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¿Cuál es el límite de un país democrático?: reflexiones sobre el “brazo armado del Gobierno libertario”

Publicado por:Emilia Urouro

El fin de semana, en la Sociedad Italiana de San Miguel, un grupo de varones libertarios presentaron una nueva organización política: “Las fuerzas del cielo”. Con épica fascista, brindaron un show deplorable para una Argentina democrática.

La presentación privada de la nueva agrupación, que busca hacerse un lugar en las listas del 2025 de La Libertad Avanza, dejó a la vista que las narrativas que antes veíamos en redes sociales, quieren ocupar un lugar en el Congreso.

Un rejunte de referentes libertarios del mundo virtual dio a conocer la nueva fuerza mediante provocaciones y un acto atravesado por una estética similar al Partido Nacional Fascista de los 30′.

Del escenario colgaban banderas típicas del fascismo: se leían las palabras «propiedad», «libertad», «vida», «Dios», «patria» y «familia». 

Agustín Romo, Agustín Laje y el Gordo Dan fueron algunas de las figuras que hablaron frente a un centenar de jóvenes varones.

Este último dejó las declaraciones que rompen consensos democráticos, algo que a nadie le sorprende, porque es lo que buscan. 

 «La agrupación Fuerzas del Cielo que se está formando hoy aquí es el brazo armado de La Libertad Avanza, es la guardia pretoriana del presidente Javier Milei», dijo el líder del escuadrón digital de Santiago Caputo.

Agustin Romo, referente libertario.

Ahora bien, la Guardia Pretoriana ​era el cuerpo militar que tenía como tarea escoltar y proteger a los emperadores romanos. Así es, su arenga dio a entender que un presidente elegido es igual a un emperador, y que estos jóvenes son sus soldados… ¿No suena un poco a fuerzas paramilitares?

Vida, Dios, Familia: posicionarse desde el amor para justificar su odio

Estos referentes libertarios tienen un discurso de unidad muy marcada, unidad entre “la gente bien”, recuperar  “valores pérdidos”, todo desde un supuesto “amor por la nación y el orden”.

En este contexto, me pareció clave traer a Sara Ahmed, escritora inglesa reconocida por su obra La política cultural de las emociones. En este libro, explora “el papel del odio en la conformación de los cuerpos y los mundos, a través de la manera en que el odio genera su objeto como una defensa contra la lesión”.

La autora encuentra estos usos defensivos del odio en el discurso fascista. Y nos sirve para analizar el reciente acto libertario.

Ahmed sostiene que para los grupos de odio, definirse como organizaciones de “amor” es algo normal, es decir, “hacemos y decimos esto porque amamos, no porque odiemos”, como forma de persuasión y justificación.

El Gordo Dan fue premiado por el Martín Fierro digital, lo que abrió debate sobre los discursos y contenidos que están siendo legitimados.

En su discurso, el Gordo Dan aseguró que una parte importante de su misión es mantener «bien alejados a los zurdos degenerados de nuestras familias y nuestros hijos». Acá lo vemos, el otro es objeto de nuestro odio, viene por nuestros valores, por nuestra familia, por nuestra propiedad privada… y este odio se disfraza de amor.

Ahmed explica que la emoción del odio funciona para animar al sujeto ordinario, para dar vida a esa fantasía, precisamente mediante la constitución de lo ordinario como algo en crisis, y a la persona ordinaria como la víctima real.

«Con las redes no alcanza, hay que ocupar todos los espacios, hay que meterse en la política, tenemos que construir nuestros propios candidatos para llenar las listas, construir nuestros propios dirigentes, nuestros defensores en la gestión como en la batalla cultural», enfatizó el twittero en su discurso.

Los fanáticos de Milei quieren marcar fronteras dentro del país, dentro una ciudad, dentro de un mismo barrio. Quieren que los “suyos” estén en el congreso para detener a los “otros” que son vistos como detestables, que amenazan la existencia de la “gente de bien”.

Al ver al otro «ser» detestable, el sujeto se llena de odio, lo que se vuelve un signo de la «verdad» de la lectura

Sarah Ahmed

En una democracia bastardeada, donde discursos y estéticas fascistas cobran mayor importancia, es fundamental poner un límite, buscar consenso entre la sociedad que no ha sido cooptada por el fanatismo libertario, todavía somos más quienes creemos en una convivencia pacífica.

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