Salud mental en pandemia: ¿Nos adaptamos al contexto?

El mundo atraviesa una situación extraordinaria, un virus llegó de golpe y debimos que cambiar nuestra cotidianidad. Como era de esperarse, este evento afectó a la población.

Por Emi Urouro

El Resaltador en Nacional dialogó sobre salud mental y pandemia con la psicóloga Alicia Stolkiner. Hablar de este tema nos parece clave, sobre todo en este contexto extraordinario.

La entrevistada, es especializada en Salud Pública con orientación en Salud Mental y asesora presidencial en el marco de la pandemia.

Resaltó que el mayor impacto a nivel casi global, no solo de la Argentina, sobre la salud mental es la incertidumbre, con respecto a la perspectiva de futuro de gran parte de la población.

A lo anterior, la profesional agregó el impacto económico y social que empobrece a un sector social y lo coloca en situaciones muy precarias.

“No se puede separar salud mental de las condiciones generales en que se desenvuelve la vida”, explicó.

Si bien, hay sectores poblacionales con distintos tipos de problemáticas, considera que hay que pensar muy particularmente lo que está significando en el sector de las infancias y juventudes la suspensión de las instituciones escolares.

Siguiendo el punto anterior, aclaró que no quiere decir que necesariamente tengan que abrir esos centros, sabe que en determinadas condiciones puede ser contraproducente para la contención del virus, pero llama a pensar en ese impacto.

“Nosotros pensamos la salud mental fuertemente ligada a como trascurre la vida cotidiana de las personas, los vínculos, etc. Y esta vida se transformo totalmente en términos de relaciones, de utilización del tiempo, de utilización del espacio, de modalidades de trabajo, de vínculos intrafamiliares, de tareas”, comentó Stolkiner.

Y agregó: “aparecieron algunos elementos significativos que pueden ser una mayor angustia, incertidumbre, problemas de sueño en algunas personas. Distintos signos que fueron apareciendo, y debemos tener en cuenta a las personas que estaban en soledad”.

Foto NA

A la entrevistada no le gusta dar recetas -tipo manual de autoayuda- para situaciones extremas. Sostiene que cada grupo familiar, cada persona, fue encontrando un modo de reorganizar esa cotidianidad.

Lo que si notó, por ejemplo, que quienes son muy meticulosos,obsesivos o temerosos de las infecciones, esto se agudizó. Además, observó que las personas que estaban por fuera de la brecha digital quedaron mucho más aisladas.

“En todos los casos la alteración del contacto de los cuerpos produjo algún nivel de sufrimiento”, explicó la psicóloga.

Quienes no sufrieron son las personas con alguna capacidad de negación, que daban por no existente el problema.

El no estar en contacto con otras y otros ¿ puede perjudicar nuestras habilidades para socializar?

“No, yo no só si se pueden perder las habilidades sociales, lo que pienso es que algún nivel de sufrimiento produce no estar pudiendo mantener los contactos sociales que uno tenia normalmente”, respondió la entrevistada.

En esa línea, explicó que no se refiere únicamente a las relaciones familiares o a las amistades, sino que la vida cotidiana está llena de pequeños contactos sociales amistosos o no, que uno tiene en el trabajo, en el camino al trabajo, cuando se sale a hacer las compras, etc.

“Todo eso quedó prácticamente reducido a la nada y no sé si esto se puede herrumbrar, pero en el caso de los niños creo que es muy fácilmente recuperable, salvo en chicos que ya tuvieran problemas de socialización previa”, señaló.

Fuente: Ospat.com.ar

Por ejemplo, niñas y niños que sufrían bullying o algún tipo de discriminación en la escuela, no ir a clase puede haber significado en su momento un alivio.

Esta situación es diferente para quienes experimentaban la escuela como el lugar para contactarse con pares y adultos no familiares, “de testearse ellos mismo por fuera de casa, empezar ese proceso de un largo adiós, de irse constituyéndose por fuera de los padres”.

En general, respecto a los niños y niñas, la psicóloga piensa que debe ser bastante fácil recuperar esas experiencias, porque tienen mas capacidad de recuperación que los adultos y mas flexibilidad para naturalizar algunas situaciones y adecuarse a otras.

“Para todos nosotros esto ha sido un esfuerzo adaptativo fenomenal y creo que todos estamos cansadísimos, esa sensación de cansancio constante que se tiene yo creo que es parte de ese esfuerzo”, concluyó Alicia Stolkiner.

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