“Pequeña Victoria”: ser mujer y tener éxito en el mundo laboral no es 2+2

“Pequeña Victoria”: ser mujer y tener éxito en el mundo laboral no es 2+2

La nueva novela de Telefe lleva nada más que 11 capítulos al aire, pero en tan poco tiempo ha logrado replantear una infinidad de estereotipos, que muchas veces pasamos por alto.

“Pequeña Victoria” llegó a la televisión argentina como producto disruptivo: el mundo está replanteándose casi todos los roles, y la tira colabora con esto. A lo largo de la trama, en más de una oportunidad, el rol de la mujer exitosa en un mundo laboral lleno de hombres, se convierte en el foco de la discusión.


En este sentido, el personaje de Gerardo Mancuso Puentes -interpretado por Alan Sabbagh– representa el mayor símbolo de retroceso, dentro de una novela que se la pasa deconstruyendo(se). 

Gerardo es tan empleado de la cervecera como Jazmín -Julieta Díaz- pero se posiciona constantemente por encima de ella, por el sólo hecho de ser hombre y ella mujer.

Para él, los dos están compitiendo por un cargo importante dentro de la empresa; para ella, su trayectoria avanza con o sin Gerardo, siendo mujer o no.

A medida que avanzan los capítulos, vamos a ver cómo Gerardo usa todo lo que está su alcance para escalar dentro de la empresa, incluso si eso implica hundir a su compañera Jazmín.

En un mundo de hombres, al personaje de Julieta Díaz no se le permite ser jefa y mamá al mismo tiempo; si ella quiere ser la cabeza de la cervecera Pash, en su rutina no pueden haber problemas personales -al parecer la maternidad encierra uno-. 

Además, durante el desarrollo de la trama, el personaje de Gerardo contrapone su personalidad retrograda a los numerosos intentos de la tira por promover la deconstrucción.

En una novela donde la maternidad se comparte entre cuatro mujeres, que recién se conocen -Julieta Díaz y tres personajes más- cada una cumplirá un rol diferente. Paralelamente, Gerardo vive su rutina familiar: tiene esposa y dos hijos, pero propone a su mujer como la que tiene que abandonar el trabajo y quedarse en casa.

Este personaje teñido de machismos, pensamientos que atrasan y sin predisposición a empatizar, de alguna manera representa esa parte de nuestra sociedad, o incluso una parte de cada uno de nosotros, que aún no ha podido reflexionar y/o deconstruirse del todo frente a un tema u otro.

Como espectadora, puedo decir que lo positivo de encontrarse con un personaje así en estos tiempos, es que seguro lo vas a odiar en algún momento. ¿Qué puede generar esto? Que reflexiones, que asumas no querer ser como él, que te replantees y analices si tus actitudes a veces no son iguales a las de Gerardo.

Por Carmela Laucirica

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