Tras el bombardeo y el secuestro de Maduro, el chavismo se reagrupa bajo el mando de Delcy Rodríguez para enfrentar la extorsión de Washington. En las calles de Caracas, la resistencia civil desmiente el relato de caos de los medios occidentales mientras la unidad político-militar se mantiene. Dialogamos con Ricardo González, diputado y periodista venezolano.

Apenas han transcurrido cinco días desde un quiebre sin precedentes en nuestra región. Mientras la maquinaria de propaganda de Washington intenta imponer el eufemismo de una «operación quirúrgica», la realidad concreta es tajante:
Es la primera vez que una potencia bombardea una capital sudamericana. El saldo es, hasta hoy, de 80 personas ejecutadas en suelo venezolano.
Si sumamos los más de 105 caídos en los recientes bombardeos en el Mar Caribe, la administración Trump ya contabiliza casi 200 crímenes desde el comienzo de su asedio militar al país sudamericano.
Washington reincide en la violación del derecho internacional y la soberanía bolivariana bajo la anacrónica premisa de que este es «su» hemisferio.
Sin embargo, el territorio también es nuestro. Y aunque -por ejemplo- el actual gobierno argentino opte por una subordinación humillante, existen pueblos y líderes que mantienen viva la dignidad latinoamericana.
Dialogamos con Ricardo González, periodista y diputado de la Asamblea Nacional.

La extorsión a toda una Nación
Tras la extracción forzada del presidente Nicolás Maduro, el mando fue asumido por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, en un proceso de sucesión sin reparos.
Lo que sí tuvo reparos fue el intervencionismo militar de EE.UU. Potencias como Rusia y China rechazaron el accionar de manera inmediata, al tiempo que exigen la libertad del Presidente Maduro y su esposa y «primera combatiente», Cilia Flores.
En un giro que recuerda a las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, el Departamento de Estado desistió de calificar al «Cártel de los Soles» como una organización real. Según reveló The New York Times, la fiscalía redujo las menciones a esta supuesta entidad de 32 a solo dos, exponiendo que el rótulo de «narcoterrorismo» fue solo un invento mediático para justificar su accionar imperialista.

En los últimos días, Trump demanda un «tributo petrolero» de entre 30 y 50 millones de barriles bajo administración directa de EE.UU.
En este sentido, Ricardo González es categórico en su análisis: «Estamos ante un escenario de secuestro y extorsión. Tienen al presidente y las armas apuntadas contra el pueblo para demandar un botín», explica el diputado.
Para el diputado, Washington busca reducir a Venezuela a un estado vasallo donde empresas norteamericanas definan la economía nacional.
«Es el secuestro de un familiar para forzar decisiones políticas bajo amenaza de muerte», advierte.

Una mujer y diplomática de carrera al frente de Venezuela
En este escenario de «conmoción interna», la figura de Delcy Rodríguez emergió como sucesora natural a la conducción institucional bolivariana.
Abogada y diplomática de carrera, es hija del histórico militante izquierdista, Jorge Rodríguez, asesinado bajo tortura por agentes tutelados por la CIA.
Ricardo subraya que el apoyo a su conducción es absoluto y disciplinado: «Delcy es una de las mujeres más inteligentes y formadas de la región. Existe una confianza plena porque ella encarna la continuidad del proyecto».
Frente a los rumores de fractura interna, González aclara que el chavismo ya había planificado estas contingencias. «Nicolás Maduro, como estratega, visualizó estos escenarios de ataque directo», advierte el entrevistado.
«La reestructuración del Partido y del Estado en los últimos años garantizó una generación de relevo. No hay traición; hay unidad de mando y una hoja de ruta definida por la dirección político-militar», afirma.

La calle, territorio de movilización permanente
Contrario a la narrativa de «ciudad fantasma» con la que operan medios como C5N o el Grupo Clarín, las principales ciudades del país se encuentran en permanente movilización; en contra del accionar estadounidense y en exigencia de libertad para Maduro y Flores.
González describe una Caracas donde la cotidianidad le gana terreno al asedio: la gran mayoría de los comercios operan con normalidad tras el impacto del ataque y el suministro eléctrico, blanco de los bombardeos iniciales, ya ha sido restablecido por completo, asegura la fuente.
A su vez, Ricardo sostiene el valor de la movilización:
«Mantener la paz, asegurar la producción y la tranquilidad de nuestros niños son hoy actos de resistencia política. La ocupación permanente del espacio público demuestra que no estamos derrotados como se pretende demostrar».
La gente siente rabia e indignación, pero también posee la madurez de saber que el pánico es la herramienta del enemigo, asegura el periodista. «Estamos dispuestos a mantenernos en la calle hasta que nos devuelvan al presidente».
El día que llegó el mal
La versión del Pentágono intenta vender una incursión tecnológica «limpia», la cual revela el uso experimental de Inteligencia Artificial para saturar y neutralizar las cuestionadas defensas antiaéreas venezolanas.
Ricardo González coincide en que hubo un salto cualitativo: «No falló la voluntad, falló el equilibrio tecnológico ante un ataque masivo. Es un factor similar al que usó Israel en la Guerra de los Seis Días».
A pesar de todo, la tecnología no pudo evitar el combate cuerpo a cuerpo. La Guardia Presidencial resistió, confirmándose la caída en combate de 32 especialistas cubanos y decenas de soldados venezolanos.
El costo humano de esta «operación» ha sido el asesinato de civiles desarmados. Una abuela en La Guaira mientras dormía y una mujer cuyo vehículo fue impactado por una bomba en plena vía pública son las marcas más horrorosas del accionar yanqui.

¿Venezuela se prepara para la claudicación o para la guerra?
Es imposible leer el futuro; la realidad fáctica del presente exige evitar conclusiones apresuradas, más desde la distancia.
Sin embargo, Venezuela atraviesa el momento más crítico de sus últimos 25 años, en una historia de asedio que parece no tener techo.
No es sencillo maniobrar con un arma apuntándote a la sien tras el secuestro de la máxima autoridad nacional; sin embargo, el chavismo demuestra que, aunque golpeado, mantiene la firmeza en sus bases y el pulso frente a Washington. Si la invasión masiva no tuvo lugar, no solo es porque Trump no haya tomado la decisión o la haya evitado, sino porque del otro lado hay una resistencia que, les guste más o menos a otros, está ahí.
El desenlace dependerá de qué está dispuesta a ceder la dirección política y qué líneas rojas serán innegociables para sostener la soberanía. En última instancia, el pueblo movilizado confirma que la identidad venezolana no es fácil de roer ni de intimidar.
¿Bastará la calle y la unidad político-militar para frenar la sed del imperio?¿Estamos ante la etapa previa a una guerra en el Cono Sur?
La historia, una vez más, la escriben y deciden los pueblos.
