Con 12 años de historia y 60 equipos, el Torneo de Básquet Libre crece como espacio deportivo y social. Organización, nivel competitivo y comunidad, las claves de un fenómeno local que no para.

El Torneo de Básquet Libre (TBL) aparece en los medios, es noticia, y mucha gente lo conoce. Pasa que parece que no es solo una competencia amateur. Para quienes lo sostienen y lo juegan, es algo más profundo.
“El TBL es todo, es mi vida, es mi lugar en el mundo”, resume Mariano Vázquez (más conocido como Crudo, Animal, Mudo, Gallo o alguno de sus tantos apodos), uno de sus organizadores, al intentar poner en palabras un sentimiento que atraviesa a cientos de jugadores en Córdoba.
La definición excede lo deportivo: es “la mezcla perfecta entre deporte, ocio y amistad”. Un espacio donde conviven quienes juegan a gran nivel con quienes simplemente buscan competir y divertirse con amigos. “Por ahí está todo mal en el laburo, pero por suerte siempre está todo bien en el TBL”, agrega Mariano.

El TBL nació hace 12 años, en 2014, de la mano de Francisco Toledo y Martín Ataide, cuando se disputaba en las canchas del Santo Tomás. Desde entonces, el crecimiento fue sostenido. Hoy se disputa la edición número 21, con 60 equipos distribuidos en tres categorías (A, B y +35), y con la proyección de sumar una cuarta división en el corto plazo.
Por sus apariciones en los medios por algunas locuras que ya vamos a ir repasando es, al menos, uno de los torneos amateurs más importantes de Córdoba. Los organizadores reconocen que en cantidad de equipos están entre los más convocantes (por detrás de Overtime, en Buenos Aires), pero aseguran que la diferencia no pasa únicamente por los números.
«Nuestra diferencia la hacemos con la competencia, con el nivel deportivo, con la organización que tenemos, un staff increíble de 20 personas que dejan todo en cada jornada» comenta el «Crudo».
En cuanto a lo deportivo, hay grandes jugadores y muchos eligen el TBL mientras juegan en clubes. «No solo eso, en los recesos del básquet profesional varios jugadores de la LNB, Liga Argentina y del Torneo Federal eligen nuestro torneo como pretemporada. Incluso en el Veraniego del TBL, algunos clubes compiten en el Torneo de Verano para no estar frenados durante el receso del Asociativo», apunta el organizador.

Comunidad
El crecimiento del TBL también se explica por su capacidad de innovar. Realizan transmisiones en vivo con sorteos, entrevistas con jugadores del TBL y algunos profesionales como Gastón Whelan (jugador de Instituto), Lucas Arn y Manu Buendía (jugadores de Atenas), entre otros. A eso le suman contenido propio, algo poco habitual en el ámbito amateur. “Muchos piensan que improvisamos, pero tenemos una banda de producción detrás”, cuenta Vázquez.
A lo largo del torneo, esa apuesta se sostiene con desafíos, premios y una fuerte presencia en redes sociales. Sin embargo, marcan un límite claro: “La comunicación es importante, pero nunca salva la gestión. Si el proyecto es malo, no hay comunicación que te salve”.
Uno de los hitos recientes fue la realización de un corto inspirado en la serie Los Simuladores. La idea, que venían madurando hace tiempo desde la organización, se concretó con jugadores del propio torneo como actores y un equipo de producción joven. Fueron 3 días de rodaje de la mano de, Fran Framer, que dirigió e hizo toda la postproducción del corto, con apenas 21 años.
El resultado superó las expectativas: se viralizó, fue compartido por Federico D’Elía y generó repercusión en distintos medios. “Que haya gustado tanto tiene que ver con que todos pusieron lo mejor de cada uno”, destacan.
Pero si hay un rasgo que define al TBL es su comunidad. Lejos de la idea digital del término, aquí se trata de una red tangible que se construye cada fin de semana en las canchas. Jugadores, familias, amistades, sponsors y trabajadores forman parte de un ecosistema que le da identidad al torneo.

“No solo es una comunidad por sus equipos, sino por toda la gente que lo rodea”, explica el «Mudo» Vázquez, y nos enumeró personajes que ya son parte del folclore: Darío, de la cantina; el loco Manu, que labura en el Ceibo; Rubinho que cuida los autos; la Gigi que es la hincha número uno del torneo que no se pierde un partido; y así podría seguir la lista
Los días de partido del TBL son una verdadera fiesta. El nivel competitivo convive con el encuentro social, donde el “tercer tiempo” es quizás lo más importante para comentar una jugada, agitar una gastada, o charlar con un compañero de inferiores de algún club de Córdoba.
De cara al futuro, se vienen nuevos desafíos. Este año, dos equipos viajarán a Uruguay para enfrentar a campeones de la Liga de Basket de Montevideo, en una experiencia internacional que se suma al desafío que se hizo en Buenos Aires contra los campeones del torneo Overtime. Además, hay nuevos proyectos en carpeta que apuntan a seguir elevando la calidad del torneo.
“Tratamos de no quedarnos quietos, metiéndole siempre para adelante, con miedos a veces, pero con ganas”, dicen. Y cierran con una consigna que resume el espíritu que los mueve: aguante el básquet, los amigos y el TBL.

