A pesar de que el Gobierno nacional salió a festejar el dato del INDEC, que aseguró que la pobreza es del 38%, las familias argentinas consumen menos y peor.

El consumo en supermercados y almacenes argentinos sigue cayendo, a pesar de la celebración del Gobierno nacional respecto a la cifra de pobreza arrojada por el INDEC: un 38% de la población es pobre.
Cabe destacar que la pobreza bajó solo luego de alcanzar un pico de 52% en el primer semestre de 2024, y fundamentalmente las múltiples críticas en relación a la representatividad del porcentaje, considerando los parámetros de medición y su escasa capacidad de describir la realidad de las familias argentinas actuales.
En este sentido, Vanesa Ruiz, gerente del Centro de Almaceneros de Córdoba, cuestionó el festejo oficial.
Menos y de peor calidad: los datos más alarmantes se relacionan al descenso de consumo de carne, leche y frutas y el aumento de menudencias, azúcares e hidratos simples, y en el peor de los casos, directamente la reducción de ingestas diarias. El 45 % de las familias más humildes recortan al menos una comida diaria para sobrevivir.
“Desde nuestro punto de vista, no hay nada para celebrar. Hoy a muchas familias les cuesta colocar alimentos en la mesa. Y lo que colocan, deja mucho que desear en términos nutricionales», dijo Ruiz al programa radial Punto y Aparte.
Consumo de alimentos: menos, peores y en cuotas.
El panorama no es nuevo, pero cada vez se ve peor. Respecto al deterioro nutricional, un informe del Centro de Almaceneros de Córdoba revela que, en cuanto a calidad alimentaria y hábitos de consumo, hace tres años la tendencia es negativa.
En los últimos tres años, cayó de forma sostenida el consumo de cortes tradicionales de carne vacuna:
- 48 % en asado
- 37 % en molida
- 41 % en puchero
- 45 % en carne para milanesas y cerdo
A la par, creció notablemente el consumo de alternativas más baratas y menos ricas a nivel nutricional: “Creció un 139 % el consumo de menudencias vacunas como hígado y mondongo, y un 369 % el de alitas y menudos de pollo. Hoy se consume cinco veces más menudos de lo que recomienda el INDEC”, afirmó Ruiz.
No solo el consumo en supermercados y almacenes bajó, sino que las compras se componen de alternativas de menor calidad, y cada vez menos personas tienen acceso a calidad y cantidad en sus comidas.
Según datos del Centro relevados en febrero 2025, 88% de las familias cordobesas tuvo que financiar la compra de alimentos en cuotas y el 57% no pudo acceder plenamente a la Canasta Básica Alimentaria.
Consecuencias sanitarias a futuro
Ruiz fue contundente al señalar el retroceso en el consumo de alimentos fundamentales para el desarrollo infantil y la salud general:
- La leche fluida cayó un 21% en 2024, luego de haber bajado ya un 7 % en 2023.
- La leche en polvo, un insumo básico para muchas familias sin refrigeración, cayó 33%.
- El consumo de yogures y quesos bajó entre un 45 a un 50 %.
“Acá estamos muy complicados, porque ya no hablamos sólo de cantidad, sino de calidad nutricional. Y eso tiene consecuencias invisibles que recién se verán a largo plazo”, concluyó Ruiz con preocupación.
El consumo de frutas frescas también sufrió un descenso abrupto, con una mayor incidencia en la dieta de papa y cebolla, hidratos simples y baratos. A la par, subió el consumo de azúcar (+ 23%) y mate cocido (+ 94%).
Qué pasa con las clases medias
Según Ruiz, las clases medias también modificaron sus patrones de consumo en supermercados y almacenes: migran a segundas y terceras marcas, en alimentos, productos de limpieza e higiene personal.
No obstante, en el segmento de la clase alta la transformación ha sido hacia la dirección contraria, aumentando el consumo de proteínas y bajando las harinas.
Esto habla de una profundización de la brecha en la desigual distribución de riqueza, que se traduce a su vez en una mayor polarización en la salud alimentaria.
Por último, Ruiz fue crítica respecto a la inflación, tanto en su medición como en el hecho de que mantenerla baja no estaría traduciéndose en una mejora de indicadores sociales.
Desde el Centro de Almaceneros la inflación medida fue 30,7 % en diciembre de 2023, muy por encima del 25,5 % informado en ese momento por el Indec.
“Fue un fogonazo inflacionario, especialmente en alimentos. Y aunque el dólar bajó, los precios no bajaron. Están atados a valores anteriores”, denunció.