para pensar. Un cine que le gusta a nuestro presidente, un cine que atrasa.
“Les duele mucho la película porque les presenta un espejo en el cual sale a la luz todo lo que son… casi está de más decir lo que les duele el éxito en una película sin financiamiento del Estado, ya que muestra a muchos del rubro (y aledaños) como fracasados totales y absolutos”, twitteo Javier Milei en la Red Social X.
El Homo Argentum es un “recorte parcial” según explica Duprat a la prensa después de las fuertes críticas que tuvo en redes sociales. Hasta el último minuto uno se queda esperando el plot twist, ese condimento que explique y que nos diga “esto es joda” pero las luces del cine se prenden y caes en la cuenta de que no va a suceder. La gente aplaude y fin de la función. Triste.
Bajo el formato de sátira, habla de la idolatría futbolera, la política contaminada, los quilombos familiares, la religión manipuladora como el ADN argentino y deja atrás nuestros símbolos distintivos. Pero ojo, atención a la escena de la parrilla en un rancho que compensa a todas las del argentino garca, el argento facho, el que se hace el boludo, el que sabe que acá no hay futuro, el que tiene guita, el que se coje a una piba y, claro, el que humilla al pobre.
Tantos años de lucha feminista desplomados con una herramienta cultural como lo es el cine nacional en estas cápsulas de comportamiento social nacional que lejos está de definirnos. La mujer siempre idiota a merced del varón. Inútil por default, mentirosa, extorsionista, puta y ventajera. Así nos entienden “los argentinos de bien”. Ellos, al contrario, exitosos, inteligentes, gentiles y caballeros, con la mala suerte de cruzarse con “una loca”. Bien Francella, volviste a Casados con Hijos!
Dos relatos donde el foco está puesto en la idiotez y demonización femenina. En uno, la mujer estúpida, embobada por un tipo, prácticamente fuera de sus cabales. Aparece el hombre. Bueno, la ayuda, la alimenta, la lleva, la busca, la escucha y no pierde la oportunidad de cojer antes de devolverla a su casa. El otro, mucho peor, un varón exitoso casi millonario, que esquiva entrar a un ascensor por el miedo a que ella invente una escena de violación y lo extorcione hasta sacarle todo. Vergüenza. y más aún escuchar las risas de la gente en la sala. De toda “gente de bien” pero que se olvidan de pedirte permiso para llegar a su asiento.
“Individualmente el argentino le pasa el trapo a cualquiera”, así comienza. Tal vez ese es el problema. La arrogancia con la que arranca a definirnos. Como lo hace el Javo, que cerró en twitter diciendo: “PD: no se enojen con la realidad y los datos, traten de salir de la miserable vida que viven con altura”.
Un filme que representa al varón clase media alta porteña y se olvida de las 23 provincias que restan. Una supuesta radiografía nacional que lejos está de representar a casi 46 millones de habitantes.
