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Cada vez menos jóvenes argentinos quieren tener hijos

Publicado por:Anouk Rubini

Según una encuesta de la Universidad Austral, solo el 46% de las y los jóvenes argentinos considera que ser padre o madre es un hito vital importante.

Algo está cambiando en la sociedad argentina: según un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad (ODHV) del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, solo el 46% de las y los argentinos considera que tener hijos es un hito vital importante. Hace diez años, el porcentaje era del 77%.

A ese dato se suma otro igual de relevante, y es que por primera vez la principal razón esgrimida para no tener hijos no es el contexto económico o el desarrollo profesional, sino que la paternidad o maternidad no forman parte del proyecto de vida de las personas jóvenes. En diez años se transformó notablemente el lugar que ocupa la parentalidad en los deseos y planes de la población fértil, así como las formas que adquiere la realización personal y el sentido vital.

Para un número creciente de jóvenes, tener hijos no es condición necesaria para una vida plena

El estudio fue elaborado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad (ODHV) del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral y estuvo a cargo de María Dolores Dimier de Vicente, Lorena Bolzon, María Sol González y Victoria Bein.

El ODVH releva desde el año 2000 la evolución de actitudes y valores respecto a la familia en nuestro país. En 2025, el Observatorio condujo un relevamiento sobre una muestra de 1028 personas adultas a nivel nacional, con el objetivo de indagar sobre los motivos tras la baja de la natalidad, que atraviesa un piso histórico: entre 2014 y 2024 los nacimientos en Argentina pasaron de 777.012 a 413.135, marcando una reducción del 47%.

Según el informe de la ODVH, el cambio de perspectiva respecto a convertirse en padre o madre se nota particularmente en el segmento etario de jóvenes entre 18 a 34 años.

“Solo el 34% de las personas de entre 18 y 34 años considera que tener hijos es muy importante para una vida plena, lo que refleja una redefinición de las prioridades y expectativas de las nuevas generaciones”, señala el trabajo.

Lo que está cambiando es el sentido que socialmente se atribuye a la paternidad o maternidad, que con el correr de los años pasó de ser considerada condición prácticamente necesaria para alcanzar la realización personal a ser leída como una entre otras elecciones,«una opción más que debe competir con otros proyectos personales, profesionales y vitales”, subrayan las especialistas.

En solo una década Argentina perdió casi la mitad de sus nacimientos anuales

Los resultados del estudio del Observatorio arrojaron luz sobre las ideas, sentimientos y proyectos de personas jóvenes argentinas en relación a la parentalidad. Por primera vez, un 57,3% de las personas que no quieren tener hijos esgrimen como razón principal que simplemente maternar o paternar no forma parte de su proyecto de vida. Otros motivos argumentados fueron: no tener una pareja estable (38,2%), preferir viajar o vivir otras experiencias (32,6%), priorizar el desarrollo profesional o los estudios (30,3%) o factores de crisis mundial a nivel ambiental, social, político yo económico (22,5%).

Para el equipo de investigación de la Universidad Austral los datos no significan necesariamente que la institución familiar haya perdido valor; por el contrario, el informe remarca que la familia continúa estando entre las principales fuentes de satisfacción personal para la población argentina.

Pero formas de amor familiar hay muchas, y la paternidad o maternidad es solo una de ellas. En los cambios sociales que estamos atravesando, en amplios sectores de la sociedad argentina la parentalidad pierde peso como mandato para configurarse como una opción vital entre otras.

Poblaciones envejecidas y pocos nacimientos caracterizan el panorama global y local

“En la Argentina la evolución histórica de la estructura por edades muestra con claridad este proceso de envejecimiento. El primer censo nacional, realizado en 1869, registraba una población marcadamente joven: el 40% tenía menos de 15 años y apenas el 2,2% superaba los 65 años”, apunta el informe.

En la actualidad, la base de la pirámide etaria es más pequeña que sus zonas intermedias, no solo por la menor cantidad de nacimientos sino también por la extensión en la esperanza de vida promedio.

