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Salarios dinámicos, la propuesta libertaria para que los sueldos sean por «mérito»

Publicado por:Ramiro Quintanilla

La reforma laboral post elecciones ya se viene discutiendo y desde el Gobierno nacional tienen una propuesta que los sindicatos ya rechazan: dejar de lado las negociaciones colectivas, que sean solo una referencia, pero que cada empresa genere acuerdos individuales. Las paritarias generarían «techos» salariales y no pisos como se discuten actualmente.

Bajo el supuesto de que la economía marcha bien y que en el sector privado se pagan sueldos por encima de las paritarias, el gobierno de Milei impulsa una reforma laboral con «salarios dinámicos».

El secretario de Trabajo, Julio Cordero, fue el funcionario encargado de explicar en qué se basaría este nuevo modelo frente a la Cámara de Diputados y en el coloquio IDEA.

En primer lugar, cabe aclarar que seguirían existiendo los acuerdo paritarios nacionales, pero serían solo una referencia, un «techo» dentro de lo que son las condiciones laborales para los trabajadores.

De esta manera, se invertiría el sistema, puesto que actualmente en las paritarias se negocian puntos básicos. Cordero señaló que actualmente, los salarios privados superan los acuerdos paritarios, según lo que vislumbran en el ARCA.  «La diferencia entre los salarios de convenio y los salarios reales es que estos últimos son muy superiores y deben serlo”, dijo.

Por otra parte, indicó que al bajarse la inflación, el mecanismo de los acuerdos paritarios pierde sentido, ya que lo que se buscaba respecto a los salarios era igualar o al menos no perder tanto frente a los procesos inflacionarios nacionales.

«Al modificarse la matriz económica que permite que los argentinos cuenten con una moneda estable, que no tengan el impuesto inflacionario, se ha generado una dinámica distinta en la paritaria. Hoy no se trabaja de la misma manera, que es correr contra la inflación”, apuntó.

En ese sentido, el funcionario explicó que esas actualizaciones ya no son necesarias, por eso plantean un nuevo esquema que le permita «sostenibilidad» a las empresas.

El segundo punto importante es que cada empresa haría su propio convenio con su grupo de trabajadores, y que este convenio sea el que tenga prioridad. Cada empresa podría pactar sumas diferentes, siempre que no superen lo fijado colectivamente.

De esta manera, hay dos convenios: uno por actividad o sector de referencia, que marcaría «techos» paritarios (no puede haber aumentos por arriba de ese monto que se fijaría) y condiciones básicas para los trabajadores; uno por empresa, que debe ir en línea con la realidad de la empresa, por la temporalidad o condiciones puntuales, por ejemplo si son rubros que no mantienen una productividad similar durante los meses del año, o son de sectores más desfavorecidos.

«Incremento salarial dinámico»

«Los empleadores deben pagar más a los trabajadores que se diferencian y se destaquen. Queremos que los salarios generen este diferencial por mérito. Si todo es lo mismo, se apunta hacia abajo».

De esa manera, empezó a explicar Julio Cordero el tema de los salarios dinámicos.

Básicamente, buscan ajustar la remuneración a la productividad, un factor que, a su juicio, debe ser la verdadera métrica del aumento salarial.

«Debemos incorporar elementos objetivos que permitan hacer una diferenciación entra la productividad de cada trabajador», indicó. No brindó precisiones de qué serían estos elementos.

Los gremios en contra

La modificación, la reforma laboral y los salarios dinámicos ya han sido criticados por los gremios. En primer lugar, los trabajadores remarcan que cambiar pisos por techos constituye una pérdida de garantías para los empleados.

Las organizaciones sindicales han expresado reparos por el riesgo de debilitamiento de la protección colectiva y la posible precarización de ciertas condiciones laborales.

Además, señalan que la informalidad, factor creciente en la Argentina, podría aumentar a partir de las pautas que proponen desde el gobierno.

Por su parte, la diputada Vanesa Siley (UxP), del sindicato judicial, cuestionó la efectividad de una reforma «regresiva» para crear puestos de trabajo, al recordar que intentos anteriores resultaron en un crecimiento de la informalidad.

Las conclusiones a las que se arriban, permiten pensar que al hablar de productividad o «mérito», los aumentos quedarían en mano de las empresas. El trabajador no podría acordar tanto, ya que la palabra final la tendría los dueños del emprendimiento.

En Identidad Sindical, apuntan que el esquema desdibuja la relación entre salario y tiempo trabajado. En los hechos, el mérito podría sustituir el pago de horas extras, dejando en manos del empleador la decisión de si un trabajador merece o no cobrar más por su esfuerzo o dedicación.

Esto generaría una flexibilización laboral en donde la noción de productividad reemplaza la de jornada, y el recorte de horas (y salario) se transforma en un ahorro laboral para las empresas.

Otro punto cuestionado es el reemplazo de los convenios por actividad por acuerdos de empresa. Esto podría beneficiar a las grandes compañías o a las que tienen mayor rentabilidad, capaces de otorgar aumentos superiores, mientras que los trabajadores de las pymes y las empresas de regiones postergadas quedarían relegados.

Habría de esta manera, una brecha salarial creciente entre trabajadores del mismo sector, según la capacidad económica de su empleador.

Desde el punto de vista sindical, el modelo fragmenta la negociación colectiva, debilita la posición de los gremios en la defensa de las escalas comunes y rompe el principio de solidaridad laboral que rige desde la instauración de las paritarias nacionales.

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