A 16 años de Cromañón, cuidemos la memoria

El 30 de diciembre de 2004 marcaría la historia de la música de rock en Argentina; una tragedia atravesó de punta a punta el país y es necesario no olvidar, para que no se repitan hechos similares.

Por Agustina Bortolon y Emi Urouro

Recordar para que no ocurra de nuevo

Durante un recital de la banda Callejeros, un elemento de pirotecnia provocó un incendio en República Cromañón, un boliche ubicado en el Barrio de Once -Ciudad de Buenos Aires-, que era administrado por Omar Chabán.

Ese fuego causo una de las mayores tragedias que vivió el país. La sociedad sintió el impacto del siniestro ya que fue días antes de cerrar el año. El hecho dejó un saldo de 194 víctimas fatales- casi todas las muertes se produjeron por la inhalación de diferentes gases, principalmente monóxido de carbono y ácido cianhídrico-, además, se estima que hubo 1432 heridos.

Vale recordar que, según se hizo pública en la causa judicial, el local se encontraba habilitado para dichos espectáculos con una capacidad de hasta 1031 personas; pero se habían vendido las 3500 entradas.

La Justicia comprobó que la habilitación de Bomberos estaba vencida, República de Cromañón debió haber estado clausurado  y, además, se probó que hubo sobornos a un agente de la Policía Federal.

Después de un largo juicio, Omar Chabán, su socio y el agente de seguridad fueron sentenciados a 10 años de prisión por “incendio doloso calificado y cohecho pasivo”. El administrador del boliche enfermó de cáncer en la cárcel y murió detenido en 2014.

Por su parte, los miembros de Callejeros también fueron juzgados y condenados como corresponsables de la organización del evento, con penas de 5 a 7 años. Ahora, saldadas esas condenas, se encuentran en libertad

Cronología de Cromañón

A las 21:00 se abrió al público el acceso al boliche. El grupo de rock comenzó a tocar a las 22:40. A los minutos comenzó el incendio aproximadamente a las 22:50 – cuando Callejeros tocaba el tema “Distinto”.

¿Qué acción causó las llamas? El fuego fue originado por uno de los asistentes, que encendió una bengala, cuyos proyectiles incandescentes impactaron en una media sombra, es decir, contra una tela de plástico inflamable, que estaba a apoyada sobre guata (material textil) recubierta por planchas de poliuretano.

Al notar el incendio, las y los espectadores del recital se dirigieron en avalancha rumbo a la puerta principal y a una de emergencia, que no estaba habilitada.

Crédito Emanuel Zerbos

Los bomberos llegaron instantes después y abrieron dicha puerta de emergencia, que estaba cerrada con cadenas y candados. Esto permitió que más personas pudieran escapar del fuego. Junto a efectivos, la juventud que había asistido al evento, comenzó la dolorosa y humana tarea de sacar a toda la gente que se pudiera.

Al esfuerzo anterior, debemos sumar que también llegaron policías de todas las comisarías cercanas y decenas de ambulancias del SAME y servicios médicos de emergencia privados, que comenzaron a derivar a las y los heridos a hospitales públicos de la Capital Federal y a centros privados.

A la 00:40 llegó al lugar el ministro del Interior, Aníbal Fernandez.   

El incendio comenzó a circular en los medios. A partir de 01:00 de la mañana, centenares de familiares comenzaron a llegar a los alrededores del establecimiento para obtener información sobre las víctimas.

En la misma franja horaria, llegó la jueza de Instrucción porteña María Angélica Crotto, con autoridades judiciales y policiales. Clausuró el establecimiento y ordenó el vallado perimetral.

Entre la medianoche y las 05:00, se presentaron diversas autoridades nacionales y porteñas. 

Cerca de las 05:00, Crotto realizó una inspección ocular en el interior y obtuvo, en la administración de República de Cromañón, diverso material pirotécnico como evidencia para la investigación.

La sociedad argentina que no se había enterado a la medianoche de la tragedia, amaneció con esa noticia. Las siguientes horas, ya en pleno 31 de diciembre, fueron de tristeza y desolación. De imágenes que zapatillas quemadas, de cuerpos amontonados, de abrazos de consuelo. 

