Alternativas terapéuticas y complementarias: ¿Te curaste el empacho alguna vez?

En tiempos donde se habla de medicina, salud y enfermedad a diario en la calle, en los medios de comunicación, en las juntadas con amigos, en los hogares, hablemos de la diversidad terapéutica…¿existen otras formas de curar más allá de la medicina alopática o “científica”?

Alternativas terapéuticas y complementarias: ¿Te curaste el empacho alguna vez?. Arte Maya Tz’utuhil

Por Agustina Bortolon

Para empezar, es posible decir que en nuestro país, se recurre a 35 tipos de terapias diferentes, y la forma en que éstas se combinan o se prefieren por sobre otras, está determinada por diversidades regionales, niveles socioeconómicos y diferencias culturales.

Por lo general, aquellas personas que cuentan con mayores recursos económicos, son quienes más combinaciones realizan entre la medicina “científica” y otras terapéuticas como uso de plantas medicinales, autotratamiento con fármacos, curanderismo, etc.

Ahora, ¿cuáles son las causas por las que, pese a los avances de la medicina “científica”, las personas prefieran muchas veces recurrir a otros tipos de terapias?

Revisando un poco la historia, podemos decir que desde la década de 1960, por  parte del modelo médico hegemónico, prevalece una perspectiva biologicista, pragmática e individualista; y en el mismo sentido, este tipo de medicina no sólo cumple con sus fines curativos, preventivos o paliativos, sino que además es un dispositivo utilizado para normalizar, controlar, legitimar y estigmatizar. Y, entendiendo que esto es funcional al sistema en el que nos encontramos insertos, su crecimiento y reproducción permanecen intactos.

Sin embargo, durante el siglo XX, sucedieron una serie de cambios en relación al modelo médico hegemónico, que sugirieron algunas modificaciones y críticas orientadas a problematizar el costo de la salud, el difícil acceso a los recursos que garanticen la misma y su mercantilización. A su vez, otros puntos criticados fueron la desigualdad, la burocratización y la irresponsabilidad que en algunos casos conllevan las prácticas médicas.

Más allá de las críticas formuladas y las limitaciones expuestas, en paralelo se desarrollaron (y desarrollan) con una tendencia creciente, una serie de alternativas y propuestas terapéuticas para suplir de alguna forma, las falencias del modelo médico hegemónico o muchas veces incluso para compensar la absoluta falta o ausencia de la medicina alopática en ciertos sectores sociales. 

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Si bien todas estas nuevas tendencias intentaron (aún en la actualidad) modificar sustancialmente este modelo, en un punto no es posible o termina siendo muy complejo, debido justamente a la hegemonía predominante, lo que hace que las terapéuticas complementarias y alternativas acaben subordinadas y redirigidas por la biomedicina.

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De todas maneras, es importante mencionar que debemos ser responsables y cuidadosos al hacer una crítica al modelo médico hegemónico, ya que no podemos no considerar sus aportes valiosísimos a lo largo de la historia, que permitieron acceder a una mayor esperanza de vida, reduciendo la morbilidad y la mortalidad; al tiempo de garantizar la cura o la prevención de muchas enfermedades y padecimientos que antaño eran una sentencia de muerte. 

Ahora bien, si hablamos de lo que distingue a un camino terapéutico por sobre otro, afirmamos que la diferencia más sustancial entre la medicina “científica” y las terapias alternativas o complementarias, es que la primera de ellas, se basa en el conocimiento científico del cuerpo, atacando los síntomas. Y por el contrario, las otras tienen una percepción holística, considerando al paciente en cuerpo, mente y espíritu, utilizando métodos menos invasivos que los convencionales. 

En Argentina, entre las alternativas terapéuticas o complementarias más utilizadas, se encuentran la medicina tradicional (curanderismo y chamanismo), autotratamiento, medicinas religiosas, y alternativas new age como el reiki, el yoga, la acupuntura, la dieta macrobiótica, medicina ayurvédica, aromaterapia o astrología, entre otras.

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Entre algunas posibles respuestas a por qué las personas muchas veces prefieren acudir a estos caminos terapéuticos, se encuentran las creencias, las recomendaciones de boca en boca, el fracaso de tratamientos convencionales, las percepciones de efectividad y seguridad, la congruencia filosófica, el énfasis en un enfoque holístico del cuerpo y de la salud, el contacto con lo natural, un rol activo y protagónico del paciente, una buena relación entre especialista-paciente, el temor a posibles efectos adversos de la medicación convencional, y un acuerdo con los valores y las creencias culturales de esas otras medicinas. 

Al mismo tiempo, un fenómeno bastante frecuente en la actualidad, es que médicos o profesionales de la medicina, en hospitales y ámbitos afines, han empezado a implementar ciertos tratamientos alternativos, en conjunto con las terapias convencionales.

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Este parece ser un camino híbrido y óptimo, que tiende a dar buenos resultados en el abordaje de los procesos de salud/enfermedad/atención, sin caer en absolutismos y fundamentalismos sobre qué es lo mejor o lo peor en términos generales. A su vez, esto permite una menor estigmatización a esas “otras” medicinas, que siempre acaban supeditadas a los márgenes del conocimiento científico, interpretando a las mismas como saberes no acabados y sin evidencia; cuando, por el contrario, se constituyen como verdaderos sistemas con una coherencia lógica y resultados eficaces. 

Si te sentiste interpelado con esta nota, podés ver “El Espanto”, documental estrenado en 2017 y dirigido por Martín Benchimol y Pablo Aparo, disponible en la plataforma cine.ar. Esta pieza documental narra las experiencias e historias de vida de un grupo de habitantes de El Dorado, pueblo bonaerense de 318 habitantes; caracterizado por la amplia oferta de curanderos, dejando en evidencia que la medicina alopática o “científica” no es siquiera una posibilidad.

Dentro de las dolencias y padecimientos que se curan mediante procedimientos ligados a la medicina tradicional (curanderismo), hay uno que nadie se atreve a hacerle frente, denominado popularmente por los habitantes de este pueblo como “el espanto”. Así, los directores de esta obra irrumpen en la aparente simpleza de El Dorado, para mostrar un microcosmos social desconocido y nos aproxima a otros modos de abordar la salud, la enfermedad y la atención, que muchas veces están más cerca de lo que creemos. 

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