Atendiendo a los datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud de la Nación respecto al pronunciado descenso de la natalidad en Argentina, el informe de la Universidad Austral apunta: “Con una tasa de fecundidad de apenas 1,2 hijos por mujer, el país ya se ubica entre los cuatro países de América Latina con niveles de fecundidad ultrabaja (≤ 1,3 hijos por mujer) junto a Chile (0,9), Uruguay (1,2) y Costa Rica (1,3). La caída se aceleró a partir de 2018 y se profundizó fuertemente desde la pandemia (2020). En solo diez años, la Argentina perdió casi la mitad de sus nacimientos anuales”.

El fenómeno de disminución de la natalidad es transversal a todas las jurisdicciones del país, aunque con distinta intensidad. En los últimos 10 años, el descenso más pronunciado en la natalidad se dio en Tierra del Fuego (-59%), Santa Cruz (-56%), Jujuy (-55%), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (-51%) y provincia de Buenos Aires (-50%). Las provincias en donde se registran caídas menos pronunciadas son Chaco y Santiago del Estero (-37%), Corrientes y Misiones (-40%) y Santa Fe (-42%).

La edad promedio de las madres también se modificó en la pasada década. Diez años atrás la franja etaria que registraba mayor cantidad de embarazos se ubicaba entre los 20 a 24 años, seguida por mujeres de 25 a 29 años. En la actualidad, la mayoría de los nacimientos se producen entre madres de 25 a 29 años y en segundo lugar, de 30 a 34 años. Más mujeres deciden ser madres en etapas más avanzadas de sus vidas.

Las herramientas y los tiempos para decidir ser madre cambiaron, pero también cambió el valor que se le da a tener hijos y criar como componentes centrales en una buena calidad de vida familiar.

“Entre 2000 y 2015, la proporción de los participantes en la encuesta que le asigna alta importancia (6-7 en la escala) sobre la calidad de vida familiar se mantuvo relativamente estable, incluso con una recuperación en 2015 respecto de 2005. El quiebre se produce en la última década: entre 2015 y 2025 el indicador cae 31 puntos porcentuales, de 77% a 46%. Resulta así, la variación más pronunciada de toda la serie y la única que rompe con el patrón de estabilidad relativa de los 15 años anteriores. Este descenso en la última encuesta no solo achica la brecha entre “alta importancia” y “media importancia” sino que además coincide con un dato generacional relevante: entre los jóvenes de 18 a 34 años, apenas un tercio (34%) considera prioritario tener hijos, muy por debajo del promedio general mencionado. Esto sugiere que la caída no es un fenómeno transversal parejo, sino que está siendo empujada por las cohortes más jóvenes, lo que anticipa una probable profundización de la tendencia en próximas mediciones si el patrón se sostiene por reemplazo generacional”, concluye el informe.

La evolución demográfica de las poblaciones adquiere mayor riqueza cuando se entiende desde la multicausalidad. Numerosos factores pueden explicar por qué en otros momentos históricos se tenían más hijas e hijos y por qué ahora la natalidad baja a nivel global: crisis socioeconómicas, vidas precarias, percepción de un desastre climático en un futuro cercano, educación sexual, mayor autonomía de las mujeres (sobre sus cuerpos, maternidades, elecciones de pareja y trayectorias profesionales), crisis de masculinidades, paternidades y de la idea de «hombre proveedor», tareas de cuidado desigualmente distribuidas, sobrecarga laboral, mayor individualismo, la lista continúa. La propia pregunta sobre qué se considera una «vida plena» esta atravesada por estos contextos históricos, culturales y políticos.

Informes cómo estos más que brindar respuestas abren preguntas necesarias. Tener hijos o no hacerlo, ¿por qué, para qué, para quiénes?, ¿en qué presentes y hacia qué futuros?, ¿de qué modos las sociedades se transformarán para adaptarse a nuevas longevidades y una mayor cantidad de población envejecida?, ¿qué características tendrán nuestros sistemas económicos, laborales y nuestras redes de cuidado en las próximas décadas?, entre otros interrogantes.

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