La respuesta del Estado fue la clausura

Ante la tragedia de Cromañón, la respuesta el Estado fue el punitivismo. Se recurrió a la clausura masiva de establecimientos culturales y discotecas, cuando incumplían las reglamentaciones vigentes de seguridad. 

Sobre este punto, trabajó la Revista Rolling Stone en 2019. Recordaron que el 2 de enero de 2005, el entonces jefe de gobierno de CABA, Aníbal Ibarra, firmó un decreto que prohibía por 15 días todo espectáculo musical en vivo en un local bailable y revocaba todas las habilitaciones. 

Crédito: Emanuel Zerbos

Aquella medida fue el preludio de las masivas clausuras que impactarían de lleno en la vida cultural no solo de la ciudad porteña, sino del país. 

Las bandas del rock post crisis 2001, aquellas que reflejaban a la cultura del aguante, y que tenían recitales en sótanos o espacios que no contaban con las normas de seguridad adecuadas, debieron mudarse de escenarios: los eventos al aire libre fueron la respuesta inmediata.

Es importante señalar que cada provincia y cada municipio cuenta con su propia reglamentación para habilitar establecimientos o espacios para eventos culturales. Además, participan en estos protocolos la Policía, Bomberos, inspectores y el sistema de Salud.

Teniendo en cuenta esa información, Rollings Stone resaltó que “en 2015 los actores de la industria musical comenzaron a trabajar en un documento unificador”.

“Los managers de música (ACMMA), los productores teatrales (AADET) y el Instituto Nacional de la Música (INAMU) trabajaron tres años en la redacción de un protocolo nacional que funcione como un marco de referencia para eventos artísticos masivos en lugares no habilitados para ese fin. En noviembre de 2018 el documento logró la adhesión del Consejo Federal de Cultura y la Secretaría de Gobierno de Cultura de la Nación”, puede leerse en el informe del medio especialista en música.

La organización de agentes culturales fue la respuesta a la lógica de cierre que tomaros los diferentes actores estatales. Si bien, todavía falta trabajar para que el protocolo nacional sea efectivo y llegué a todos los espacios donde se desarrollan shows, es un paso clave.

Espacio de memoria, una forma de resignificar el dolor

Los días posteriores al 30 de diciembre, los familiares de las víctimas de Cromañón y también sobrevivientes, improvisadamente fueron convirtiendo lo que fue el lugar de la tragedia en un sitio para la memoria, conocido popularmente como “Santuario de Cromañón”, conformado por ropa, zapatillas, diversas pertenencias y fotos; como una forma de hacerle frente a aquello que no tiene explicación -la muerte-; mediante distintos elementos que le otorgaron un carácter sincrético, con símbolos religiosos como rosarios o estampitas, escudos de fútbol, logos de bandas de rock and roll, imágenes de santos paganos.

Este espacio se configuró entonces como una expresión de la religiosidad popular, exhibiendo la voluntad, disputas y luchas de todas las personas que directa o indirectamente sufrieron la tragedia, un santuario urbano donde las personas se acercan a rezar, a regar las plantas, a sentarse o sencillamente a conocer el lugar y a saber lo que sucedió, es decir, un lugar testigo de múltiples rituales y expresiones que de alguna manera cohesionan un sentimiento colectivo.

Sin embargo, desde el surgimiento de forma espontánea hasta el día de hoy, el santuario se vio institucionalizado y en cierto punto modificado en muchos aspectos; señalando particularmente las tensiones existentes entre los distintos actores respecto a quiénes son los culpables. Esto hace que algunos reivindiquen una parte del santuario, y por otro lado grupos que le otorgan significancia a otras partes del mismo. Esto hace referencia a las múltiples reapropiaciones del espacio y a los significados que se le otorgan, pero que tienen una finalidad en común: recordar y homenajear a las víctimas, exigir justicia y además propugna que nunca más vuelva a ocurrir una tragedia semejante.