Un Mundial organizado por la potencia occidental en declive relativo. A pocos días del comienzo de la Copa, Estados Unidos firmó un memorándum con Irán. Querer someter a una nación milenaria y terminar negociando por la baja no parece victoria. ¿Por qué Estados Unidos pone el foco en el seleccionado iraní? ¿Qué acaban de firmar los dos países en materia política?

Quedará para la historia. ¿Cuántos países del Sur Global pueden inclinar a su favor el resultado de un enfrentamiento militar directo con dos potencias nucleares y, simultáneamente, resistir la presión geopolítica y arbitral en un Mundial de fútbol?
Irán lo podrá contar para la posteridad, pese al resultado de su selección nacional, condicionado desde un vamos.
¿El mundial norteamericano exhibe ante el mundo lo que Estados Unidos y su política exterior para la geopolítica internacional? Arbitrariedades, sanciones, medidas racistas, en fin, injusticias. Una potencia en declive relativo, pero declive al fin.
Como bien dice Bautista Prusso, «negar la política en un partido de Irán es tapar la guerra con los diarios, el sol con las manos y a Dios con un resultado». Quienes lo supieron desde un vamos fue un grupo de hinchas iraníes que con banderas grabó la jornada con la consigna: «Minab 168».
Veamos las arbitrariedades que la FIFA y Estados Unidos impusieron sobre Irán. Las que la élite yanqui sionista y la entidad israelí no pudieron imponerle en las negociaciones postguerra lo hicieron en el fútbol. Eso en el potrero es de mal perdedor.

¿Nuestro amo juega al esclavo?
Antes, una anécdota: en el barrio, allá en San Luis, jugábamos al mundialito un grupo de 6 niños. El dueño de la pelota, solo por ostentar dicho título, disponía de algunas reglas: cuando ganaba, todos seguíamos jugando; cuando perdía, se llevaba la pelota a su casa, pese al reproche de los demás jugadores. El mundialito se terminaba.
Traigo este recuerdo porque por más burdo que suene, tiene su comparación con lo que el prepotente Tío Sam ejerce desde que comenzó a disputar su territorio como sede oficial de este Mundial 2026.
Más equipos, más anuncios, más tiempo para anuncios, «pausas de hidratación». Dinero, poder, marketing. ¿Soft power lava cara?
Ya lo padeció el propio Diego en el 94; lo predijo sorprendentemente Arjona en 1996. Todo el mundo lo sabía, no hay que ser conciente como el loco Bielsa para darse cuenta: los que llamaban al mejor deporte del mundo como «soccer» querían quedarse con el fútbol. Pasaron las décadas y se alcanzó el objetivo, extorsión y FBI mediante. FIFA Gate.
La frutilla del postre llegaría después de Qatar: Messi jugando en la liga más verde del continente y Estados Unidos asegurándose la mayor parte de la competición mundialera en su territorio. ¿O alguien se acordará de Canadá y México?
Quizás lo que nunca calculó la dirigencia estadounidense es que lograrían su principal cometido en la materia en uno de los peores momentos de su estatus internacional. Remedido ante China, infructuoso ante Irán, débil con Rusia y rendido frente a los deseos sionistas encabezados por un inestable Israel. El multipolarismo sigue puntero.

Irán, difícil de roer dentro y fuera de la cancha
Requisas a Senegal, Uzbekistán y Uruguay. Interrogatorio de siete horas a jugadores iraquíes. Deportación de uno de los mejores árbitros de África. Exigencia de cambio de remera a Haití por tener una imagen reivindicativa de su revolución. “No se pueden símbolos políticos”, aseguraron desde la oficina del siempre sonriente Infantino.
La peor parte se la llevó Irán. Con una orden de expulsión inmediata tras la finalización de cada uno de los tres partidos a jugar en EE.UU.; amenazas del propio Trump sobre la seguridad del plantel; Negación masiva de visas a 11 miembros oficiales de la delegación de Irán, incluyendo al propio presidente de la Federación de Fútbol de Irán, personal médico, analistas de video y encargados de prensa, mermando por completo la estructura de apoyo del equipo.
A su vez, el plantel iraní recibió un trato hostil y demoras fronterizas en la previa, teniendo que viajar de ida y vuelta a Tijuana ante cada encuentro. La FIFA pudo haber evitado esto pero el no al anfitrión cuesta caro.
Por si fuera poco, la misma entidad que prohibió la figura independentista haitiana, habilitó el ingreso a la cancha en el primer partido de Irán de la bandera disidente, emblema previo a la Revolución islamita de 1979.
“Ni siquiera nos dieron tiempo para recuperarnos adecuadamente en un hotel antes de subirnos a un avión y volar de regreso a Tijuana. Esto es muy perjudicial para el proceso físico. Es una situación sumamente extraña (…)”, expresó Amir Ghalenoei (Director Técnico).
Para Irán y su seleccionado la guerra se extendió al continente americano. La cancha fue una extensión del conflicto. Guerra logística y psicológica.
“Tuvimos que soportar más de cinco horas atrapados en controles de seguridad fronterizos para un viaje que debió ser directo y corto desde Tijuana”, expresó el capitán iraní Mehdi Taremi. ¿Algún otro plantel puede decir lo mismo? Hasta el momento no hubo muestras de solidaridad de otras selecciones.

El partido geopolítico, el más importante
Esta lectura del Mundial como un apéndice de la guerra híbrida cobra más sentido si analizamos el posible desenlace de la guerra militar real. Estados Unidos e Irán acaban de firmar un memorándum de entendimiento.
Irán logró lo que ni el más optimistas de los analistas geopolíticos internacionales pudo anticipar: que Estados Unidos reconozca su soberanía en el Estrecho de Ormuz; que le permita su pleno control junto a Omán. A cambio, los persas afirman frenar su desarrollo nuclear, no así el misilístico, según detalló el sitio GeográficaHistórica.
Uno de los puntos más interesantes es el anuncio de un fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán y la descongelación de sus activos.
¿Cómo se explica este desenlace? Como señala el analista Guillermo Caviazca, la supervivencia del Estado iraní ante la máxima presión de Washington e Israel «solo resulta explicable a partir de una arquitectura de disuasión asimétrica» cuya lógica, radicalmente distinta a la occidental, representa una «previsión estratégica correcta» que sus rivales no supieron valorar. En la cancha les aplicaron un bloqueo logístico destructivo, pero en el plano geopolítico, esa misma resistencia asimétrica obligó a la Casa Blanca a sentarse a negociar.
Para contener el costo político, el vicepresidente JD Vance aclaró que ni un solo centavo saldrá de las arcas estadounidenses, afirmando que el dinero será financiado por países árabes del Golfo. Tiro en el pie para las monarquías petroleras aliadas a Washington.
No es solo dinero. Es reconocimiento a Irán como jugador insoslayable de Oriente Próximo y del mundo multipolar en teje. Difícil el sueño de Netanyahu por estas horas.
Al final, la historia une los puntos. Las arbitrariedades cometidas contra el seleccionado de fútbol en California fueron más manotazos de ahogados que demostraciones de superioridad. Un imperio cada vez más desnudo e improlijo que, en las mesas donde se define el verdadero poder global, se ve obligado a ceder.
Irán ya ganó el Mundial antes de su comienzo.
Foto de portada: REUTERS/Tyrone Siu.
