Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) reveló que entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 cerraron 26.448 empresas y se perdieron casi 340 mil puestos de trabajo registrados. Los datos coinciden con niveles de utilización industrial por debajo de los promedios históricos y reflejan las dificultades de la economía real.

La evolución de la economía productiva continúa mostrando señales de deterioro pese a las reiteradas promesas oficiales de recuperación. Los últimos indicadores difundidos por organismos públicos y analizados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) exponen un escenario marcado por el cierre de empresas, la destrucción de empleo formal y una actividad industrial que sigue lejos de recuperar niveles históricos.
De acuerdo con un informe elaborado por el CEPA sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde la asunción del gobierno de Javier Milei hasta marzo de 2026 dejaron de operar 26.448 empresas registradas. El dato equivale al cierre de 31 firmas por día y profundiza una tendencia que ya venía observándose en los informes anteriores.
La caída del entramado empresarial estuvo acompañada por una fuerte reducción del empleo registrado. En el mismo período se perdieron 339.841 puestos de trabajo formales, a un ritmo cercano a 400 empleos diarios. Se trata de trabajadores que dejaron de figurar en los registros de la SRT debido a la interrupción de aportes vinculados a las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART).
Si bien parte de esos trabajadores pudo haberse reinsertado bajo modalidades como el monotributo o el trabajo independiente asociado a plataformas digitales, los datos oficiales no permiten dimensionar el impacto sobre el universo del empleo informal, donde las consecuencias de la recesión suelen manifestarse con mayor intensidad.
Del entusiasmo inicial al deterioro del mercado interno
Según el relevamiento, en noviembre de 2023 existían 512.357 empresas registradas con aportes a la seguridad social. Para marzo de este año, ese número se redujo a 485.909.
El informe destaca que durante los primeros meses de gestión libertaria se registró un leve incremento en la cantidad de firmas activas, impulsado por las expectativas que generó el cambio de gobierno entre sectores empresariales. Sin embargo, esa tendencia se revirtió rápidamente en un contexto caracterizado por la apertura de importaciones, la caída del consumo y el retroceso de la demanda interna.
Los sectores más golpeados fueron aquellos estrechamente vinculados al mercado doméstico. Comercio encabezó la lista con la pérdida de 6.836 empleadores en 28 meses, seguido por transporte y almacenamiento, que registró 6.473 cierres. La industria manufacturera, por su parte, perdió 3.393 empresas, una caída equivalente al 6,8% del total existente al inicio del período analizado.
Construcción e industria lideran la destrucción de empleo
En materia laboral, la construcción aparece como el sector más afectado, con una reducción de 81.425 puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y marzo de 2026.
La industria manufacturera ocupa el segundo lugar, con la pérdida de 79.263 empleos formales.
Otro dato significativo es que, aunque el 99,75% de las empresas que cerraron tenían menos de 500 trabajadores, la mayor parte de la pérdida neta de empleo se concentró en grandes compañías. Según el CEPA, el 67,11% de los puestos destruidos corresponde a firmas con más de 501 empleados.
Industria con máquinas apagadas
La retracción de la actividad también se refleja en los últimos indicadores publicados por el INDEC sobre utilización de la capacidad instalada industrial.
Durante abril de 2026, la industria manufacturera operó al 59,9% de su capacidad. En términos prácticos, significa que cuatro de cada diez máquinas disponibles permanecieron sin utilizar por la insuficiente demanda de producción.
Aunque el indicador mostró una mejora de 1,3 puntos porcentuales respecto de abril de 2025 y una variación positiva de apenas 0,1 puntos frente a marzo, continúa por debajo del promedio de la última década, que alcanza el 61,8%, incluso considerando los años atravesados por las restricciones sanitarias de la pandemia.
Entre los rubros más comprometidos aparece la industria automotriz, que funcionó al 46,5% de su capacidad instalada. Además, el sector mostró una caída respecto de marzo, cuando había alcanzado el 49,6%, interrumpiendo la incipiente recuperación observada tras los mínimos registrados a comienzos de año.
La situación también resulta crítica en la industria textil y en la producción de plástico y caucho, ambos sectores con niveles de utilización cercanos al 42%.
En contraste, las actividades vinculadas a la cadena hidrocarburífera mantienen un desempeño muy superior. La refinación de petróleo operó al 86,8% de su capacidad instalada, consolidándose como uno de los pocos sectores con niveles elevados de actividad.
